Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Cómo ser amigo de una mujer sin naufragar en el intento: ¿Qué día cumplo años?



Gabriel conoció a Clara en la fiesta de cumpleaños de Rodrigo, un amigo en común. Comenzaron a hablar cuando alabó la torta, negra, mojadita, suave, casi como la que preparaba su abuela. La repostera, o sea Clara, no se demoró en recibir el halago por su destreza para mezclar ingredientes y preparar el horno.

La siguiente vez que Clara y Gabriel se reunieron fue en el cumpleaños de Mónica, la novia de él. En lugar de pagarle a una marca chic y costosa prefirió decirle a Clara los sabores favoritos de la homenajeada para que las ganancias quedaran entre conocidos. 

La celebración salió mejor de lo que esperaba, no sólo había complacido a su pareja sino que Ricardo, un amigo suyo del trabajo anterior, se había encarretado con la autora del postre.

Cinco meses más tarde, cuando la relación de Clara y Ricardo era algo más tangible él buscaba el restaurante al que la llevaría para celebrar sus 34. Preguntó entre conocidos, leyó muchas reseñas gastronómicas y se decidió por uno chiquito que sólo recibía a trece personas cada noche. Al otro día de la comida, que había sido un éxito total, llamó a Gabriel para recomendárselo:

─Buenísimo, puros platos raros pero ricos y uno queda satisfecho.
─Oiga, perdóneme.
─¿Perdóneme?
─Sí, se me olvidó llamar a Clara para felicitarla, Mónica sí me dijo pero me embolaté y se me pasó al final.
─Fresco, envíele un correo o cómprele algo sencillo y se lo da después, dígale a ella, a Mónica que le ayude a escogerlo.
─Sí, voy a hacer eso ya.

Cuando el teléfono de Clara sonó, avisando que tenía un nuevo mensaje, estaba buscando a Gabriel en su lista de amigos personales para pasarla a la de clientes desagradecidos, los mismos a los que se les cobra durísimo.

Entradas relacionadas:

¿Vamos al aeropuerto?
¿Amiga y amante?
¿Eso es un chiste?



viernes, 16 de noviembre de 2012

No se trata sólo de desnudos...

...el sentido del humor y la forma de mostrarlos también cuentan.

Animated walks and runs from Felix Sputnik on Vimeo.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Tú no sabes

Tú no sabes cómo es andar por la vida siendo mujer, no lo sabes porque eres hombre, por eso no has padecido los manoseos en la calle, ni las miradas lascivas que te rondan en los andenes. Tú no sabes cómo crear una muralla prácticamente impenetrable que te impida oír las guarradas que tienen listas los seres más bajos para gritártelas cuando pasas cerca de ellos.

No, tú no sabes.

No sabes cómo es sentirte “afortunada” porque nunca un ser violento e inhumano ha ido más hondo en tu intimidad, no sin tu permiso, no sin tu afecto.

Ahora un par de recordatorios para que tengas presente que ser mujer es todo menos fácil:






viernes, 2 de noviembre de 2012

Las tetas son increíbles


Y muy divertidas, incluso de formas que ni se imaginan.



PRODUCT TESTING: BOOBIES from antonio vicentini on Vimeo.

Cómo ser amigo de una mujer sin naufragar en el intento: ¿Eres un buen espía?



Juliana estaba viendo las fotos de las vacaciones de Marco cuando descubrió que justo esa amiga de él que tanto detestaba tenía puestos los aretes con forma de gatos que llevaba mucho tiempo buscando.

Se alejó del computador para buscar su celular y llamó a su amigo:

─Hola, Marco, ¿cómo estás? ¿bien bronceadito después de las vacaciones?
─Hola, Juli, ¿cómo estás?, pues sí, todo estuvo muy bueno. Gracias por preguntar.
─Sí, también estoy bien. Marco te llamo para otra cosa más.
─Cuéntame.
─Esta vieja…
─Laura, ¿qué pasó con ella ahora?
─No, nada nuevo, me cae igual de mal que siempre pero tengo que reconocerle que tiene buen gusto.
─Claro, por eso me tiene de amigo…
─Ay, no seas odioso, pero sí. Bueno, volviendo a mi punto por favor pregúntale si los aretes de gatos que llevó al viaje los compró o se los regalaron. Llevo meses buscando uno así, pero nada que los encuentro.
─Listo, te hago el favor. ¿Almorzamos el otro miércoles?
─No, mejor el jueves. Por ahora te dejo. Cuídate.
─Vale, un abrazo y nos vemos.

