Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Calvos brillantes y orgullosos: @Siendohumano

Más que encontrarlo a él él me encontró a mí poco después de abrir su cuenta de Twitter. Su nombre de usuario siempre me pareció –me parece− bonito y luego nos acabó de cautivar a las que lo seguimos con ese acento tan sexy que tienen los nativos del Río de la Plata.

@Siendohumano no sólo es un lector en voz alta bastante talentoso sino que además es brillante por dentro. El cerebro que tiene a centímetros de la pelada –léase calva− le sirvió para ganarse una beca para estudiar una maestría en su país favorito, por lo tanto si le quedan dudas de porqué a algunas mujeres los calvos nos ponen a temblar las rodillas lea con atención el siguiente cuestionario. Puede que después de ello entienda este fetiche un poco más.


Johanna Pérez Vásquez: ¿A qué edad y cómo aceptaste que eras calvo? 

Siendohumano: A eso de los 21 noté que estaba gastando demasiado dinero en peluquería y líquidos para la caída del cabello. Decidí comprarme una máquina de cortar y raparme la cabeza yo mismo.

JPV: ¿A qué calvo admiras o te gustaría parecerte? ¿qué lo hace especial? 

S: Pues admirar, admirar, no creo que admire a alguien por su calvicie. Foucault me parece admirable pero su calvicie no tiene nada que ver con las razones por las cuales lo admiro. Kevin Spacey me parece un gran actor, pero también creo que su calvicie no influye en eso. Por último Jason Statham en “Crank” hace un papel tan ridículo que me hace morir de risa, pero la ridiculez no va por el lado de que sea calvo.

jason statham crank 2
Fuente: Fanpop.com

JPV: Dicen que los ciegos aprenden a ver con otros sentidos, ¿tú cómo compensas tu calvicie o mejor, cómo acentúas tu atractivo (en general)? 

S: En realidad ni la acentúo ni la oculto, simplemente forma parte de mí, de ser yo. Entonces uso gorros o sombreros, ya sea para protegerme del sol o del frío dependiendo de la estación.

JPV: ¿Cuál es tu truco para hacer sexy tu calva (en particular)? 

S: Lucirla O.o

JPV: ¿De qué se pierden las mujeres que rechazan a los calvos? 

S: De no tener que compartir acondicionador de cabello con nadie.

JPV: ¿Cuáles son las ventajas de la falta de pelo? 

S: Gastas menos en productos, no te secas el cabello, no te peinas, puedes comprarte un gorro (aunque tengas 10) y decir que lo necesitas.

JPV: ¿Algo más para agregar?
  
S: http://goo.gl/6h2Xc

Para saber más de este calvo interesante pueden leerlo en breve aquí o escucharlo leyendo historias muy bien escritas aquí.


lunes, 30 de septiembre de 2013

Llorona

Soy una llorona, me da vergüenza aceptarlo pero lo admito, soy de las que llora viendo series gringas, comedias románticas y hasta planeando vacaciones. Creo que para mí llorar es un placer culposo.

No se trata de que busque activamente motivos para llorar, a diario intento sacar lo mejor de lo que la vida pone en mi plato, sin embargo no puedo negar que las endorfinas que llegan después de una buena llorada se sienten rico. Tampoco niego que derramar unas lagrimitas, escasas, deja una hinchazón simpática en la cara; el efecto es como el de un maquillaje sutil y cautivador. Lo que sí niego, y con rotundidad, es que me guste llorar para ganar algo, como herramienta de manipulación, eso lo encuentro estúpido, burdo e inmaduro, por eso cuando elijo llorar lo hago en privado, cuando me siento a salvo de miradas odiadoras, esas que se regocijan con el sufrimiento ajeno. Decido abrirle la llave a mis lágrimas cuando me siento segura, contenida, si estoy acompañada, o cuando la felicidad de una primera vez me sobrecoge, por ejemplo cuando la vida me presenta a una laguna majestuosa o cuando por fin puedo recorrer con mis pasos una ciudad enorme que llevo años deseando visitar.

