Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

lunes, 31 de octubre de 2011

Vale por...


La intención estaba pero el sueño no, es decir que por viajes recientes y responsabilidades asumidas hace poco hoy no pude publicar los contenidos que quería.

Esta entrada vale por alguna que crearé en el transcurso de esta semana.

Seguro voy a volver, simplemente, porque no sé vivir sin escribir.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Porno casi centenario


Muchas de las cosas que publico aquí las encuentro por accidente, sin estarlas buscando y con este video fue más o menos así. Esculcaba la red esperando hallar una foto de Madonna para actualizar esta entrada, cuando me sorprendió un video pornográfico de autor desconocido. 

La ficha dice que fue producido en 1925, año en el que muchas de nuestras abuelas no habían nacido, época en la que los actores se le medían a escenas lésbicas y gays.


martes, 13 de septiembre de 2011

¿Cómo reconocer princesas sin morir en el intento? Más pistas


A usted no le gusta encartarse con princesas y a mí tampoco. Si va a tener una amante o una compañera de vida dudo que quiera involucrarse con una mujer llena de dramas y asuntos sin resolver, por ende le interesará tener herramientas para huir prontamente de las menos equilibradas, concentrándose en las que realmente evolucionan e inspiran hazañas caballerosas. 

Buscando ayudarlo en su cometido le recomiendo ver uno o varios de los videos que aparecen en el siguiente enlace. Si los observa tendrá suficientes pistas de cómo actúan las princesas, especialmente las oniomaníacas cuando las posee el impulso comprador.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Anilingus famoso


Ahora no sé bien por qué guardé esta foto que compartió @lacajadelachina en Twitter, seguramente porque me pareció que les gustaría verla, porque muestra el vello púbico o vello vestigial que dejaron de lucir muchas mujeres de a pie, víctimas indirectas de las actrices pornográficas.

Intenté saber de dónde la había sacado y encontré esta otra foto:



Recuérdenla cuando les parezca asqueroso dar sexo anal pero les parezca exquisito recibirlo.

Si quedaron con ganas de más en esta galería encuentran otras imágenes de Madonna.

viernes, 8 de julio de 2011

Sexo sin amor



Usted se quiebra la cabeza pensando en cómo tener más sexo, pero sin enredarse en relaciones conflictivas que incluyen líquidos estrellándose con su cara o gritos femeninos en medio de la calle. Así se le van las horas.

Este artículo explica un poco lo que a veces menciono de las diferencias entre el cerebro de las mujeres y el de los hombres, así que es probable que le resulte útil en su búsqueda del polvo perfecto.


viernes, 1 de julio de 2011

Test del buen partido



Cuando una mujer inteligente se va a vivir con su pareja lo hace porque siente que ese personaje es el indicado. Usted, que no está en  la cabeza de ella probablemente quiere saber más, quiere pistas que le indiquen si es material “convivible” o no. 

Este test medio en broma, medio en serio le aclarará algunas dudas acerca de cómo lo ven las mujeres, si es un tipo que todas quisieran tener en casa o al que le sacan el cuerpo porque no quieren seguir criándolo.


*Entiéndase por Chango un ser aborrecible, ventajoso e inmaduro.

viernes, 24 de junio de 2011

¿Qué es ser hombre?


Las mujeres nos vivimos quejando de que los hombres no nos entienden. Decimos que son tan o más complicados que nosotras, así usted se esmere por lucir tan básico y natural como su humanidad le permite.

El tema de las diferencias de género me resulta tan entretenido que me llevó a abrir este blog y a bautizar al grupo de mujeres al que pertenezco como jedi, sin embargo ser mujer me distrae de lo que representa o significa ser hombre.

En el siguiente texto, aunque con varios errores de redacción, se cuestiona el excesivo interés que hay sobre la feminidad. Destaco la bibliografía. Parece útil para ahondar en un terreno casi virgen.


Léalo, opine, quéjese, escúlquese, eso le va a dar una identidad más afianzada, aspecto que resulta muy sexy.

viernes, 17 de junio de 2011

¿Son buenos amantes los hombres?