El jueves siguiente en el almuerzo.

─Ah, sí, Laura me dijo que se los habían regalado.
─¿Y qué más?
─¿Cómo que qué más?
─Pues sí. ¿Quién se los regaló? ¿se los trajeron de algún lado o se los compraron acá?
─¿Ah? A ver Juliana, tú me pediste que le preguntara si se los habían regalado o que si los había comprado, eso averigüé.
─Ay, sí Marco, pero la idea no era que fueras tan literal sino un poquito más proactivo. Si un cliente te pregunta si has trabajado, digamos, con una tienda deportiva, ¿te limitas a responderle “sí” o te exhibes mostrándole todas las capacidades, todas las herramientas que tienes para que su negocio crezca?
─Pues…
─Sí, sí, ya sé, lo segundo. Mejor dicho ya sabes qué regalarme de cumpleaños. Quiero esos aretes. Ahora, ¿compartimos el postre?

viernes, 26 de octubre de 2012

El tamaño no importa

Si lo tienes pequeño de todos modos ellos cuidarán bien de él.

Esta imagen viene de una campaña publicitaria de un banco alemán. La traducción aproximada es:

Nos encargamos de sus negocios aunque sean pequeños.

Hombres desnudos llevando corbata tomándose mutuamente los penes.

lunes, 15 de octubre de 2012

Chick flick tipo Licuc

Me aburrí de estar digitando todo pero no de escribir. Si prefiere bajar una versión para procesador de texto --sin enlaces, que están al final-- para leer más tarde puede hacerlo desde aquí.

Para oír una lectura del texto presione la flecha:


Haga clic en las imágenes para ampliarlas, luego podrá leerlas una a una usando las flechas.













Los blogs mencionados son Con glamour y Susana y Elvira 
La banda sonora sugerida para esta comedia romántica es toda la música de Putumayo Records. Acá dejo un enlace a una canción de Marta Gómez.
Pilar existe y es una ilustradora brutal. Esta es su página.
Daniel también tiene carne y huesos, pero también mucha imaginación, este es un video de uno de sus conciertos.
El amigo autor de la frase brillante es @siendohumano



viernes, 5 de octubre de 2012

Cómo ser amigo de una mujer sin naufragar en el intento: ¿Vamos al aeropuerto?


Hoy no vengo a convencerlo de que la amistad entre un hombre y una mujer es posible, sé que existe y se puede disfrutar, con eso tengo; simplemente quiero ilustrar con historias breves ─¿parábolas sexuales?─ los errores masculinos que a menudo la hacen tan improbable.


Raúl había salido más de tres veces con Mariana, las suficientes para conocerle el par de tenis más roñosos que tenía y enterarse de que en la nueva investigación, para la que la habían contratado, había “un sociólogo más bueno que la playa en verano”. La amistad de los dos, si se comparaba con los preparativos de un viaje, estaba en la etapa de averiguar destinos posibles, opciones de hospedaje y de vuelos.

Un domingo Mariana tuvo un antojo de cine, sin embargo, sabiendo que Raúl estaba saliendo con alguien y que no podía llamarlo de improviso como a su amiga Martha, esperó hasta el día siguiente y lo buscó para ponerse de acuerdo y ver con él la película el domingo próximo. Quedaron en esas y la semana siguió su rumbo.

El fin de semana del compromiso Mariana, ayudada por su intuición, sospechó que Raúl le iba a quedar mal. En lugar de haberla llamado el viernes, o el sábado, como acostumbraba hacer en otras ocasiones para confirmar el plan, desapareció y sólo supo de él de nuevo cuando lo llamó para preguntarle a qué función iban a ir. Él, animadísimo, le contestó que estaba demorado porque se había ido con Pablo a montar en karts. Ella le contestó que estaba bien, que otro día se verían y se alegró de poder aprovechar el saldo que le había cargado a su tarjeta de espectadora frecuente, colgó y decidió que no sería ella la que buscara un encuentro otra vez. Ahora sabe que si se encuentra a Raúl podrá hablar de Jamaica y de Roma pero ni siquiera considerará hacer planes para compartir con él un taxi hasta el aeropuerto.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Cuando conozca a una soltera digna, huya



A la soledad se la suele ver como un ente oscuro y denso del que es mejor huir en cuanto se tiene oportunidad, sin importar el modo. Beber barriles enteros de licor y/o encamarse con el primer aparecido son métodos populares entre las solteras dignas cuando buscan evadir charlas de tú a tú consigo mismas, así las consecuencias de esos ejercicios contemplativos sean más positivas que negativas. 