En definitiva me gustan las lágrimas porque son expresión de vida, a veces incluso de placer, porque me recuerdan que todavía siento, que la anestesia del consumismo y de la tecnología no ha terminado de socavar lo que hay de animal en mí. Las lágrimas me recuerdan que, quizás, todavía soy humana.

jueves, 29 de agosto de 2013

La fidelidad no existe

A veces no tengo planes de publicar nada pero la vida insiste en ponerme frases curiosas en el camino:

“Yo sé que la fidelidad no existe, pero si vamos a vivir juntos que no me traiga a las otras hijueputas a la casa.”

La oí ayer, cuando caminaba por la Av. 32 de Bogotá.

viernes, 5 de julio de 2013

Los hombres que no crecen con nosotras



Después de arrastrar una maleta por varios sistemas de metro de Brasil comencé a entender un poquito mejor la escasez a la que nos enfrentamos las mujeres jedi cuando queremos emparejarnos.

Me gustan los hombres al punto que preferiría ser célibe si no existieran, sin embargo ver el ritmo de tortuga al que crecen me hace mantener la castidad más de lo que me gustaría.

Desde que recuerdo he soñado con viajar y desde que he podido lo he hecho, porque a diferencia de esas mujeres que se conforman con un hombre al que le gustan los viajes, pero sólo para decir que le gustan y no para hacerlos, a mí no me basta con fantasear. Yo cuando quiero arrancar junto plata, porque las ganas siempre las tengo, y luego me voy.

Poco a poco entendí que es muy rico viajar en pareja, pero que sobre todo lo que me da placer es viajar en buena compañía, así que si no la encuentro encarnada en otra persona me la hago yo misma y exploro con dudas pero sin miedos los lugares desconocidos. En este proceso he descubierto cómo una mujer aprenderá a leer mapas antes de que un hombre amplíe el menú que sabe cocinar.

Quizás se trate de la necesidad que obliga al florecimiento del ingenio. Tal vez no queda de otra cuando se tiene un muchachito, o más, que mantener, entonces hay que aprender de carpintería, electricidad y arreglos varios para no comprometer el presupuesto familiar, pero yo que no tengo hijos, ni se me antoja tenerlos, lo veo de otro modo.

Las oportunidades, los espacios que antes sólo podían aprovechar los hombres están ahí y el ser mujer ya no es excusa para dejarlos de lado. 

Si no levanto pesas es porque no me gustaría tener músculos inflados y no porque sea imposible encontrar un profesor que me dé enseñe fisicoculturismo. Si todavía no sé escalar es porque no he organizado mi presupuesto para tomar clases y no porque me miren raro cuando me pongo un pantalón. Pero a los hombres ¿qué carajos los detiene? ¿Serán las comodidades del mundo contemporáneo? ¿Será el saber que para tener sexo aceptable no necesitan estar enamorados? o ¿tener la certeza de que para comer rico, mas no casero y con alma, basta con abrir la billetera? 

No estoy muy segura de que estas sean las razones reales de su comportamiento, pero si lo fueran siguen siendo minoría los que buscan alternativas de crecimiento espiritual antes de jubilarse o los que deciden cultivar una sensibilidad especial hacia la naturaleza, que no esté relacionada con su profesión, en caso de que sean médicos veterinarios o ingenieros agronómicos. Y no se trata tampoco de que se multipliquen los profesores de pre-escolar ni de que las escuelas de yoga se llenen de instructores legítimamente heterosexuales, el asunto pasa por otro lugar.

Mientras que las mujeres aprendimos a las buenas o a las malas, y muchas veces porque nos tocó, a hacer informes pyg, comprar madera para hacer muebles y cambiar una llanta pinchada, muchos hombres siguen hablando de lo exigentes que se han vuelto las mujeres, que ya no se conforman con un tipo alto y que gane bien, sino que ahora además quieren estar con uno que tienda bien la cama, lave la ropa sin mancharla y haga mercado sin consultar cada decisión de compra con una mujer.

