Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 25 de enero de 2013

¿Cuáles son tus límites sexuales?

Alguna vez conocí a una rusa con cara de muñeca de porcelana, guerrera, escaladora como gata, flaca, rubia y que olía delicioso. Era la encarnación de mi prueba de heterosexualidad y adivina qué sentí… Nada. Absolutamente nada. Es probable que en el futuro conozca a alguna mujer que me mueva el piso o que al menos me cuestione, mas después de haber conocido a la versión femenina de mi hombre tipo ─que no me como el cuento de los ideales─ lo dudo. No poco.

Tentaciones, dudas, preguntas nacen en todas partes pero dicen que en Sexografías de Gabriela Weiner crecen como pasto en el parque.


Mi primer contacto con el género gonzo, ese que mete al periodista en los calzones de la historia, fue a través de Orsai, la revista.

Le habían encargado algo que visto con mi pudor parecía muy sencillo para alguien que se metió con todo y marido a un bar swinger con tal de escribir una crónica: hacer un seminario para encarar a la muerte.

Esta crónica, la del bar no la de la muerte, es excitante a niveles múltiples y extraños. A diferencia de la autora de Cien cepilladas antes de dormir, Weiner tiene entrenamiento largo y duro con la prosa. Además, como ya di un ejemplo, no escribe sólo de sexo.

Mi recomendación, para crear un buen preámbulo es comenzar leyendo Gurú & familia, que inquieta, abre el apetito y pone la mesa para lo que viene. No todo lo que plantea es pulido y turgente, pero es real, por eso sorprende tanto el final, y la parte penúltima. En fin, no sé si esta historia habrá tenido un “corroborador de hechos”, al mejor estilo de The New Yorker pero si le doy el crédito a Gabriela Weiner, a su estilo ya conocido en círculos literarios y a las fotos publicadas en su blog, pocas dudas me quedan de su veracidad. Por lo tanto si quieres leer un texto con erotismo y calidad Sexografías tiene buena pinta. Aún no lo he leído completo, porque no lo he encontrado para bajarlo, pero si alguien me lo regala en digital o en papel se lo recibo con mucho gusto.

viernes, 18 de enero de 2013

Y nosotros ¿qué venimos siendo?


“El transexual es una persona que siente que nació en el cuerpo equivocado”. Así describía mi profesor de Psicopatología una de las conductas sexuales que nuestra cultura considera desviadas, pero, a la que nació con un poquito menos de cromosoma X ¿cómo le decimos?, ¿menos mujer?, ¿3/4 de mujer?, y al que viene con una X “que no le tocaba”, ¿gay en cuerpo errado? o ¿lesbiana?, a ver, ¿cómo?

No estoy exagerando con las preguntas, simplemente es muy difícil no hacérselas y reprimir la curiosidad, esa que te empuja a buscar en Google cómo se ven los genitales de los hermafroditas, después de ver XXY (2007).



Mi curiosidad venía por otro lado. Encontré la película por mi atracción extraña hacia Piriápolis, una ciudad que me mueve fibras muy sensibles, entonces, con la esperanza de verle las playas y los cielos, esa misma que lleva al adolescente pajero a buscar imágenes fugaces de tetas y culos, me embarqué en una travesía que me cuestionó gracias a Lucía Puenzo, la guionista y directora de esta cinta.

Inés Efrón es la protagonista. Le presta el cuerpo a Álex de 15 años, que luego se involucrará con Álvaro, el hijo de una pareja que visita su familia esperando hablar de cirugías que podrían afectar directamente su futuro.

XXY ganó muchos premios y es comprensible. La fotografía es muy bonita ─acá ni siquiera intento ser objetiva porque amos los paisajes de Piriápolis y sus alrededores─, la música es pertinente, te lleva a la inmersión total en la incomodidad que están sintiendo los personajes. En conjunto la veo como una pieza redonda, robusta y que se las arregla para sacudirte los prejuicios sin caer en la chabacanería.

Ricardo Darín, que a esta altura ha acumulado pruebas en demasía de porqué es patrimonio del cine argentino, le suma naturalidad a la historia, haciéndola más llevadera cuando el guión alcanza puntos emocionales angustiantes.

El resultado que Lucía Puenzo logró me hace odiarla un poco y además querer parecerme a ella. Ha escrito varios libros y guiones para otras películas. Cuando la entrevistan te das cuenta de que piensa a mil por hora, en imágenes, y casi adivinas que se desespera porque su vida no van tan rápido como le gustaría, a pesar de que normalmente está envuelta en varios proyectos grandes a la vez.

Si no ves XXY no pasa nada, pero si la ves te das cuenta de que el cine latinoamericano no es siempre un episodio de telenovela que dura más de hora y media.

Recomiendo ir a este enlace para aclarar algunas dudas acerca del síndrome genético que menciona la película.

viernes, 11 de enero de 2013

Calvos brillantes y orgullosos: Mauricio Duque Arrubla


Los cerebros, en especial los muy usados, hacen parte de mi grupo personal de fetiches. Quizás sea por eso que los calvos interesantes me gustan. El hecho de saber que sus lóbulos deliciosos están más cerca de mí, gracias a la ausencia de pelo, me excita (de la forma clásica y de otras no tanto), por eso decidí entrevistar a quienes lucen orgullosos su cabeza brillante.