Quizás sea por la huella grasosa del machismo que a un hombre le queda menos mal que a una mujer sentarse sin compañía a tomar en la barra de un hotel; del hombre se dirá que es un pobre borracho, mientras que a la que ose protagonizar tal escena más le vale tener preparada una salida efectiva para cuando aparezca el primer idiota que asume está buscando edecán.

Está claro que andar sin pareja por el mundo es más complejo que hacerlo de la mano de alguien, pero no es suficiente para creer que una se merece un diploma cada vez que cumple X tiempo andando soltera.

Las mujeres, a diferencia de los hombres, nos las arreglamos solas bastante bien. Cuidamos  nuestra salud a través del aseo y la alimentación balanceada, por eso es más fácil encontrar un nido de hombre lleno de polvo viejo que la casa de una mujer con el baño sucio. A nosotras tampoco tienen que rogarnos para que comamos “comida de vacas” a pesar de que cada vez hay más mujeres queriendo igualar a los hombres hasta en el número de infartos. Nosotras, en líneas muy generales, podemos vivir sin complicaciones en ausencia de hombres, especialmente si somos grandes, crecidas, jedi, por eso miro con mucho recelo a aquellas que quieren ser coronadas porque hace más de tres meses no tienen ni una cita.

Esa que cada semana se reúne con las amigas para llorar su situación amarga es la misma que de tanto escoger al final se queda con lo peor. En su cabecita brincan entre praderas cubiertas de lavanda los príncipes azules y los empresarios exóticos que podrían sacarla de su mazmorra insípida, rincón que ella misma ha construido y decorado a punta de frases como “es que levantarse todos los días y ver la mitad de la cama vacía es muy duro” y ”¿qué hace una mujer que no tiene novio después de depilarse?”. Las solteras dignas difícilmente se dan cuenta de que sus letanías permanentes tienen el efecto inverso del canto de las sirenas, pues mientras ellas se preguntan por qué las cosas con Raúl no pasaron de la cuarta cita, él les dice a sus amigos que quiere estar con una mujer de verdad y no con una niñita que busca a alguien que le resuelva la vida.

En algún punto de la liberación femenina, nefasta por mal entendida, más de una comenzó a convencerse de que sus problemas se arreglarían casándose con un hombre que trabajara por dos y ganara por cuatro, ya que así podrían dedicarse a maltratar a la sirvienta o a hacerse el tratamiento facial de moda.

El asunto tampoco gira en torno a la plata. Obviamente prefiero estar junto a alguien abundante desde el punto de vista económico que mantener a mi pareja a punta de vender mentiras, empero tengo claro que si quiero compartir mi vida con un guerrero valiente no puedo andar dando alaridos cada vez que se me acaba el acondicionador o cuando hay que lavar el sanitario.

La coherencia para mí es un esfuerzo diario que intento mantener de un modo continuo para “merecerme” la compañía de un hombre jengibre. Me gustan esos señores que conversan durante horas largas y entre temas diversos, por eso leo desde teosofía hasta física, adoro comer rico por eso improviso sabores nuevos cada vez que puedo y tengo ganas, así no ando esperando a alguien para que me lleve a una isla privada en donde están los “artistas” más famosos del momento, ni esperando que santa Marta me conceda el milagro de que Ferrán Adria reabra su chuzo para poder probar algo que sepa a nalga de angelito.

En el mundo hay millones de mujeres que sin ser discapacitadas hacen hazañas increíbles y las sostienen durante años. Sacrifican su salud para asegurar la de sus hijos o renuncian a tenerlos, deseándolos, para que este planeta sea un lugar mejor, por eso, por ellas, creo que cuando usted le calma el berrinche a una soltera digna para que la pobrecita no sufra tanto su soltería está ofendiendo y soslayando a la fuerza verdadera de la esencia femenina, así que todo lo que le pase después de eso lo tendrá bien merecido.

lunes, 16 de julio de 2012

Mejor mira para adentro

Cuando pueda mirar a los ojos al señor bonito le propondré que hagamos nuestra versión particular de No mires para abajo.

A Eliseo Subiela nadie me lo mostró, lo encontré sola cuando veía televisión nacional y el director del canal que tenía sintonizado estaba enfermo. Así me estrellé con esta mente hermosa que es capaz de darle movimiento a la poesía y de enseñarles a los hombres, sensibles y despiertos, las cosas a las que verdaderamente se debe prestar atención cuando se conoce a una mujer, especialmente si es jedi.