De las filas de los hombres dormidos cada tanto sale uno que quiere despertarse de un modo integral, uno que se anima a tener una maceta con albahaca en la cocina o que aprende experimentalmente porqué es mejor lavar el trapero después de limpiar el piso, en lugar de hacerlo antes de comenzar la próxima  faena de aseo.

Sé que aún me falta mucho por aprender. Por ejemplo cada vez que tengo que darle la vuelta al colchón, estando sola, valoro de nuevo la fuerza física de los hombres y, sobre todo, su razonamiento espacial, porque en cada ocasión tengo que interpretar la etiqueta que trae las instrucciones, sin embargo cada tanto vuelvo a lo mismo, llego de nuevo a la conclusión de que hay demasiados hombres preocupándose por el lugar que supuestamente las mujeres les hemos quitado, en lugar de ocuparse aprendiendo habilidades uniasex que no sólo los benefician sino que los hacen más atractivos.

Si cada día parece que nos alejamos más los unos de las otras no es porque queremos los mismos trabajos y no nos importa competir por ellos entre nosotros, sino porque esperamos durante demasiado tiempo y ya no tenemos ganas de enlentecer el paso mientras ustedes se deciden a crecer al ritmo que necesitamos, ustedes y nosotras.

viernes, 31 de mayo de 2013

Shame, adicción sexual sin Photoshop

“La cocaína puede ser usada de modo recreativo” y “la adicción sexual, lejos de ser placentera, es un trastorno muy angustiante” son sólo dos de las afirmaciones que reventaron la nariz de mis prejuicios mientras estudiaba psicología.

Pero una cosa es leer el resumen de un caso clínico, por más detalles que tenga, y otra muy distinta ver este viacrucis retratado con movimiento y deterioro perturbador.



A comienzos de los 2000s aprendí que As good as it gets era el retrato perfecto del trastorno obsesivo-compulsivo –TOC para los que se dicen entendidos—y que justo esa ciencia que estudiaba tiene los días contados gracias a la genética y al estudio del cerebro. Años más tarde, la inclinación, por fortuna incorregible, hacia la literatura me llevó a Shame, otra película que con el tiempo muy seguramente se convertirá en un hito en las clases que pretendan explicar, de modo insulso, la desgracia que es ser psicológicamente adicto a los orgasmos.

Estoy casi segura, pues en esta era de infoxicación constante es peligroso asegurar algo, que fue en la revista Orsai que supe de este título de Steve McQueen, que también dirigió Hunger, otra película cruda, contundente y de fotografía poderosa.

Shame ilustra sin vergüenza, y con detalles tan acertados que duelen, una faceta vital que se sale de control porque hace parte de las necesidades naturales de la humanidad. Una cosa es ser adicto al alcohol, a una droga que no hace falta para sostener la salud, mas otra muy distinta es serlo a una actividad que permite la conexión honda con otra persona y consigo mismo.

Esta película es difícil de ver pero atrapa. Una vez se ha comenzado a caer en su círculo de atracción tiende a ser como el accidente espectacular que reclama el morbo del público.

No espere excitarse viento tetas y culos, mejor prepárese, si decide verla, para poner a prueba su compasión y su felicidad, la auténtica, esa que aprendió no depende de lo material, pues Shame le recordará cuán vulnerables podemos ser cuando nos quitamos los accesorios por placer, por amor, curiosidad o diversión.


viernes, 22 de marzo de 2013

Calvos brillantes y orgullosos: Andrés Meza ─ @Apoloduvalis


El calvo de la entrevista de hoy es el responsable de que comenzara a ver la falta de pelo como una ventaja. 

Quizás porque no pierde tiempo en las mañanas peinándose con crestas o campos de espinas es que habla inglés con perfección y algo de acento británico. Entre sus virtudes están el mirar a los ojos a las personas con las que habla, dibujar lo que sea en su teléfono inteligente y su tolerancia frente a opiniones polémicas, misma que a veces raya en lo fantástico. Todavía no sé cómo lo hace, tal vez tenga que ver con la versatilidad que ha aprendido escribiendo para El Clavo, una revista dirigida a jóvenes universitarios.