Esta declaración de principios parece haber sido escrita por una mujer en evolución: de princesa a mujer jedi o de víctima o dueña de su vida. En ella cita algunos de los errores más comunes que cometen los hombres cuando tienen sexo con una mujer. Si tiene razón o no es asunto de ustedes definirlo. El tiempo de lectura aproximado es de 2 minutos.



viernes, 10 de junio de 2011

Sexsonmnia o desorden erótico del sueño

Lo sé, este blog parece un campo baldío, pero si vieran mi libreta se darían cuenta de lo mucho que anda ocurriendo en mi cabeza, es más, les voy a mostrar.


Así como se acumulan textos, unos encima de otros, la lista de enlaces predilectos en mi explorador de Internet crece, sin parar.

Poco a poco les mostraré qué he guardado durante mi ausencia, temas acerca de sexo y mujeres.

En este artículo que pueden leer hoy se habla de uno de los desórdenes del sueño que impide descansar adecuadamente. Algunas mujeres creen que las erecciones matutinas de los hombres son puro cuento. Si se topan con una le pueden mostrar este enlace para intentar hacerla cambiar de opinión. El tiempo de lectura es de aproximadamente 5 minutos y está bastante bien escrito para lo que se suele encontrar en la red.


Si luego quedan con ganas de saber más acerca del sueño pueden consultar el streaming de sueños que hice para ver qué pasaba.


martes, 31 de mayo de 2011

Mis piernas están cerradas para ti


Las mejores fiestas son las privadas, esas que sólo tiene dos invitados, mas para llegar a ellas hay que pasar por citas exitosas, al menos medianamente, o sea ninguna como esta o las 3 siguientes.

Hace 15 ó 16 años, no lo sé con exactitud, me animé a romper una de mis reglas de supervivencia: no dejarme abordar por extraños.

El fulano me llevaba al menos 12 años. Tras preguntarme, vacilando, cómo me llamaba me pidió que me demorara, que no subiera al siguiente bus que podía llevarme a mi destino. Accedí, con reticencia, y minutos más tarde le di mi número de teléfono.

Su invitación a salir me valió un llamado de atención asincrónico y estéreo. Mi mamá y mi papá, cada uno por su lado, me advirtieron acerca de “los grandes peligros que representa el acto de darle el número de teléfono a gente que se conoce en la calle”. Respondí, alcé los hombros y el fin de semana siguiente salí con él.

Las imágenes se hacen borrosas cuando intento recordar dónde nos encontramos. La línea temporal comienza en una panadería - primer error - a la que me llevó caminando por falta de plata abiertamente declarada - segundo error -, mientras bebemos dos cafés que ayudé a pagar - tercer error - y yo escucho su trágico rompimiento con su última novia -¿necesito decir cuarto error?-.

Evitaré insultar su inteligencia señalando cada uno de los fallos de este personaje, a quien llamaré Juan Carlos, para que de modo similar al juego de encontrar diferencias entre dos ilustraciones aparentemente idénticas, usted se encargue del resto.

Juan Carlos, no contento contarme un recuento fidedigno de su despecho incipiente, me pronosticó como pareja ideal a un filósofo - él era periodista o eso decía - usando el argumento de que era muy compleja. Más tarde, cuando ya le había dicho que el son cubano me resultaba depresivo, prometió enseñarme a bailarlo en un futuro cercano.

Horas más tarde, porque en esa época era más ingenua, compartí mi fondo para emergencias con él pagando el pasaje de vuelta a nuestras respectivas casas.

Las amigas que tenía en ese entonces, que curiosas preguntaban si estaría dispuesta a perder mi virginidad con él, se tomaron muy en serio el “quizás” que por respuesta les solté. Supongo que gracias a ellas los Juan Carlos del mundo siguen teniendo con quien salir las noches de sábado.

lunes, 16 de mayo de 2011

Cómo pedir sexo y conseguirlo

Aunque es cierto que las mujeres somos complicadas, es cierto también que algunos hombres llegan a adultos sin saber cómo pedir favores sexuales porque el sentido común siempre los esquiva. Aquí una guía breve para pedirlo y tener más oportunidades de conseguirlo.

