Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

lunes, 2 de julio de 2012

Habitacion en Roma, más carne y menos 3D

La limitación es la oscuridad que la creatividad necesita para poder iluminar. Cuando se juntan, cuando están presentes en el mismo escenario pueden dibujar un desastre pero también pueden construir una habitación en Roma, como lo hizo Julio Medem.

Si el nombre hace que una de sus neuronas grite al leerlo tal vez sea porque dirigió con erotismo mágico y exquisito Lucía y el sexo.

Alba y Natasha, como figuras a escala en un mapa del mundo se conocen poco antes de experimentar catarsis, carcajadas y canciones que las marcarán hondamente durante unos años, al menos.

Esta historia de dos mujeres, que además están desnudas casi toda la película, atraviesa momentos oscuros e incluso tabú, por ejemplo cuando Natasha habla de la excitación que puede despertar en un testigo una escena de abuso a menores, alejándola con fuerza de la típica película en la que personajes rotos se encuentran en lugares comunes y repiten clichés con dramatismo falso.

El guión, también escrito por Medem, se las arregla bien para despertar la curiosidad usando la historia ─clásica y medieval─, al tiempo que genera un poco de incomodidad cuando representa de un modo demasiado material los efectos de Cupido.

En esta época en la que las películas en 3D parecen reproducirse a la velocidad del spam, se agradece mucho la existencia de una película que asume el reto de contar una historia autolimitándose, apegándose a las condiciones que impone desarrollar toda la acción en una habitación de hotel y sus cercanías, entretanto echa mano de uno de los recursos más valiosos de los seres humanos, la imaginación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario