Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 31 de mayo de 2013

Shame, adicción sexual sin Photoshop

“La cocaína puede ser usada de modo recreativo” y “la adicción sexual, lejos de ser placentera, es un trastorno muy angustiante” son sólo dos de las afirmaciones que reventaron la nariz de mis prejuicios mientras estudiaba psicología.

Pero una cosa es leer el resumen de un caso clínico, por más detalles que tenga, y otra muy distinta ver este viacrucis retratado con movimiento y deterioro perturbador.



A comienzos de los 2000s aprendí que As good as it gets era el retrato perfecto del trastorno obsesivo-compulsivo –TOC para los que se dicen entendidos—y que justo esa ciencia que estudiaba tiene los días contados gracias a la genética y al estudio del cerebro. Años más tarde, la inclinación, por fortuna incorregible, hacia la literatura me llevó a Shame, otra película que con el tiempo muy seguramente se convertirá en un hito en las clases que pretendan explicar, de modo insulso, la desgracia que es ser psicológicamente adicto a los orgasmos.

Estoy casi segura, pues en esta era de infoxicación constante es peligroso asegurar algo, que fue en la revista Orsai que supe de este título de Steve McQueen, que también dirigió Hunger, otra película cruda, contundente y de fotografía poderosa.

Shame ilustra sin vergüenza, y con detalles tan acertados que duelen, una faceta vital que se sale de control porque hace parte de las necesidades naturales de la humanidad. Una cosa es ser adicto al alcohol, a una droga que no hace falta para sostener la salud, mas otra muy distinta es serlo a una actividad que permite la conexión honda con otra persona y consigo mismo.

Esta película es difícil de ver pero atrapa. Una vez se ha comenzado a caer en su círculo de atracción tiende a ser como el accidente espectacular que reclama el morbo del público.

No espere excitarse viento tetas y culos, mejor prepárese, si decide verla, para poner a prueba su compasión y su felicidad, la auténtica, esa que aprendió no depende de lo material, pues Shame le recordará cuán vulnerables podemos ser cuando nos quitamos los accesorios por placer, por amor, curiosidad o diversión.


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