El momento indicado. Con indicado no me refiero a señalización tipo carretera ni área urbana, hablo de evitar acercamientos usando la técnica del disimulo. Acéptenlo, la sutileza no es uno de sus puntos fuertes, así que mejor no intenten entrar por atrás sin que ella se dé cuenta. No haga el ridículo que hizo el Dr. McNamara alguna vez en NipTuck.

La elección es clave. Mentir para conseguirlo es efectivo, pero en muchas ocasiones también sirve para conseguir problemas. Si está que camina por las paredes por culpa de ese celibato indeseado por favor no se desquite con una imitación mala de monja. Las Susanitas son su peor opción, ellas buscan relaciones a largo plazo, así, van por la vida haciendo casting de potenciales maridos (primero) y padres (luego). Si le promete amor eterno, casa de reja blanca, carro último modelo y golden retriever en el patio, sólo para comérsela, después vístase siempre con ropa vieja. Eventualmente vivirá una escena en la que una bebida aterrizará sobre usted.

Escuche, para eso la naturaleza le dio dos orejas. Aunque sea de vez en cuando deje de verle las tetas a la vieja que le gusta y préstele atención a lo que dice. Difícilmente conocerá el estampado de las sábanas de la mujer que le gusta si cuando ella le pregunta por el cuadro del que hablaron la semana pasada, usted le contesta que le encantaron los pajaritos.

Las conversaciones que tiene mentalmente con ella no cuentan. Muchas veces el miedo es su peor enemigo y por eso ni lo intenta; se queda imaginando qué tipo de ropa interior usa y cómo le gusta ser follada, pero cuando la ve sólo es capaz de hablarle de temas tan cotidianos y aburridos que ella termina evitándolo antes de que usted haya podido intentar algo. El “no” no mata, en serio, además alguna eventualmente le dirá que sí.

No le diga que se la quiere comer pero tampoco se las dé de poeta. Si los juegos de palabras no son lo suyo evítelos. Si realmente quiere algo en serio con esa que le gusta use el término hacer el amor, si no háblele de sexo. Expresiones como “quiero estar más cerca de ti” o “debes ser muy buena para todo lo demás” tienen una probabilidad muy alta de ser interpretadas como “quiere ser mi amigo / me está cayendo pero no sabe bien para qué me quiere / lo puedo buscar para llorarle cuando tengo ganas de hacer pataleta” y “está en busca de una pareja maternal / no sabe lo que quiere / en esto soy un desastre” respectivamente. Si la vieja con la que está hablando es madura e inteligente entenderá cuando le diga que quiere meterse en la cama con ella. Si es una niñita bruta lo siento, no puedo ayudarlo. Puede resultar con una manipuladora insufrible o quebrado y con 3 trabajos distintos.

Encuentre una pareja estable. Asegurar que las parejas tienen sexo todas las noches sería una mentira, mas es verdad que un tipo emparejado tiene muchas más probabilidades de practicar el ritual del apareamiento que uno soltero. ¿Recuerda todas esas noches que estuvo jugando Hans Solo? Supongamos que la mitad, siendo pesimistas, ese amigo suyo, que tiene una novia eterna, jugaba a lo mismo pero acompañado. Los derechos conyugales no son un conjuro que puede lanzar cada vez que tiene ganas, pero sí son un privilegio que puede disfrutar cuando está en una relación sana.

Coma callado. Haga lo que haga, si al final consigue verle la cara a dios con esa mujer que ama o con esa que tiene un culo delicioso, guárdeselo para las noches frías y solitarias junto a su imaginación. Piénselo bien antes de contarle su última faena a uno de sus amigos; ese respeto, esa envidia del otro puede regalarle tiempo extra en su próximo periodo de abstinencia, porque las mujeres preferimos a los caballeros.

viernes, 29 de abril de 2011

Elogio del caballero

Si se ha preguntado más de una vez por qué las mujeres que le gustan se derriten por los canallas, es muy posible que sólo se esté fijando en retardadas emocionales.