El tantra yoga es un tipo de conocimiento oculto para la mayoría de la gente, gracias a la propia simpleza de quienes lo soslayan, sin embargo, cada vez que un borrego se atreve a dudar, a preguntarse si estar con una mujer es más que imitar el monje y si el amor es eso que siente o se refiere a otra experiencia, corre el riesgo de descubrirlo.

A Eloy el insomnio le hace el favor de ponerlo en la cama de la mujer que le hizo ver el amor de otro modo por el resto de sus días.

A Eloy su papá le hizo el favor de morirse después de haber descubierto que se puede vivir el amor como siempre se deseó a pesar de no estar casado con él.

Quiero pretender que le hago un favor al decirle que No mires para abajo es una película que le explicará perfectamente porque vale la pena enamorarse de “una mina que tiene una concha alucinógena”.

viernes, 6 de julio de 2012

Mujeres grandes: definiciones



Así como la riqueza de una lengua permite a sus hablantes usar sinónimos para describir una misma característica, las palabras tienen distintas acepciones que hacen posible definir a un objeto o a una persona según el contexto. El siguiente es un ejercicio que juega con las acepciones de término “mujer grande”.

Era una mujer tan grande que le dieron una camiseta y la contrataron como letrero del edificio. Esta es la grandeza “fácil”, la típica, la que la mayoría de la gente identifica como gorda y la asocia con la grandeza de la fealdad, de lo asqueroso, de lo indeseable, muy probablemente porque les recuerda de un modo políticamente incorrecto que si el modelo social en el que viven produce estos “errores de la naturaleza”, en algún momento van a ser triturados por el o peor, que tendrían que incomodarse pensando en un cambio de paradigma.

Era tan grande que los antropólogos comenzaban a creer que era el eslabón perdido. Se busca modelo joven, menor de 21 años, con experiencia en demostración de productos de la industria automotriz, abstenerse de enviar CV si no cumple estrictamente con el perfil, podría ser la fórmula de un clasificado en la sección de empleos de un periódico tradicional, recordándoles a las mujeres inseguras que están cada día más cerca de los 25 que el gotero de sus vidas se está desocupando. 

Una mujer de alma vieja es también una mujer grande. Grande es esa que modifica su ambiente con su sola presencia, esa que obliga a pensar cada vez que quieren adivinarle la edad. La mujer grande no ve el futuro como una dimensión incierta en la que inevitablemente sufrirá su fecha de caducidad, por la misma razón celebra cada milagro que toca su camino con la alegría de un ruiseñor y la fuerza de las alas de un colibrí. La mujer grande no pisa duro porque sabe que hay más poder en un susurro sabio que en un grito a destiempo.

Eran tan grande que hasta la oscuridad le temía. Probablemente esta sea la mejor amante de todas. Siendo lo opuesto a las bonitas remilgadas, expertas en dejar pasar propuestas porque casi nadie está a su altura; esta mujer grande tiene una capacidad de gozo infinita. Sin embargo el asunto de que sea buena en la cama es poco más que accesorio, es más consecuencia pura de la consciencia que ha desarrollado para agradecer y bendecir todo, problemas incluidos.

Ella es capaz de animar hasta a un gay suicida porque le demuestra con hechos duros que la belleza física es marginal cuando se desean relaciones profundas y significativas, mas no lo engañaría, le podría explicar muy bien que una de las pocas alternativas posibles frente a la falta de simetría física tiene como fundamento la inteligencia, pues sólo quien desarrolla el ingenio puede hacer los mejores chistes, ser el bufón de la corte ilustre que les señala sus defectos y cobra por ello.

Espero haber dejado claro que el tamaño sí importa, por eso le deseo que sólo aparezcan mujeres grandes en su vida, eso siempre y cuando usted dé la talla.

lunes, 2 de julio de 2012

Habitacion en Roma, más carne y menos 3D

La limitación es la oscuridad que la creatividad necesita para poder iluminar. Cuando se juntan, cuando están presentes en el mismo escenario pueden dibujar un desastre pero también pueden construir una habitación en Roma, como lo hizo Julio Medem.

Si el nombre hace que una de sus neuronas grite al leerlo tal vez sea porque dirigió con erotismo mágico y exquisito Lucía y el sexo.

Alba y Natasha, como figuras a escala en un mapa del mundo se conocen poco antes de experimentar catarsis, carcajadas y canciones que las marcarán hondamente durante unos años, al menos.