Para abrir esta serie invité a Mauricio Duque Arrubla, un calvo que además de ser queridísimo lee muy bien en voz alta. Aquí están las pruebas.


Johanna Pérez Vásquez: ¿A qué edad y cómo aceptaste que eras calvo?

Mauricio Duque Arrubla: A los veintialgo, 23, 24. La hermana de una amiga le habló de mí como su amigo el calvo y ella me contó. Para esa época era sólo un futuro seguro pero no alcanzado.

JPV: ¿A qué calvo admiras o te gustaría parecerte? ¿qué lo hace especial?

MDA: ¿Se vale si digo “A mi papá”? Era un tipo sabio. Un par de veces me han dicho que me parezco a John Malkovich y eso me parece chévere a pesar de su eterno ceño fruncido.

JPV: Dicen que los ciegos aprenden a ver con otros sentidos, ¿tú cómo compensas tu calvicie o mejor, cómo acentúas tu atractivo (en general)?

MDA: Primero aceptando que soy calvo y manteniendo corto el poco pelo que me queda. Imagino que además lo compenso con algo de ingenio y chispa aunque ese es natural, no lo perdí con el pelo ni lo gané con la calvicie.

JPV: ¿Cuál es tu truco para hacer sexy tu calva (en particular)?

MDA: Lucirla y no esconderla, como te decía. Creo, y me dice Claudia [esposa], que se ve mejor cada vez que voy a la peluquería. Porque los calvos también somos clientes de las tijeras y las máquinas.

JPV: ¿De qué se pierden las mujeres que rechazan a los calvos?

MDA: Se deben perder de todo porque si nos rechazan por una característica rechazarán tantas otras cosas por el color, el origen, la edad… Específicamente de los calvos se pierden de gente honesta que no aparenta tanto como otros, de la sinceridad de quien ha perdido parte de su atractivo físico y ha ganado (paradoja) algo al perderlo.

JPV: ¿Cuáles son las ventajas de la falta de pelo?

MDA: Que no hay que peinarse al salir de la ducha. No se pegan los piojos y es fácil que te reconozcan en una multitud, o te señalen. O te encuentren en una cita a ciegas: “El calvo de la chaqueta roja…”

JPV: ¿Algo que quieras agregar?

MDA: Los calvos nos parecemos en foto. En twitter decían que por el avatar parezco gemelo de Andrés Meza y Nicolás Samper. Y hay algún otro al que, creo, también me parezco.

El arranque salió bien, ya veré quién se anima la próxima vez. A Andrés Meza ya lo tengo convencido, entretanto sigo reclutando a calvos chéveres de sí mismos que saben que lo mejor es llevar en alto su encanto.

viernes, 4 de enero de 2013

Cómo ser amigo de una mujer sin naufragar en el intento: ¿Eso es un chiste?


Raquel y Camilo estaban visitando a Samara, que había acabado de tener a Nicolás. Lo llevaron los regalos que en quince días quedarían inservibles o listos para ser heredados por otro chiquillo suertudo. 

En cierto momento Samara fue al baño y les pidió que vigilaran al bebé mientras. Raquel fue hasta la cuna y comenzó a pasearlo por toda la sala, mirándolo como si de nuevo tuviera seis años y estuviera frente al primer muñeco de plástico que le regalaron para que jugara a ser mamá:

─¿Entonces? ¿muy antojada?
─¿No es una divinidad?, sí, tú, tú, eres una divinidad.
─Sí, muy lindo, pero ¿qué? ¿te dieron ganas de tener uno?
─Pues tú sabes, yo quiero, pero hasta que no termine la maestría no me puedo poner en éstas, además Alejandro quiere estar ganando más plata para cuando encarguemos.
─¿Y será que sí alcanzas?, je, je, je.
─Yo creo que sí… espera, ¿qué?... ¿de qué estamos hablando?
─Pues de si no te tocará pagar un tratamiento o algo así, como le pasó a esta Marisa, Mariela, ¿cómo era que se llamaba?

Raquel devuelve a Nicolás a su cuna y con los ojos encendidos como dos puntos de laser contesta:

─¡Marianela! Se llama Marianela, y tiene como cuarenta, cincuenta años, cretino. Ahora resulta que estoy vieja y que tengo que correr para ser mamá y tener un posgrado al tiempo.
─Bueno, no era para tanto. Era un chiste.
─Perfecto, hagamos chistes entonces, riámonos de esa vez en la que al final no pudo cerrar el negocio grandísimo con los costarricenses o de si a usted realmente le gustan las mujeres.
─Bueno, ya.
─Sí, si no va a resolver nada por lo menos no se invente los problemas.

Entradas relacionadas:
¿Vamos al aeropuerto?
¿Qué día cumplo años?
¿Amiga y amante?