Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 5 de julio de 2013

Los hombres que no crecen con nosotras



Después de arrastrar una maleta por varios sistemas de metro de Brasil comencé a entender un poquito mejor la escasez a la que nos enfrentamos las mujeres jedi cuando queremos emparejarnos.

Me gustan los hombres al punto que preferiría ser célibe si no existieran, sin embargo ver el ritmo de tortuga al que crecen me hace mantener la castidad más de lo que me gustaría.

Desde que recuerdo he soñado con viajar y desde que he podido lo he hecho, porque a diferencia de esas mujeres que se conforman con un hombre al que le gustan los viajes, pero sólo para decir que le gustan y no para hacerlos, a mí no me basta con fantasear. Yo cuando quiero arrancar junto plata, porque las ganas siempre las tengo, y luego me voy.

Poco a poco entendí que es muy rico viajar en pareja, pero que sobre todo lo que me da placer es viajar en buena compañía, así que si no la encuentro encarnada en otra persona me la hago yo misma y exploro con dudas pero sin miedos los lugares desconocidos. En este proceso he descubierto cómo una mujer aprenderá a leer mapas antes de que un hombre amplíe el menú que sabe cocinar.

Quizás se trate de la necesidad que obliga al florecimiento del ingenio. Tal vez no queda de otra cuando se tiene un muchachito, o más, que mantener, entonces hay que aprender de carpintería, electricidad y arreglos varios para no comprometer el presupuesto familiar, pero yo que no tengo hijos, ni se me antoja tenerlos, lo veo de otro modo.

Las oportunidades, los espacios que antes sólo podían aprovechar los hombres están ahí y el ser mujer ya no es excusa para dejarlos de lado. 

Si no levanto pesas es porque no me gustaría tener músculos inflados y no porque sea imposible encontrar un profesor que me dé enseñe fisicoculturismo. Si todavía no sé escalar es porque no he organizado mi presupuesto para tomar clases y no porque me miren raro cuando me pongo un pantalón. Pero a los hombres ¿qué carajos los detiene? ¿Serán las comodidades del mundo contemporáneo? ¿Será el saber que para tener sexo aceptable no necesitan estar enamorados? o ¿tener la certeza de que para comer rico, mas no casero y con alma, basta con abrir la billetera? 

No estoy muy segura de que estas sean las razones reales de su comportamiento, pero si lo fueran siguen siendo minoría los que buscan alternativas de crecimiento espiritual antes de jubilarse o los que deciden cultivar una sensibilidad especial hacia la naturaleza, que no esté relacionada con su profesión, en caso de que sean médicos veterinarios o ingenieros agronómicos. Y no se trata tampoco de que se multipliquen los profesores de pre-escolar ni de que las escuelas de yoga se llenen de instructores legítimamente heterosexuales, el asunto pasa por otro lugar.

Mientras que las mujeres aprendimos a las buenas o a las malas, y muchas veces porque nos tocó, a hacer informes pyg, comprar madera para hacer muebles y cambiar una llanta pinchada, muchos hombres siguen hablando de lo exigentes que se han vuelto las mujeres, que ya no se conforman con un tipo alto y que gane bien, sino que ahora además quieren estar con uno que tienda bien la cama, lave la ropa sin mancharla y haga mercado sin consultar cada decisión de compra con una mujer.

De las filas de los hombres dormidos cada tanto sale uno que quiere despertarse de un modo integral, uno que se anima a tener una maceta con albahaca en la cocina o que aprende experimentalmente porqué es mejor lavar el trapero después de limpiar el piso, en lugar de hacerlo antes de comenzar la próxima  faena de aseo.

Sé que aún me falta mucho por aprender. Por ejemplo cada vez que tengo que darle la vuelta al colchón, estando sola, valoro de nuevo la fuerza física de los hombres y, sobre todo, su razonamiento espacial, porque en cada ocasión tengo que interpretar la etiqueta que trae las instrucciones, sin embargo cada tanto vuelvo a lo mismo, llego de nuevo a la conclusión de que hay demasiados hombres preocupándose por el lugar que supuestamente las mujeres les hemos quitado, en lugar de ocuparse aprendiendo habilidades uniasex que no sólo los benefician sino que los hacen más atractivos.

Si cada día parece que nos alejamos más los unos de las otras no es porque queremos los mismos trabajos y no nos importa competir por ellos entre nosotros, sino porque esperamos durante demasiado tiempo y ya no tenemos ganas de enlentecer el paso mientras ustedes se deciden a crecer al ritmo que necesitamos, ustedes y nosotras.