Ver en la calle a parejitas adolescentes discutiendo hasta sentir vergüenza ajena, cuando alguno de sus integrantes se sienta en el andén con los codos apoyados en las rodillas, es casi normal, mientras que presenciar la misma escena con protagonista algo mayores comienza a ser enfermizo. Una situación similar se da cuando se observa a una mujer de más de 25 sufriendo desconsoladamente por un tipo que la controla o que sólo la llama cuando necesita sexo.

Acepto que la madurez emocional, partiendo del supuesto de que existe y es alcanzable a pesar de ser tan relativa, no se gana automáticamente gracias a la sucesión de cumpleaños sino que es una habilidad aprendida con esfuerzo; por las mismas razones entiendo con la cabeza que los ramos de flores parezcan a algunas piropos perfectos mientras que otras los encuentran vergonzosos, empero el asunto no es acerca de rosas o tulipanes.

Es muy frecuente encontrar historias en las que una muchachita se enamora irremediablemente de un monigote peludo y capaz de sacarle sonidos medianamente parecidos a los de las canciones del momento, ayudado por un instrumento de cuerda. Y el final es tan cliché como el comienzo. La peladita un día descubre que ese concierto privado que recibió y que creyó único era el método infalible del pseudomúsico para armar su club personal de fans. Nada de esto representa un problema, incluso se podría decir que esta serie de hechos conforman una etapa indispensable en el desarrollo emocional de una mujer. El problema viene cuando alguna no lo entiende y se queda en ella.

Así como todas las viejas después de los 13 años podemos relatar al menos una historia en la que nos desportillaron el corazón, cuando cumplimos unos cuantos más nos unimos al grupo de ex - víctimas  de artistas masculinos aficionados, que usando alguno de sus encantos (dibujos, canciones, poemas) nos ilusionaron y se aprovecharon de nosotras hasta que dejamos de permitírselos.


El momento en el que una vieja decide dejar de sufrir no es claro. Las instrucciones para alcanzarlo son casi tan ambiguas como las que se transmiten oralmente en las tradiciones que buscan salvarse o iluminarse, de ahí que a más de una le cueste tanto comprender que el amor no se expresa con desplantes ni mucho menos con golpes. Por el mundo anda más de una convencida de que ese tipo que le prohíbe tener amigos hombres, porque todos los hombres que hacen favores se la quieren comer, que le exige pasar con él todo su tiempo libre, porque de eso se trata la vida en pareja, y que la obliga a visitar a su familia, porque él la rescató de los buitres que la criaron, es afecto genuino y saludable. Esas mujeres, entretanto no aprenden a moverse por el mundo con los ojos abiertos y el olfato sensible, son víctimas de sí mismas.

La edad es lo de menos. Si una adolescente se da cuenta rápido de que ese novio que le prohíbe bailar lo hace porque no sabe y no aguanta verla divirtiéndose con otro que lo hace muy bien y porque no tiene confianza en sus otras cualidades, deja de ser tonta emocional. Igual ocurre, aunque de forma inversa, la estupidez emocional de esa que pasados los 40 no puede vivir sin su marido porque se dejó convencer de que una mujer sin un hombre al lado es media mujer, porque está segura de que esas que son capaces de andar solteras por el mundo, aunque sea sólo durante un mes, son criaturas con superpoderes.

(Aquí comienza la actualización. 03/05/2011)



Y las chicas superpoderosas sí son distintas.

Si bien no fueron fraguadas en una olla por un científico sí deben agradecerle parte de su identidad al contacto masculino.

Las mujeres jedi en su tiempo presente ven con naturalidad el tratamiento deferente, considerado que reciben de los caballeros, no importa si en algún momento pasado fueron maltratadas; aprendieron que permitirle a un hombre abrirles la puerta o pagarles la cuenta alguna vez no siempre implica un avance sexual sino que muchísimas veces es la forma que toma un homenaje a sus cualidades sutiles. De tanto encontrarse con tipos respetuosos comenzaron a exigirlos, a preferirlos y a creerlos una norma, al menos en los espacios que las rodean.