Esta historia de dos mujeres, que además están desnudas casi toda la película, atraviesa momentos oscuros e incluso tabú, por ejemplo cuando Natasha habla de la excitación que puede despertar en un testigo una escena de abuso a menores, alejándola con fuerza de la típica película en la que personajes rotos se encuentran en lugares comunes y repiten clichés con dramatismo falso.

El guión, también escrito por Medem, se las arregla bien para despertar la curiosidad usando la historia ─clásica y medieval─, al tiempo que genera un poco de incomodidad cuando representa de un modo demasiado material los efectos de Cupido.

En esta época en la que las películas en 3D parecen reproducirse a la velocidad del spam, se agradece mucho la existencia de una película que asume el reto de contar una historia autolimitándose, apegándose a las condiciones que impone desarrollar toda la acción en una habitación de hotel y sus cercanías, entretanto echa mano de uno de los recursos más valiosos de los seres humanos, la imaginación.

sábado, 30 de junio de 2012

Hombres que sepan sumar


Gary Stewart

Desde que nos vendieron el cuento de que los treinta son los nuevos veinte y los cuarenta los nuevos treinta muchos han dejado para más tarde lo que parecía tener momentos fijos, así los hombres son cada vez más adolescentes con barba y tres consolas distintas de videojuegos, mientras las mujeres que a los cuarenta descubren que quieren ser mamás le hacen zancadilla a la adopción con ayuda de un especialista en fertilidad.

Quizás lo más fácil sea culpar a los empresarios que siguen los mandamientos del Dios Competitividad (ofrecen más por menos: más horas de trabajo por menos beneficios económicos) de la reticencia que enorgullece a tantos tipos a la hora de asumir compromisos, pero también podríamos achacársela a las jornadas largas de trabajo que parieron a los hijos de los 70’, los 80’ y los 90’ que, niñera televisiva mediante, olvidaron enseñar o lo hicieron sólo por los laditos, que al multiplicarse las opciones también lo hacía la responsabilidad.

Hace cincuenta o sesenta años la gente tenía alternativas escasas a la hora de buscar trabajo y era lo mismo con la pareja. La familia que tenía plata para educar a sus hijos esperaba que su prole siguiera la tradición generacional, así se creaban las empresas Martínez e hijos y se bautizaba a los vástagos con números, Carlos III o con tocayismos deformados, Pedro junior. En las casas donde los recursos eran menos abundantes y las necesidades más marcadas con que los retoños aprendieran un oficio y dejaran el nido pronto era más que suficiente. Estos cuadros son bien distintos del panorama presente.

En esta época que vivimos los campos producen, gracias a la tecnología transgénica, comida hasta para botar y negársela a los desnutridos, al tiempo que las multinacionales pagan billonadas para que la publicidad repita todos los días que el mundo es de los jóvenes bellos recordando, con las misma frecuencia, que a los ancianos hay que cremarlos lo antes posible. Frente a estos mensajes poco pueden hacer los project managers, los analistas de producción, los analistas de sistemas, los asesores de inversión, los especialistas en comunicación política y estratégica, y ni qué decir de los abogados especializados en patentes; bastante tiempo estuvieron con el culo en una silla y los dedos pegados a un teclado, en muchos casos más de cinco años, como para gastar la poca juventud que les queda follando durante media vida con una sola mujer, pagando una hipoteca y criando hijos los próximos veinticinco años.

El mensaje que se entrega con modelos de risa perfecta, fotografías retocadas y tipografía impecable es claro y contundente: antes muerto que viejo, así los hombres adultos contemporáneos ─una etapa que no se sabe bien a qué edad termina─ que se autodenominan profesionales exitosos se aferran a los juguetes y a las actividades que los definen, a todos los elementos que mientras estén presentes los mantendrán a una distancia segura de los escenarios horrorosos donde las relaciones estables, los hijos y los carritos de supermercado componen el conjunto de imágenes frecuentes.

Y entonces ¿a las mujeres qué nos queda?

Sin importar si el reloj biológico nos nubla o no el juicio racional el porvenir luce complicado. Construir una vida junto a alguien que está más preocupado por los avances que se harán en [inserte aquí el nombre de un videojuego muy popular] que en avanzar como ser humano no es una opción sensata, incluso si las bases de esa vida femenina giran en torno a viajes emocionantes o al adquirir destreza en la práctica de un deporte extremo, porque siendo realista ¿un tipo al que le crece la panza mientras cambia de consola y tiene sexo mediocre con una veintena de mujeres al año es el mismo con el que una se quiere ir de safari al África?

