Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

martes, 18 de enero de 2011

De cuando las mujeres ven pornografía


Elsa vende flores en un local que está cerca de una funeraria y tiene novio desde hace más de 2 años. En la cama les va bien pero a veces quiere innovar, cansada del misionero, el perro y la silla. Decide conectarse a Internet desde su casa para buscar otras posiciones.

Lo primero que encuentra es sexo oral, pero entre lesbianas. Piensa que es el colmo que lo primero que encuentra parece gritarle ¡pervertida! ¡degenerada! Suficiente con tener de novio a uno de esos hombres que evitan la pornografía del mismo modo que otros les huyen a las comedias románticas.

Respira hondo y sigue.

Ahora está en una página que tiene categorías: entre razas, gordas, peludas, puerta trasera y ahí de nuevo, las lesbianas. Ignora las imágenes homosexuales, se pregunta si raparse con cera dolerá, cierra los ojos para imaginarlo, luego encoge los hombros y agita la cabeza.

El cursor está sobre la escena de una pareja formada por un hombre rubio y una pelirroja, ambos tienen los ojos claros. Elsa hace clic y llega a una página donde las escenas tienen más detalles. 

La cámara está fija, la pareja comienza a hablar, no hay subtítulos y no comprende lo que dicen, al fondo parece sonar música con alguien cantando en inglés. El sonido es defectuoso empero deja comprender que los protagonistas respiran con agitación.

Sale la primera teta y hay mucho roce con ropa. Elsa piensa en su novio, en si llegará y la criticará  por estar haciendo algo que supone indebido, mira la puerta y vuelve los ojos hacia el monitor. La pareja ya está desvestida y ella le da una felación a él, pasan varios minutos, siguen, se distrae observando las pecas en los hombros de la amante, decide adelantar con el cursor,. La cámara que antes estaba desde la perspectiva masculina ha vuelto a su sitio inmóvil del comienzo. Antes de que se terminen los 8 minutos del video el hombre lame la vulva lampiña de la pelirroja. Elsa se queda con las ganas de saber si era o no natural.

Regresa al menú principal con curiosidad, con un poco de ansiedad entre las piernas, apenas un leve mariposeo, suficiente para seguir explorando.

Su atención es llamada por un juguete amarillo, no hay hombres en las imágenes iniciales pero no se detiene. El dildo de silicona luce inofensivo, la mujer en la pantalla sonríe y gime, gime mucho, hummmea demasiado. Elsa sabe que llegar a ese punto se tarda más.

Observa, no parpadea, juega con las manos, se lleva los dedos a la boca y los chupa un poco. La actriz también tiene el coño desnudo pero es extraño, a Elsa le parece distinto, al menos al suyo, porque tantos no ha visto y, en realidad, ninguno en vivo además del propio. Los labios, los pequeños, los de más adentro son oscuros, largos. Si ella cerrara las piernas quizás se verían, salidos, no habría que esforzarse para adivinarlos.

El video del arte solitario se acerca a su fin, la estrella grita más, todavía más, casi con el mismo ritmo de entrada y salida del juguete amarillo, la pantalla se oscurece y aparece publicidad acerca de contenidos similares.

Elsa mira su reloj de pulsera, son más de las 11, sale de Internet, apaga el computador y va directo a la cama. Deja la luz de la lámpara que está sobre su mesa de noche, enciende el televisor y busca una película erótica. Mete las manos debajo de las cobijas y luego saca una con sus calzones en ella, los tira al suelo y se relaja.

*Para conocer la historia de la foto haga clic aquí.