Todavía no sé cómo lo hace, tal vez tenga que ver con la versatilidad que ha aprendido escribiendo para El Clavo, una revista dirigida a jóvenes universitarios.


A continuación sus respuestas:

Johanna Pérez Vásquez: ¿A qué edad y cómo aceptaste que eras calvo?

Andrés Meza: 32. Ya ni tiñendo el pelo de blanco lograba disimular (funcionó más o menos bien durante 7 años), así que tocó raparse. 

JPV: ¿A qué calvo admiras o te gustaría parecerte? ¿qué lo hace especial?

AM: Patrick Stewart. Se destacó en el papel de Jean Luc Picard de Star Trek: Next Generation, logrando que su calvicie pasara desapercibida. De pronto ayudaba que vivía rodeado de extraterrestres con otros estilos de peinado todavía más exóticos. 

jean luc picard siendo acariciado por la mano de una alienígena
Fuente: www.fanpop.com
JPV: Dicen que los ciegos aprenden a ver con otros sentidos, ¿tú cómo compensas tu calvicie o, mejor, cómo acentúas tu atractivo (en general)?

AM: Usualmente me dejo la barba, eso distrae la atención de la cabeza. 

JPV: ¿Cuál es tu truco para hacer sexy tu calva (en particular)?

AM: Mantener el pelo lo más corto posible para que haya cierta uniformidad. No me gusta el contraste marcado entre zonas descubiertas con algunas zonas todavía pobladas. 

JPV: ¿De qué se pierden las mujeres que rechazan a los calvos?

AM: De alguien que realmente va a apreciar todo el tiempo y cuidado que las mujeres dedican a cuidar su cabellera. 

JPV: ¿Cuáles son las ventajas de la falta de pelo?

AM: Se ahorra mucho en shampoo. 

Si quieren ver qué pasa por las circunvoluciones de este cerebro, casi al descubierto pueden leerlo en su blog, en formspring o en twitter

La próxima entrevista será a un calvo peligroso, uno con acento apetecido. Ya la hice pero la publicaré el mes que viene.

viernes, 15 de febrero de 2013

¿Sabían?

¿Sabían que hay mujeres que se sienten como Nelly Nausea cuando un hombre la obliga de golpe y sin aviso a ser una experta en sexo oral? ¿Sabían también que por ahí hay más de uno que gozaría cogiendo a una Tubella?

Esta imagen me la mostró The Chita's Clitoris

viernes, 8 de febrero de 2013

El malditismo de los calzones


En el cajón de ropa interior de una mujer se pueden encontrar varias cosas: mariposas o pingüinos estampados en una tela de algodón, composiciones geométricas que alguna vez fueron planos sobre la mesa de un ingeniero consciente de que la falta de estima personal es un negocio redondo, encajes que parecen haber sido bordados por hadas desnudas y piezas que desafían el razonamiento espacial promedio, pero habrá también, mezclada entre los colores favoritos y los hilos gastados por la cotidianidad, un brasier, unos calzones impecables, quizás con una pieza de plástico de la que colgaba la etiqueta que le daba su cariz de novedad, la que venía con promesas de niveles alucinantes de placer o de uniones de amor místico, eterno, fortalecido después de la revuelta… promesas incumplidas, fantasías rotas que los convirtieron en un fósil flexible que está ahí para recordarle que a veces lo más difícil es deshacerse de los recuerdos que hacen arder la piel.

primer plano de encaje en brasier
katmystiry

viernes, 1 de febrero de 2013

Cómo ser amigo de una mujer sin naufragar en el intento: ¿Amiga y amante?


EvaK
El culo de Andrea era uno de los favoritos del subconsciente de Carlos a la hora de inventar sueños eróticos, sin embargo él lo ignoraba porque rara vez los recordaba. Estando despierto se divertía mucho con ella. Era una de esas rarezas que le hablaba de motores con la pasión de un ingeniero, además se iba cuando, estando en un bar, lo veía con ánimo de cacería.