Acá el punto no es acerca de cambiar pañales o cambiar el carro cada año, todo se trata de elegir a un compañero de vivencias que sepa sumar a través de lo que ha experimentado, por ejemplo de mochilero o haciendo trabajo voluntario en la India, se trata de un hombre total y no de estar junto a un niñito asustado que se adaptó al mundo sin cuestionarlo.

Las mujeres grandes, grandes de formas diversas, las mujeres jedi, somos expertas en ignorar al tipo que se cree gran cosa mientras tiene cupo en la tarjeta de crédito para pagar el trago que emborrachará a su próximo polvo. Nosotras podemos ser expertas jugando Need for Speed o escalando, pero eso no nos hace apreciar más al que gasta toda su energía eludiendo el paso del tiempo en vez de hacerse amigo de él, pues ya sabemos que perdió la guerra desde el comienzo.

viernes, 4 de mayo de 2012

La hora del té para adultos

Ese lugar de donde saqué un video pornográfico de principios del siglo pasado aún tiene mucho para dar, por ejemplo este ejemplo de que la bisexualidad y la depilación no siempre han ido de la mano, a pesar de lo que muchas y muchos podrían creer.



jueves, 12 de abril de 2012

Sexo con extranjeros, tabú doble

En la patria madre o durante un viaje al exterior la tentación se viste de carne, proponiéndote que te metas a la cama con ese que nació lejos, no habla el idioma que mejor conoces o que, incluso, es de otra raza.


No se trata de una leyenda urbana ni de una posibilidad remota, basta con ir a tomar cerveza a la zona histórica de la ciudad o con salir con esa amiga que hizo un semestre afuera para que la aparición de rasgos y acento distintos enciendan nuestra curiosidad; hasta los menos sociales pueden ser puestos a prueba alguna noche mientras chatean en una sala dedicada a Bourdieu y observan con ojos golosos la webcam. La fruta deliciosa que quiere ser saboreada siempre está allí haciendo que nos preguntemos qué tan grande o grandes estarán, cómo decirles qué nos gusta, más si hablan otro idioma, y, muy en el fondo, si al hacerlo ofenderemos a alguien.

Incesto y buenas costumbres
Dicen los antropólogos, al menos algunos, que pocas prohibiciones son universales, no matar es una y no tener sexo con miembros de la familia es otra, sin embargo todos sabemos de un caso no muy lejano en el que un par de primos hermanos terminaron casados, hecho que desmiente las posibles consecuencias nefastas de buscar pareja lejos pero no tanto.

Hemos aprendido de nuestro entorno las costumbres, los gustos y hasta las opiniones. Se espera que nos comportemos de un modo específico y que respondamos a expectativas ajenas enormes, por lo tanto cada vez que nos separamos un poco de ellas, de lo normal, de lo esperado y, sobre todo, de lo decente, el castigo de nuestra tribu llega puntualmente, anunciado por miradas en blanco, por ejemplo cuando decidimos dedicarnos al arte y no a la ciencia o cuando salimos con un tailandés en lugar de hacerlo con un pastuso.

Y ya que estamos en Tailandia…
El turismo sexual que atrae a tantos hombres a Asia se ve con normalidad absoluta mientras que una mujer centroamericana en una relación con un portugués se convierte en el centro de atención de algún evento social porque a todos los europeos se los imagina como seres sucios, fríos y hasta aburridos, pareciéndose más a los alienígenas que a los humanos, así llega a ser aceptable que un hombre pague por acostarse con una asiática pequeñita y sumisa, pero no que una ecuatoriana encuentre a su alma gemela en Suecia.

De las mujeres, especialmente de las latinas, se espera que alabemos las cualidades, hasta las inexistentes, de los hombres de nuestro pueblo. A veces alcanzo a creer que esperan ser homenajeados mediante cirugías estéticas en nuestros cuerpos para poder sentirse más queridos, por eso cuando aparece una que se rebela al molde y se va, incluso del país, con un extranjero muchos la califican de traidora, comparando su falta con las violaciones que sufren las mujeres durante conflictos étnicos, ya que según muchos no se debe buscar afuera lo que se tiene, orgullosamente, adentro y en abundancia.

Si es diferente es malo y si es desconocido también
El sexo carga un equipaje muy pesado en gran parte por la religión y otro tanto por la cultura, al menos por la que nos rodea. A diferencia de ciertas prácticas africanas, que enseñan el acto carnal con modelos en vivo, aquí lo habitual es llevarlo a cabo detrás de una puerta cerrada y como también se cree que cualquier cosa que no se pueda hacer en público es malvada, pues el sexo pasa a la categoría de impureza, que sumado al hecho de ser disfrutado con un forastero lo convierte en una elección imperdonable o al menos necesitada de críticas.

