Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

miércoles, 18 de junio de 2014

¿Qué porno vemos?


Verónica: Bueno sí, lo confieso: he visto pornografía.

Natalia: ¡La confesión del año!

Verónica: Si vas a comenzar con el cinismo no seguimos hablando.

Natalia: Pero si no es cinismo, como dijo una vez un amigo “quien niegue que ha visto un terabyte de porno en su vida está mintiendo”.

Verónica: ¿Un terabyte?, ¿eso no es mucho?, ¿cuánto es un terabyte?

Natalia: Mmm, no sé, sí, es como mucho. Seguro estaba exagerando, pero en el fondo tenía razón, todos y todas hemos visto más pornografía de la que nos gustaría reconocer.

Verónica: Puede ser…

Natalia: Míranos a nosotras, nos conocemos ¿hace cuánto?, ¿5, 6 años? Y sólo hasta ahora hablamos del tema.

Verónica: Pero tú pusiste el tema, no yo.

Natalia: Ay, qué importa, a lo que voy es a que hicieron falta años para que nos atreviéramos a tocarlo abiertamente.

Verónica: Sí, aunque ahora es distinto.

Natalia: Que si qué, ya estamos viejas, pasadas de moda. Las muchachitas de hoy en día no sólo se sientan a ver películas con los novios y con los amigos, también se sientan a grabarlas con ellos.

Verónica: Sí, pero a mí sigue sin gustarme todo.

Natalia: ¿Cómo que no te gusta todo?

Verónica: Sí, soy como… como muy exigente, no sé.

Natalia: ¿Exigente?, a ver, explícame que no entiendo.

Verónica: Pues sí, entro a una página, veo lo que hay y pongo un video, si el tipo no me gusta lo paro y busco otro, si la vieja es muy tetona lo mismo…

Natalia: Ah, ya te entendí, pero eso nos pasa a todas, me imagino. A mí me pasa con los muy bruscos, como muy violentos, por ejemplo cuando los tipos se lo meten por la boca hasta el fondo, casi que no las dejan respirar.

Verónica: ¡Ay, sí, eso es horrible!

Natalia: ¿Sabes qué pienso cuando veo eso?

Verónica: ¿Qué?

Natalia: ¿Cómo hace para no vomitar?, porque todo muy bien con darle una buena mamada a un tipo pero ¿hasta allá?, literalmente.

Verónica: ¿Será que alguna se vomita?

Natalia: Pues debe haber pasado alguna vez, ¿no crees?, con los millones de películas que se han hecho.

Verónica: ¡Qué asco!

Natalia: ¿Otra vez te vas a hacer la pura y casta?

Verónica: No, qué asco vomitarse en plena mamada.

Natalia: Ah, bueno, sí, eso sí, debe ser horrible y al tipo incluso debe dolerle si no lo saca rápido.

Verónica: ¿Qué?, ¿cómo es eso?

Natalia: Sí, por lo de los ácidos del estómago, si no se apura para sacarlo se arriesga a salir quemado por andar hundiéndole la cabeza a la vieja.

Verónica: Y si le pasa un poquito se lo merece, ¿no crees?

Natalia: Pues sí, no es que sea de lo más agradable. Si no te cabe hasta el fondo de la garganta, pues no te cabe y punto. Pero ellos insisten y uno haciendo maromas para dejarlos contentos. Ojalá ellos hicieran tanto esfuerzo cuando te están dando sexo oral…

Verónica: Sí, los talentosos para eso son tan escasos. ¿Sabes qué no me gusta tampoco?

Natalia: ¿Qué?

Verónica: Cuando las actrices se meten los dedos con las uñas larguísimas.

Natalia: Ayayay, sí eso es horrible, ¿cómo hacen?

Verónica: O cuando tienen tatuajes, eso tampoco me gusta, porque yo no tengo.

Natalia: Bueno, a mí tampoco me matan pero peor cuando tienen algún defecto en la piel.

Verónica: ¿Sí?, creo que eso no me ha tocado a mí.

Natalia: Sí, a mí lo que más me gusta ver son los caseritos, pero decentes…

Verónica: Sí, sí, sí, esos también me parecen buenos, como más reales.

Natalia: Bueno, el asunto es que una vez estaba viendo uno de esos y prometía, pero toda la ilusión se me bajó cuando el tipo se quitó la camiseta y tenía una mancha oscura en el abdomen. No sé si sería una marca de nacimiento o por una enfermedad de la piel, pero después de ver eso hasta ahí llegué.

Verónica: Eso le pasa a cualquiera, es que ni ahí hay perfección, a veces la vieja es fea o simplemente no le crees a tanta gritadera, porque sabes que eso no es así. De pronto por eso es que yo prefiero los libros.

Natalia: ¿Libros? ¿Qué tienen que ver los libros con todo esto?

Verónica: Libros, literatura erótica, a eso me refiero. Cuando estás leyendo uno te puedes imaginar todo como quieres, los rasgos del tipo, el tamaño perfecto, puedes poner en la escena a tu novio, a tu marido, al carpintero, al que sea.

Natalia: Nunca había pensado en eso, en realidad nunca he leído uno de esos. Voy a tener que hacerlo.

Verónica: Si quieres te recomiendo uno.

Natalia: ¿Y por qué no me prestas uno?

Verónica: Porque corro el riesgo de que te guste hasta el punto de que luego no me lo devuelvas.

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