Una noche, en la que trabajaba como bestia para entregar unos diseños nuevos, se quedó dormido frente a su máquina después de estirarse un poco en la silla. El cansancio profundo hizo que casi inmediatamente comenzara a soñar, cogía a Andrea por detrás y ella pedía más. Estaba a punto de estallar cuando un barco silbó, era un vapor, sentía que ya no podía aguantar más pero el ruido inoportuno de la nave lo distraía, lo enfriaba. Su mente comenzó a conectar los puntos hasta descubrir la situación, se despertó confundido, se pegó en una rodilla y fue a la cocina para apagar el fogón. Preparó una jarra nueva de té y volvió al trabajo.

La inquietud estaba plantada, había sido suficiente con despertar en un momento distinto del ciclo onírico.

Durante algunos días evadió a Andrea, primero quería ir a un sex shop para comprar algún juguetico con el que pudiera hacerle la propuesta de minifalda cortísima sin usar palabras. Prefería los gestos.

El sitio era menos sórdido y más agradable de lo que se había imaginado, incluso había visto a un par de viejas que tranquilamente podría haberse empacado. Echó un ojo hasta que se decidió por una versión sencilla del famoso conejito. Se acercó a la caja para pagar. Adelante suyo estaban dos hombres hablando mientras el empleado regresaba:

─Qué cagada.
─Sí, Marcela era una dura para la fórmula uno.
─¿Era? ¿ya la mató o qué?
─No, o casi, mejor dicho no sé. Por qué diablos uno no podrá tener el pito guardado en vez de estárselo ofreciendo a la mejor amiga.
─No se sabe lo que se tiene…
─Ay, no me joda, por pensar así, como gente de otro siglo es que uno la caga.
─Bueno, sí.
─Sí, se puede ser amigo de una vieja, pero amigo y amante difícil, es mejor escoger para no andar en estos enredos tan jartos.
─Así se pierde menos.
─Exacto.

Carlos dejó al roedor encima de la vitrina, justo cuando el cajero volvía sosteniendo una caja con los colores del arco iris llena de tubos que parecían guardar lubricantes.

viernes, 25 de enero de 2013

¿Cuáles son tus límites sexuales?

Alguna vez conocí a una rusa con cara de muñeca de porcelana, guerrera, escaladora como gata, flaca, rubia y que olía delicioso. Era la encarnación de mi prueba de heterosexualidad y adivina qué sentí… Nada. Absolutamente nada. Es probable que en el futuro conozca a alguna mujer que me mueva el piso o que al menos me cuestione, mas después de haber conocido a la versión femenina de mi hombre tipo ─que no me como el cuento de los ideales─ lo dudo. No poco.

Tentaciones, dudas, preguntas nacen en todas partes pero dicen que en Sexografías de Gabriela Weiner crecen como pasto en el parque.


Mi primer contacto con el género gonzo, ese que mete al periodista en los calzones de la historia, fue a través de Orsai, la revista.

Le habían encargado algo que visto con mi pudor parecía muy sencillo para alguien que se metió con todo y marido a un bar swinger con tal de escribir una crónica: hacer un seminario para encarar a la muerte.

Esta crónica, la del bar no la de la muerte, es excitante a niveles múltiples y extraños. A diferencia de la autora de Cien cepilladas antes de dormir, Weiner tiene entrenamiento largo y duro con la prosa. Además, como ya di un ejemplo, no escribe sólo de sexo.

Mi recomendación, para crear un buen preámbulo es comenzar leyendo Gurú & familia, que inquieta, abre el apetito y pone la mesa para lo que viene. No todo lo que plantea es pulido y turgente, pero es real, por eso sorprende tanto el final, y la parte penúltima. En fin, no sé si esta historia habrá tenido un “corroborador de hechos”, al mejor estilo de The New Yorker pero si le doy el crédito a Gabriela Weiner, a su estilo ya conocido en círculos literarios y a las fotos publicadas en su blog, pocas dudas me quedan de su veracidad. Por lo tanto si quieres leer un texto con erotismo y calidad Sexografías tiene buena pinta. Aún no lo he leído completo, porque no lo he encontrado para bajarlo, pero si alguien me lo regala en digital o en papel se lo recibo con mucho gusto.

viernes, 18 de enero de 2013

Y nosotros ¿qué venimos siendo?


