Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

jueves, 12 de abril de 2012

Sexo con extranjeros, tabú doble

En la patria madre o durante un viaje al exterior la tentación se viste de carne, proponiéndote que te metas a la cama con ese que nació lejos, no habla el idioma que mejor conoces o que, incluso, es de otra raza.


No se trata de una leyenda urbana ni de una posibilidad remota, basta con ir a tomar cerveza a la zona histórica de la ciudad o con salir con esa amiga que hizo un semestre afuera para que la aparición de rasgos y acento distintos enciendan nuestra curiosidad; hasta los menos sociales pueden ser puestos a prueba alguna noche mientras chatean en una sala dedicada a Bourdieu y observan con ojos golosos la webcam. La fruta deliciosa que quiere ser saboreada siempre está allí haciendo que nos preguntemos qué tan grande o grandes estarán, cómo decirles qué nos gusta, más si hablan otro idioma, y, muy en el fondo, si al hacerlo ofenderemos a alguien.

Incesto y buenas costumbres
Dicen los antropólogos, al menos algunos, que pocas prohibiciones son universales, no matar es una y no tener sexo con miembros de la familia es otra, sin embargo todos sabemos de un caso no muy lejano en el que un par de primos hermanos terminaron casados, hecho que desmiente las posibles consecuencias nefastas de buscar pareja lejos pero no tanto.

Hemos aprendido de nuestro entorno las costumbres, los gustos y hasta las opiniones. Se espera que nos comportemos de un modo específico y que respondamos a expectativas ajenas enormes, por lo tanto cada vez que nos separamos un poco de ellas, de lo normal, de lo esperado y, sobre todo, de lo decente, el castigo de nuestra tribu llega puntualmente, anunciado por miradas en blanco, por ejemplo cuando decidimos dedicarnos al arte y no a la ciencia o cuando salimos con un tailandés en lugar de hacerlo con un pastuso.

Y ya que estamos en Tailandia…
El turismo sexual que atrae a tantos hombres a Asia se ve con normalidad absoluta mientras que una mujer centroamericana en una relación con un portugués se convierte en el centro de atención de algún evento social porque a todos los europeos se los imagina como seres sucios, fríos y hasta aburridos, pareciéndose más a los alienígenas que a los humanos, así llega a ser aceptable que un hombre pague por acostarse con una asiática pequeñita y sumisa, pero no que una ecuatoriana encuentre a su alma gemela en Suecia.

De las mujeres, especialmente de las latinas, se espera que alabemos las cualidades, hasta las inexistentes, de los hombres de nuestro pueblo. A veces alcanzo a creer que esperan ser homenajeados mediante cirugías estéticas en nuestros cuerpos para poder sentirse más queridos, por eso cuando aparece una que se rebela al molde y se va, incluso del país, con un extranjero muchos la califican de traidora, comparando su falta con las violaciones que sufren las mujeres durante conflictos étnicos, ya que según muchos no se debe buscar afuera lo que se tiene, orgullosamente, adentro y en abundancia.

Si es diferente es malo y si es desconocido también
El sexo carga un equipaje muy pesado en gran parte por la religión y otro tanto por la cultura, al menos por la que nos rodea. A diferencia de ciertas prácticas africanas, que enseñan el acto carnal con modelos en vivo, aquí lo habitual es llevarlo a cabo detrás de una puerta cerrada y como también se cree que cualquier cosa que no se pueda hacer en público es malvada, pues el sexo pasa a la categoría de impureza, que sumado al hecho de ser disfrutado con un forastero lo convierte en una elección imperdonable o al menos necesitada de críticas.

Sexo entre muchos
Sospecho que cuando a los otros, a todas esas y todos esos que no hacen parte de una relación de pareja, se meten a opinar acerca de si una colombiana debería o no estar emparentada con un ruso, sólo están haciendo visible el miedo que sienten de que alguien más les quite lo que no tienen, porque las personas no son de nadie, ni siquiera del país donde nacieron, porque uno también es extranjero cada vez que sale de su país y, como si eso no alcanzara, esas criticonas y esos criticones terminan pareciéndose a algo que también detestan: los aficionados a las orgías, ya que se creen con el derecho, en ocasiones con el deber, de meterse en una cama donde nadie los ha llamado ni los necesita.

Esta entrada también aparece en la sección Al tablero de la revista Bakánica.


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Blasfémina, más que un artículo un blog escrito alrededor del tema de la atracción que sentimos las mujeres hacia los extranjeros.