Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

lunes, 9 de junio de 2014

Un hombre sólo es fuerte cuando una mujer fuerte está a su lado

La meditación había acabado hacía poco y yo hablaba con él mientras los demás decidían a dónde iríamos a tomar cerveza. La frase que luego salió de su boca me dejaría fría, desconcertada, pero tenía que asumirlo, la culpa había sido mía, por haber abierto un blog de sexo, por contárselo a ese hombre, y por confesarle que uno de los artículos que más me había gustado escribir había sido el del cunnilingus:

─Es cierto, a mi novia le gusta más el sexo oral que la penetración.

No sé qué contesté, no lo recuerdo, como tampoco recuerdo qué dije después de que un publicista me contara que la única forma en la que lograba satisfacer a su ex - amante era usando un anillo vibrador. Supongo que pensé, porque es lo que se me ocurre ahora: “De esto se trata tener un blog sexual.”

Cuando abrí este blog quería asumir plenamente mi papel de varonera, de mujer jedi, quería usar otro medio para ampliar el círculo de hombres con los que hablaba abiertamente de lo que otras mujeres experimentaban y callaban sin embargo nunca me imaginé que investigar acerca de estos temas y, sobre todo, asumir la vida del modo en que lo hago me llevaría a vivir experiencias extrañas y a veces atemorizantes.

No, nunca, esperé que un hombre desconocido me confiara la historia de cómo perdió su virginidad para que la contara aquí, tampoco tenía en mente reunirme con amigos para explorar los límites de mi vulnerabilidad a través de mi imagen corporal, pero todo eso pasó así como la transformación que estoy sufriendo ahora, la misma que me ha hecho pensar tanto en cómo escribir esta entrada.

Círculos de mujeres


“No sé cómo escribes lo que escribes, a veces me pongo colorado sólo de pensar en lo que dices”, me dijo el hombre que me sugirió escribir un artículo acerca de lo que pasa en las pijamadas. Luego cuando supe de los círculos de mujeres que organiza una conocida estuve tentada a contar lo que pasaba en ellos, pero concluí que la intención no sólo era sucia sino que al final el contenido sería parecido al del artículo de las pijamadas.

Las dos veces que fui a estos eventos no pude evitar sentirme ajena, fuera de lugar, quizás porque como ustedes no me gusta abrirme así como así entre personas que acabo de conocer. A mí me cuesta confiar, en especial en otra mujer.

En mi tercer intento simplemente fracasé, ese día aunque hablarían de sueños, uno de mis temas favoritos, terminé caminando junto a un hombre místico y escuchando su historia. Y no me arrepiento ni por un segundo de la decisión que tomé.

Las mujeres que asisten a esas reuniones, conformes con el hecho de que los temas de conversación se decidan con antelación, cómodas entre úteros y técnicas para facilitar el parto no son lo mío. Lo intenté y no me interesa volver. A mí me hacen falta los hombres con todo y sus olvidos, en especial cuando olvidan momentáneamente que soy mujer y me palmean la espalda con fuerza desmedida.

Círculos de hombres


En algún punto un hombre dijo “yo quiero ir a un círculo” y las organizadoras de las reuniones dijeron “bueno, vengan”, sin tener en cuenta que ustedes necesitan condiciones distintas para ventilar sus lados flacos. Sí, ya sé que los hombres en general no se sienten cómodos quejándose ni contando lo que les duele ni lo que les gustaría cambiar, pero también sé que eso no siempre es cierto, que a veces necesitan soltar. A veces ustedes necesitan ser vulnerables, necesitan ser valientes cuando no saben qué esperar, sabiendo que al abrirse alguien los puede lastimar y que eso podría provocarles dolor.

El punto aquí es que ser duros todo el tiempo no es sano, ser inflexibles de modo permanente es antinatural e incluso peligroso.

Y aquí estoy yo, una mujer poco común que a veces ha cumplido improvisadamente las funciones de consejera personal y que quiere hacer más. No vengo a prometer una cura para la depresión ni a asegurarles que si se reúnen conmigo será innecesario ir a terapia, tampoco prometo dar respuestas personalizadas a problemas puntuales, lo que quiero prometer es algo más: crear un espacio físico y virtual para escuchar lo que les molesta, lo que los asusta, lo que les duele y todo lo que no pueden contar, discutir ni mostrar en otros lugares o frente a otras personas.

Pero ¿yo qué gano?, se preguntarán. Creatividad, libertad, tranquilidad, alegría y tal vez algo de claridad.

No sólo ofrezco escucharlos desde el respeto, desde el valor y desde la vulnerabilidad sino que también me comprometo a intentar responder preguntar que no pueden o no quieren hacerle a otra mujer, lo que no puedo prometer es que los resultados les gusten. Cuando uno decide mirar hacia adentro, esculcarse, puede encontrar cualquier cosa, por eso a muchos esta tarea les da miedo y prefieren posponerla indefinidamente.

En resumen aquí estoy, no para ser una pera de boxeo que recibe todos los golpes que no pudieron darles a otros sino para ser una confidente, una par, una mujer jedi a la que se le puede preguntar de un modo directo y sin maquillaje por qué a veces las más machistas son las mujeres o por qué así no queramos tener hijos nos derretimos cuando vemos a un hombre cargando a un bebé.

Estoy dispuesta a abrirme el último jueves de cada mes en El Templo, un salón de té, a las 7 p.m., con o sin compañía, eso depende de ustedes.

Si no están en Bogotá o si todavía no están preparados para exponerse en persona ante otros pueden escribirme a lady_latiaran[arroba]yahoo[punto]com contándome lo que les preocupa, las historias que se guardan lo que quieren saber. Tendré en cuentra sus mensajes al escribir los artículos futuros de este blog.

La primera reunión será el 26 de junio de 2014. La dirección del sitio es Av. Cra. 24 # 37-60.

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