“El transexual es una persona que siente que nació en el cuerpo equivocado”. Así describía mi profesor de Psicopatología una de las conductas sexuales que nuestra cultura considera desviadas, pero, a la que nació con un poquito menos de cromosoma X ¿cómo le decimos?, ¿menos mujer?, ¿3/4 de mujer?, y al que viene con una X “que no le tocaba”, ¿gay en cuerpo errado? o ¿lesbiana?, a ver, ¿cómo?

No estoy exagerando con las preguntas, simplemente es muy difícil no hacérselas y reprimir la curiosidad, esa que te empuja a buscar en Google cómo se ven los genitales de los hermafroditas, después de ver XXY (2007).



Mi curiosidad venía por otro lado. Encontré la película por mi atracción extraña hacia Piriápolis, una ciudad que me mueve fibras muy sensibles, entonces, con la esperanza de verle las playas y los cielos, esa misma que lleva al adolescente pajero a buscar imágenes fugaces de tetas y culos, me embarqué en una travesía que me cuestionó gracias a Lucía Puenzo, la guionista y directora de esta cinta.

Inés Efrón es la protagonista. Le presta el cuerpo a Álex de 15 años, que luego se involucrará con Álvaro, el hijo de una pareja que visita su familia esperando hablar de cirugías que podrían afectar directamente su futuro.

XXY ganó muchos premios y es comprensible. La fotografía es muy bonita ─acá ni siquiera intento ser objetiva porque amos los paisajes de Piriápolis y sus alrededores─, la música es pertinente, te lleva a la inmersión total en la incomodidad que están sintiendo los personajes. En conjunto la veo como una pieza redonda, robusta y que se las arregla para sacudirte los prejuicios sin caer en la chabacanería.

Ricardo Darín, que a esta altura ha acumulado pruebas en demasía de porqué es patrimonio del cine argentino, le suma naturalidad a la historia, haciéndola más llevadera cuando el guión alcanza puntos emocionales angustiantes.

El resultado que Lucía Puenzo logró me hace odiarla un poco y además querer parecerme a ella. Ha escrito varios libros y guiones para otras películas. Cuando la entrevistan te das cuenta de que piensa a mil por hora, en imágenes, y casi adivinas que se desespera porque su vida no van tan rápido como le gustaría, a pesar de que normalmente está envuelta en varios proyectos grandes a la vez.

Si no ves XXY no pasa nada, pero si la ves te das cuenta de que el cine latinoamericano no es siempre un episodio de telenovela que dura más de hora y media.

Recomiendo ir a este enlace para aclarar algunas dudas acerca del síndrome genético que menciona la película.

viernes, 11 de enero de 2013

Calvos brillantes y orgullosos: Mauricio Duque Arrubla


Los cerebros, en especial los muy usados, hacen parte de mi grupo personal de fetiches. Quizás sea por eso que los calvos interesantes me gustan. El hecho de saber que sus lóbulos deliciosos están más cerca de mí, gracias a la ausencia de pelo, me excita (de la forma clásica y de otras no tanto), por eso decidí entrevistar a quienes lucen orgullosos su cabeza brillante.

Para abrir esta serie invité a Mauricio Duque Arrubla, un calvo que además de ser queridísimo lee muy bien en voz alta. Aquí están las pruebas.


Johanna Pérez Vásquez: ¿A qué edad y cómo aceptaste que eras calvo?

Mauricio Duque Arrubla: A los veintialgo, 23, 24. La hermana de una amiga le habló de mí como su amigo el calvo y ella me contó. Para esa época era sólo un futuro seguro pero no alcanzado.

JPV: ¿A qué calvo admiras o te gustaría parecerte? ¿qué lo hace especial?