Las viejas emocionalmente inteligentes no sólo observan cuidadosamente los gestos de los hombres sino que los evalúan cada vez que están en presencia de otras mujeres. En lugar de agotarse considerando como rivales potenciales a las demás, las usan como grupo control para determinar si ese que les atrae vale los preparativos que implica el ritual de la cita romántica. Cuando las mujeres jedi descubren que ese candidato busca una barbie princesa y no una mujer real, pero que de momento se conforma con “lo que caiga” o “lo que llegue”, se retiran sin hacer escándalos porque hace tiempo comprendieron dos lecciones importantes: 1) soledad no es igual a tristeza; 2) la paciencia es ese preámbulo insoportable que siempre trae las mejores sorpresas, que a veces se presentan con forma de caballero.

jueves, 31 de marzo de 2011

Del primer año y hombres con mentes sexuales

Hoy es el último día del mes en que se cumple un año desde la creación de este blog. Ya hay quienes deben saber que no celebro con exactitud ni ruido, por eso decidí escribir una entrada, a petición de uno de los lectores, para marcar el cierre de un ciclo.

Los lectores, incluido el “acosador” número uno de este blog, han gastado un poco de su tiempo leyendo una serie de textos que en conjuntos me sirvieron para entender las bitácoras temáticas, para divertirme y hasta para encontrar trabajo que pagara deudas. Gracias a todas y a todos, porque aunque cuando escribo pienso como si le fuese a hablar a hombres, más de una mujer ha pasado por acá para chismosear u opinar.

Ahora la entrada.



Cada vez que se reúne un grupo de mujeres en algún momento se toca el tema de los hombres. Solteras o emparejadas separan un poco de su tiempo para rajar del sexo opuesto, breve o largamente, intentando reducir la brecha que hay entre géneros y sacarle provecho a los encuentros entre ambos. En estas conversaciones suele decirse, en algún punto “los tipos siempre están pensando en sexo”, pero ¿por qué?
Recuerdo una escena deplorable que tuve que vivir cuando tenía entre 11 y 13 años. El solo hecho de que no sea capaz de fijar con exactitud el momento en que ocurrió prueba que no me traumatizó y que la memoria es un ente maleable. 

Estaba en el colegio y a mi curso lo habían llevado a ver una película en un salón dedicado a tales fines, me parece que por enésima vez nos hacían ver Jurassic Park. En cualquier escena, que había perdido el atractivo a fuerza de repeticiones, elegí distraerme y hacer vagar mi mirada entre mis compañeros. Miré hacia atrás para ver qué hacían los demás y allí estaba él, acostado boca abajo con las manos debajo de él a la altura de su pelvis, en uno de los escalones de más arriba, lejos de la primera línea de muchachitas y muchachitos más abajo, moviéndose de forma rítmica. No necesitaba haber visto antes a alguien en tal actividad para saber lo que hacía.

Quizás por ese recuerdo es que yo también creo que los hombres siempre piensan en sexo.

En cierta etapa del desarrollo femenino, y no me estoy refiriendo a la primera menstruación, nos encontramos de frente o por relatos con una escena similar, una en la que se hace evidente que mientras nosotras soñamos con ser arquitectas o cirujanas, ustedes piensan en ser astronautas o bomberos asediados por mujeres.

La evolución programó a los machos para fertilizar a varias hembras, pauta que los hizo propensos a pensar en el apareamiento de forma constante, allí puede estar una de las explicaciones. Nosotras creemos que como la naturaleza los construyó para poder follar cada vez que una potencial pareja entra en celo, sus cerebros siguieron la tendencia, por eso piensan en tirar todo el día.

La explicación anterior es muy de mujer jedi, pero ya sabemos que no todas son así, por suerte. Veamos otra que apliqué para otro tipo de viejas.