Sexo entre muchos
Sospecho que cuando a los otros, a todas esas y todos esos que no hacen parte de una relación de pareja, se meten a opinar acerca de si una colombiana debería o no estar emparentada con un ruso, sólo están haciendo visible el miedo que sienten de que alguien más les quite lo que no tienen, porque las personas no son de nadie, ni siquiera del país donde nacieron, porque uno también es extranjero cada vez que sale de su país y, como si eso no alcanzara, esas criticonas y esos criticones terminan pareciéndose a algo que también detestan: los aficionados a las orgías, ya que se creen con el derecho, en ocasiones con el deber, de meterse en una cama donde nadie los ha llamado ni los necesita.

Esta entrada también aparece en la sección Al tablero de la revista Bakánica.


Artículos relacionados:


Blasfémina, más que un artículo un blog escrito alrededor del tema de la atracción que sentimos las mujeres hacia los extranjeros.

viernes, 23 de marzo de 2012

Una cita que no era cita


A veces, en tardes de fría distracción una mujer recibe una llamada para tomar café con un extraño, a veces esas circunstancias te sorprenden con una mala cita cuando creías haber llenado un espacio de tu agenda con un encuentro improvisado.

Ese día no me vestí buscando seducir a alguien, simplemente me cubrí con ropa limpia y cómoda para ir a trabajar, tampoco esperaba impaciente una llamada esquiva, ni un DM, ni un mensaje público en mi muro de facebook, en ese momento no había nadie que me gustara, ningún hombre a quien viera como una posibilidad real, por lo tanto su llamada me sorprendió.

Recientemente había pasado una época de vacaciones y antes de que comenzara, Jaime me había llamado para contarme que viajaría y decirme que a su regreso me buscaría. Las semanas pasaron y yo, tan metida como siempre en fantasías gastronómicas y turísticas, no me di cuenta de que ya era momento de su regreso. Una tarde me llamó para ponerse de acuerdo conmigo en la fecha, el lugar y la hora en que podríamos vernos para hablar un rato. Le propuse que fuera en una cafetería tradicional pero con onda que queda en el centro, él, un poco sorprendido y con voz risueña, aceptó. 

El día del encuentro, tan esperado como el de ir a hacer mercado, salí de la oficina hacia allá con demasiado tiempo, detalle que sólo noté cuando iba en camino. Lo llamé para avisarle que iba a llegar media hora antes, preguntando si él podría adelantarse también pero sabiendo que sería poco probable dada la poca antelación con la que le estaba haciendo. Jaime confirmó mis pronósticos y ahí comenzó su angustia. Entre las preguntas que hizo una o más veces estaban: ¿Estás segura de que no quieres que cambiemos la cita para que no tengas que esperarme? ¿De veras no te molesta esperarme? ¿Quieres ir a hacer algo en otro lado para que no llegues tan temprano y luego yo te espero a ti? 

Como casi siempre tengo la precaución de llevar material de lectura, por si tengo que esperar algo o a alguien, no me preocupó el tener un rato para mí antes de que llegara. Una de las, muchas, cosas buenas que tiene la cafetería que había elegido es que puedes sentarte a leer o escribir sin que los meseros te acosen con directas e indirectas, dejándote muy claro, que una mesa ocupada sin cuenta abierta es una desgracia para el dueño del negocio. 

Apenas llegué me antojé de escribir y no de leer. Saqué la libreta y el bolígrafo que llevaba ese día y comencé el borrador de una carta. En mente tenía a un amigo que nunca he visto y que tampoco sé cómo huele pero a quien algún día, cuando esté en su país quiero conocer. En ese estado mental imaginativo me encontró Jaime.

Tras un par de llamadas, diciéndome que para colmo se le había hecho tarde y por lo mismo había cogido un taxi, al que le rindió menos que recorrer el mismo tramo a pie, llegó luego de la hora acordada, más o menos cincuenta minutos después de que yo comenzara mi labor. Se disculpó copiosamente y dio inicio a su siguiente acto.

Estirando tanto como podía su cuello, clavándole una mirada incómoda a todos los meseros y todas las meseras que pasaban de largo en la hora pico del lugar, intercalaba frases como “quiero que nos atiendan pronto”, “quiero que te traigan algo de tomar” y “quiero un sándwich caliente de queso”, entretanto yo… yo lo veía y no sabía qué era lo que debía sentir frente a su comportamiento.

