Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 15 de febrero de 2013

¿Sabían?

¿Sabían que hay mujeres que se sienten como Nelly Nausea cuando un hombre la obliga de golpe y sin aviso a ser una experta en sexo oral? ¿Sabían también que por ahí hay más de uno que gozaría cogiendo a una Tubella?

Esta imagen me la mostró The Chita's Clitoris

viernes, 8 de febrero de 2013

El malditismo de los calzones


En el cajón de ropa interior de una mujer se pueden encontrar varias cosas: mariposas o pingüinos estampados en una tela de algodón, composiciones geométricas que alguna vez fueron planos sobre la mesa de un ingeniero consciente de que la falta de estima personal es un negocio redondo, encajes que parecen haber sido bordados por hadas desnudas y piezas que desafían el razonamiento espacial promedio, pero habrá también, mezclada entre los colores favoritos y los hilos gastados por la cotidianidad, un brasier, unos calzones impecables, quizás con una pieza de plástico de la que colgaba la etiqueta que le daba su cariz de novedad, la que venía con promesas de niveles alucinantes de placer o de uniones de amor místico, eterno, fortalecido después de la revuelta… promesas incumplidas, fantasías rotas que los convirtieron en un fósil flexible que está ahí para recordarle que a veces lo más difícil es deshacerse de los recuerdos que hacen arder la piel.

primer plano de encaje en brasier
katmystiry

viernes, 1 de febrero de 2013

Cómo ser amigo de una mujer sin naufragar en el intento: ¿Amiga y amante?


EvaK
El culo de Andrea era uno de los favoritos del subconsciente de Carlos a la hora de inventar sueños eróticos, sin embargo él lo ignoraba porque rara vez los recordaba. Estando despierto se divertía mucho con ella. Era una de esas rarezas que le hablaba de motores con la pasión de un ingeniero, además se iba cuando, estando en un bar, lo veía con ánimo de cacería.

Una noche, en la que trabajaba como bestia para entregar unos diseños nuevos, se quedó dormido frente a su máquina después de estirarse un poco en la silla. El cansancio profundo hizo que casi inmediatamente comenzara a soñar, cogía a Andrea por detrás y ella pedía más. Estaba a punto de estallar cuando un barco silbó, era un vapor, sentía que ya no podía aguantar más pero el ruido inoportuno de la nave lo distraía, lo enfriaba. Su mente comenzó a conectar los puntos hasta descubrir la situación, se despertó confundido, se pegó en una rodilla y fue a la cocina para apagar el fogón. Preparó una jarra nueva de té y volvió al trabajo.

La inquietud estaba plantada, había sido suficiente con despertar en un momento distinto del ciclo onírico.

Durante algunos días evadió a Andrea, primero quería ir a un sex shop para comprar algún juguetico con el que pudiera hacerle la propuesta de minifalda cortísima sin usar palabras. Prefería los gestos.

El sitio era menos sórdido y más agradable de lo que se había imaginado, incluso había visto a un par de viejas que tranquilamente podría haberse empacado. Echó un ojo hasta que se decidió por una versión sencilla del famoso conejito. Se acercó a la caja para pagar. Adelante suyo estaban dos hombres hablando mientras el empleado regresaba:

─Qué cagada.
─Sí, Marcela era una dura para la fórmula uno.
─¿Era? ¿ya la mató o qué?
─No, o casi, mejor dicho no sé. Por qué diablos uno no podrá tener el pito guardado en vez de estárselo ofreciendo a la mejor amiga.
─No se sabe lo que se tiene…
─Ay, no me joda, por pensar así, como gente de otro siglo es que uno la caga.
─Bueno, sí.
─Sí, se puede ser amigo de una vieja, pero amigo y amante difícil, es mejor escoger para no andar en estos enredos tan jartos.
─Así se pierde menos.
─Exacto.

Carlos dejó al roedor encima de la vitrina, justo cuando el cajero volvía sosteniendo una caja con los colores del arco iris llena de tubos que parecían guardar lubricantes.