Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Cómo ser amigo de una mujer sin naufragar en el intento: ¿Qué día cumplo años?



Gabriel conoció a Clara en la fiesta de cumpleaños de Rodrigo, un amigo en común. Comenzaron a hablar cuando alabó la torta, negra, mojadita, suave, casi como la que preparaba su abuela. La repostera, o sea Clara, no se demoró en recibir el halago por su destreza para mezclar ingredientes y preparar el horno.

La siguiente vez que Clara y Gabriel se reunieron fue en el cumpleaños de Mónica, la novia de él. En lugar de pagarle a una marca chic y costosa prefirió decirle a Clara los sabores favoritos de la homenajeada para que las ganancias quedaran entre conocidos. 

La celebración salió mejor de lo que esperaba, no sólo había complacido a su pareja sino que Ricardo, un amigo suyo del trabajo anterior, se había encarretado con la autora del postre.

Cinco meses más tarde, cuando la relación de Clara y Ricardo era algo más tangible él buscaba el restaurante al que la llevaría para celebrar sus 34. Preguntó entre conocidos, leyó muchas reseñas gastronómicas y se decidió por uno chiquito que sólo recibía a trece personas cada noche. Al otro día de la comida, que había sido un éxito total, llamó a Gabriel para recomendárselo:

─Buenísimo, puros platos raros pero ricos y uno queda satisfecho.
─Oiga, perdóneme.
─¿Perdóneme?
─Sí, se me olvidó llamar a Clara para felicitarla, Mónica sí me dijo pero me embolaté y se me pasó al final.
─Fresco, envíele un correo o cómprele algo sencillo y se lo da después, dígale a ella, a Mónica que le ayude a escogerlo.
─Sí, voy a hacer eso ya.

Cuando el teléfono de Clara sonó, avisando que tenía un nuevo mensaje, estaba buscando a Gabriel en su lista de amigos personales para pasarla a la de clientes desagradecidos, los mismos a los que se les cobra durísimo.

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