MDA: ¿Se vale si digo “A mi papá”? Era un tipo sabio. Un par de veces me han dicho que me parezco a John Malkovich y eso me parece chévere a pesar de su eterno ceño fruncido.

JPV: Dicen que los ciegos aprenden a ver con otros sentidos, ¿tú cómo compensas tu calvicie o mejor, cómo acentúas tu atractivo (en general)?

MDA: Primero aceptando que soy calvo y manteniendo corto el poco pelo que me queda. Imagino que además lo compenso con algo de ingenio y chispa aunque ese es natural, no lo perdí con el pelo ni lo gané con la calvicie.

JPV: ¿Cuál es tu truco para hacer sexy tu calva (en particular)?

MDA: Lucirla y no esconderla, como te decía. Creo, y me dice Claudia [esposa], que se ve mejor cada vez que voy a la peluquería. Porque los calvos también somos clientes de las tijeras y las máquinas.

JPV: ¿De qué se pierden las mujeres que rechazan a los calvos?

MDA: Se deben perder de todo porque si nos rechazan por una característica rechazarán tantas otras cosas por el color, el origen, la edad… Específicamente de los calvos se pierden de gente honesta que no aparenta tanto como otros, de la sinceridad de quien ha perdido parte de su atractivo físico y ha ganado (paradoja) algo al perderlo.

JPV: ¿Cuáles son las ventajas de la falta de pelo?

MDA: Que no hay que peinarse al salir de la ducha. No se pegan los piojos y es fácil que te reconozcan en una multitud, o te señalen. O te encuentren en una cita a ciegas: “El calvo de la chaqueta roja…”

JPV: ¿Algo que quieras agregar?

MDA: Los calvos nos parecemos en foto. En twitter decían que por el avatar parezco gemelo de Andrés Meza y Nicolás Samper. Y hay algún otro al que, creo, también me parezco.

El arranque salió bien, ya veré quién se anima la próxima vez. A Andrés Meza ya lo tengo convencido, entretanto sigo reclutando a calvos chéveres de sí mismos que saben que lo mejor es llevar en alto su encanto.

viernes, 4 de enero de 2013

Cómo ser amigo de una mujer sin naufragar en el intento: ¿Eso es un chiste?


Raquel y Camilo estaban visitando a Samara, que había acabado de tener a Nicolás. Lo llevaron los regalos que en quince días quedarían inservibles o listos para ser heredados por otro chiquillo suertudo. 

En cierto momento Samara fue al baño y les pidió que vigilaran al bebé mientras. Raquel fue hasta la cuna y comenzó a pasearlo por toda la sala, mirándolo como si de nuevo tuviera seis años y estuviera frente al primer muñeco de plástico que le regalaron para que jugara a ser mamá:

─¿Entonces? ¿muy antojada?
─¿No es una divinidad?, sí, tú, tú, eres una divinidad.
─Sí, muy lindo, pero ¿qué? ¿te dieron ganas de tener uno?
─Pues tú sabes, yo quiero, pero hasta que no termine la maestría no me puedo poner en éstas, además Alejandro quiere estar ganando más plata para cuando encarguemos.
─¿Y será que sí alcanzas?, je, je, je.
─Yo creo que sí… espera, ¿qué?... ¿de qué estamos hablando?
─Pues de si no te tocará pagar un tratamiento o algo así, como le pasó a esta Marisa, Mariela, ¿cómo era que se llamaba?

Raquel devuelve a Nicolás a su cuna y con los ojos encendidos como dos puntos de laser contesta:

─¡Marianela! Se llama Marianela, y tiene como cuarenta, cincuenta años, cretino. Ahora resulta que estoy vieja y que tengo que correr para ser mamá y tener un posgrado al tiempo.
─Bueno, no era para tanto. Era un chiste.
─Perfecto, hagamos chistes entonces, riámonos de esa vez en la que al final no pudo cerrar el negocio grandísimo con los costarricenses o de si a usted realmente le gustan las mujeres.
─Bueno, ya.
─Sí, si no va a resolver nada por lo menos no se invente los problemas.

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