Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 29 de abril de 2011

Elogio del caballero

Si se ha preguntado más de una vez por qué las mujeres que le gustan se derriten por los canallas, es muy posible que sólo se esté fijando en retardadas emocionales.



Ver en la calle a parejitas adolescentes discutiendo hasta sentir vergüenza ajena, cuando alguno de sus integrantes se sienta en el andén con los codos apoyados en las rodillas, es casi normal, mientras que presenciar la misma escena con protagonista algo mayores comienza a ser enfermizo. Una situación similar se da cuando se observa a una mujer de más de 25 sufriendo desconsoladamente por un tipo que la controla o que sólo la llama cuando necesita sexo.

Acepto que la madurez emocional, partiendo del supuesto de que existe y es alcanzable a pesar de ser tan relativa, no se gana automáticamente gracias a la sucesión de cumpleaños sino que es una habilidad aprendida con esfuerzo; por las mismas razones entiendo con la cabeza que los ramos de flores parezcan a algunas piropos perfectos mientras que otras los encuentran vergonzosos, empero el asunto no es acerca de rosas o tulipanes.

Es muy frecuente encontrar historias en las que una muchachita se enamora irremediablemente de un monigote peludo y capaz de sacarle sonidos medianamente parecidos a los de las canciones del momento, ayudado por un instrumento de cuerda. Y el final es tan cliché como el comienzo. La peladita un día descubre que ese concierto privado que recibió y que creyó único era el método infalible del pseudomúsico para armar su club personal de fans. Nada de esto representa un problema, incluso se podría decir que esta serie de hechos conforman una etapa indispensable en el desarrollo emocional de una mujer. El problema viene cuando alguna no lo entiende y se queda en ella.

Así como todas las viejas después de los 13 años podemos relatar al menos una historia en la que nos desportillaron el corazón, cuando cumplimos unos cuantos más nos unimos al grupo de ex - víctimas  de artistas masculinos aficionados, que usando alguno de sus encantos (dibujos, canciones, poemas) nos ilusionaron y se aprovecharon de nosotras hasta que dejamos de permitírselos.


El momento en el que una vieja decide dejar de sufrir no es claro. Las instrucciones para alcanzarlo son casi tan ambiguas como las que se transmiten oralmente en las tradiciones que buscan salvarse o iluminarse, de ahí que a más de una le cueste tanto comprender que el amor no se expresa con desplantes ni mucho menos con golpes. Por el mundo anda más de una convencida de que ese tipo que le prohíbe tener amigos hombres, porque todos los hombres que hacen favores se la quieren comer, que le exige pasar con él todo su tiempo libre, porque de eso se trata la vida en pareja, y que la obliga a visitar a su familia, porque él la rescató de los buitres que la criaron, es afecto genuino y saludable. Esas mujeres, entretanto no aprenden a moverse por el mundo con los ojos abiertos y el olfato sensible, son víctimas de sí mismas.

La edad es lo de menos. Si una adolescente se da cuenta rápido de que ese novio que le prohíbe bailar lo hace porque no sabe y no aguanta verla divirtiéndose con otro que lo hace muy bien y porque no tiene confianza en sus otras cualidades, deja de ser tonta emocional. Igual ocurre, aunque de forma inversa, la estupidez emocional de esa que pasados los 40 no puede vivir sin su marido porque se dejó convencer de que una mujer sin un hombre al lado es media mujer, porque está segura de que esas que son capaces de andar solteras por el mundo, aunque sea sólo durante un mes, son criaturas con superpoderes.

(Aquí comienza la actualización. 03/05/2011)



Y las chicas superpoderosas sí son distintas.

Si bien no fueron fraguadas en una olla por un científico sí deben agradecerle parte de su identidad al contacto masculino.

Las mujeres jedi en su tiempo presente ven con naturalidad el tratamiento deferente, considerado que reciben de los caballeros, no importa si en algún momento pasado fueron maltratadas; aprendieron que permitirle a un hombre abrirles la puerta o pagarles la cuenta alguna vez no siempre implica un avance sexual sino que muchísimas veces es la forma que toma un homenaje a sus cualidades sutiles. De tanto encontrarse con tipos respetuosos comenzaron a exigirlos, a preferirlos y a creerlos una norma, al menos en los espacios que las rodean.

Las viejas emocionalmente inteligentes no sólo observan cuidadosamente los gestos de los hombres sino que los evalúan cada vez que están en presencia de otras mujeres. En lugar de agotarse considerando como rivales potenciales a las demás, las usan como grupo control para determinar si ese que les atrae vale los preparativos que implica el ritual de la cita romántica. Cuando las mujeres jedi descubren que ese candidato busca una barbie princesa y no una mujer real, pero que de momento se conforma con “lo que caiga” o “lo que llegue”, se retiran sin hacer escándalos porque hace tiempo comprendieron dos lecciones importantes: 1) soledad no es igual a tristeza; 2) la paciencia es ese preámbulo insoportable que siempre trae las mejores sorpresas, que a veces se presentan con forma de caballero.