Un rato después, que a él le debió parecer eterno, porque lo cerró con la expresión “¡hasta que por fin!”, logró la atención de una mujer llena de paciencia. Le dijo que yo quería un té en agua con un cheesecake y para él pidió un sándwich caliente de queso con pan integral, ramarcándole que si no lo traía así, con pan integral, lo devolvería y que la gaseosa debía ser una Coca-Cola Zero y no Light, ah y también le recordó que debía traerle cubiertos. ¿Qué hace uno ante esa escena? Aún me lo pregunto.

Intenté seguir la conversación. Me contó que había tomado clases de saxofón pero que al final se había dado cuenta de que prefería otra profesión: la ciencia política. No osé decir lo que piensa la mayoría, al menos la pensante, que los políticos tendrían que ser una especie en vía de extinción y que mientras haya pobres habrá puestos comprados, decidí quedarme callada mientras pensaba a qué otros lugares llevar la charla.

Le pregunté si había viajado a algún lugar y respondió “a Turquía, allá probé los kebabs”, entonces me emocioné creyendo que estaba por comenzar una historia interesante, sin embargo remató con “pero nada que ver con el ajíaco, es lo mejor, cada vez que sé de un extranjero que viene a Bogotá le recomiendo un restaurante donde sirven uno buenísimo”. Por decencia le pregunté más, también me gusta el ajíaco, luego terminé de comer y dije que quería irme a dormir temprano. Él también se excusó por no poder seguir conmigo esa noche por algún compromiso que había arreglado con anterioridad, se disculpó otra vez por haber llegado tarde y repitió su rutina de cacería con la mesera. Alisté la plata para pagar mi parte y él con incomodidad la recibió.

Al supuesto Jaime, capaz de recitar de memoria versos de Federico García Lorca, sólo lo vi cuando quiso saber de qué se trataba la revista Orsai. El resto del tiempo fue un tipo de mi edad jugando a parecer más maduro que yo.

Artículo relacionado:

domingo, 12 de febrero de 2012

Ejemplo #845


A veces está bien tomarse a sí misma como punto de referencia de los defectos o, para decirlo menos feo, de las encantadoras manías femeninas.

El siguiente relato ilustra cómo funciona la mente de una mujer cuando se lleva dejar por el impulso oniomaníaco, más conocido como “el demonio de las compras compulsivas”:

Por trabajo debo leer completa una revista, no de modas, no de chismes, sino de tendencias arquitectónicas y artículos más bien técnicos. Decido que una forma de hacerme más amena la lectura incluye el uso de Post-it’s con algún diseño lindo; me voy a OfficeDepot “porque tiene cosas más lindas que Panamericana” y compro estos:


Pero la adquisición no ha sido al estilo cazador ─entrar, buscar, encontrar, pagar, salir─ sino parecida a merodear en el bosque imitando a Caperucita Roja. Durante el paseo entre góndolas llenas de cuadernos, bolígrafos, rotuladores y lápices de colores deslumbrantes he caído en las garras de una bruja…

Durante varios días, menos de una semana, he intentado convencerme a mí misma de que no la necesito, de que es cara, de que quién sabe cuándo la usaré, sin embargo, he averiguado acerca de su historia, el público objetivo al que está dirigida ─hasta siete años menos de los que tengo─, que comenzó en 1989, de su filosofía que pretende enseñar valores y del país que inspira el diseño actual: Rusia. Uso también el argumento de “es muy cara y ya vengo teniendo un montón de gastos ineludibles, realmente necesarios” y entonces ayer me bajé un par de estaciones antes, caminé hasta la papelería y la compré. Además me llevé un trío de micropuntas de colores.

Estuve algo así como quince minutos eligiendo entre las cuatro variedades posibles, externamente eran distintas, por dentro iguales, después verifiqué que tuviera plata suficiente para pagar mis caprichos y entre contenta y resignada me dirigí a la caja. Allí resistí el impulso de decir que el precio que había visto era otro ─más alto─, pero al sentir que la vida me premiaba y que en realidad los rotuladores me salían casi regalados, hice un esfuerzo para estar callada y pagué. Era claro que con el pasar de los días Pascualina ya no era tan cool y por eso costaba menos.

Ya saben que no hablo de ropa, ni de zapatos, sin embargo el proceso es MUY parecido. He aquí mi placer culposo.


Lo siento lector, a veces no tengo explicaciones para los acciones de las mujeres, sólo confesiones vergonzosas.