Usted quiere quedar bien con una amiga a la que se le dañó el computador y tiene que enviar un archivo urgente, entonces le ofrece usar el suyo. Cuando ella abre el explorador de Internet encuentra entre sus enlaces favoritos varios que llevan a páginas pornográficas, a lo que sigue un atajo mental en el que ella lo declara depravado sexual.

Sospecho que el tema no se trata de que los hombres siempre estén pensando en sexo, ni mucho menos que se trate de que tienen más ganas todo el tiempo; al menos en las culturas latinas creo que es un asunto de educación. El doble esquema hace que mientras los tipos crecen se les anima a explorar su sexualidad; a nosotras, en cambio, nos preparan para ser recatadas y sumisas. No se trata de que a las mujeres les interese menos el sexo, se trata de que nos enseñaron a mantener la mayor parte de nuestra intimidad en privado. Más tarde, cuando podemos decidir si hablamos o no del tema, arrastramos los hábitos que nos inculcaron de más jóvenes.

En las reuniones femeninas, formales o informales, suele haber un punto en el que se habla de toallas higiénicas, tampones, ropa interior y métodos anticonceptivos. Con los años estas conversaciones han cambiado de tono, aumentando el número de detalles y disminuyendo el rubor natural en las mejillas de las participantes, sin embargo siguen siendo espacios, mal o bien, prohibidos para hombres.

La tendencia conservadora de perpetuar las diferencias entre hombres y mujeres, cubriendo muchos aspectos de la naturaleza femenina con un velo de misterio se presta para confusiones y distorsiones, es por eso, entre otras razones, que me gusta contarles a los hombres lo que pasa entre nosotras en su ausencia. Es claro que para ustedes los estímulos visuales son más efectivos a la hora de excitarlos, mientras que a nosotras nos calienta más una voz linda que habla de temas interesantes, de allí, en parte que la pornografía destinada a nosotras tenga más casos de fracaso que de éxito, entonces, si hay más pornografía para hombres que para mujeres, ¿no es obvio que la cantidad de conversaciones que giran en torno a este tema sean proporcionales?

La respuesta a la pregunta no es fácil, no es definitiva. Este es un intento vago por responderla, sin embargo creo que puede arrojar algunas luces sobre las dudas. Quizás sólo sea un tema de que los hombres siempre han hablado abiertamente acerca de todas las viejas que los comieron – porque ustedes son los comidos, acéptenlo -, sin importar si eran reales o imaginarias, mientras nosotras seguimos los designios de la naturaleza o los de una cultura que nos convirtió en damas sin memoria… al menos delante de los caballeros.

sábado, 19 de marzo de 2011

La dimensión desconocida de las pijamadas

La costumbre femenina de reunirse en las noches en una casa para hacer no se sabe bien qué tiene todos los elementos necesarios para despertar la curiosidad de algunos hombres, sin embargo la realidad puede ser muy decepcionante.

Es frecuente que los tipos se imaginen experimentos lésbicos al relatárseles que un par de viejas pasaron la noche juntas en una cama; lo hacen con la misma velocidad que nosotras somos capaces de ver un futuro completo al lado del hombre que nos gusta, cuando sólo nos ha dicho “mucho gusto, Armando”.

Cualquier época es buena para una pijamada

Ver tantas películas gringas tal vez le haya hecho creer que las pijamadas sólo hacen parte de la vida de las mujeres durante un breve lapso, mas no es así. Los grupos que se reúnen para hablar de sus vidas no tienen limitaciones de edad, aunque sí de afinidades, por eso no es habitual que las viejas preocupadas por los tratamientos de belleza se junten con las que se derriten por la literatura.

Decidir cuándo se realizará un evento de estos no depende tanto de ese numerito que le gusta consultar en el tablero de su reloj, sino de fluctuaciones emocionales importantes. Las llamadas comienzan a hacerse cuando se sabe de la llegada al país de una amiga largamente expatriada, al aparecer un cortísimo sms en el que se lee “Ricardo y yo ya no estamos juntos” o un escueto “Conocí a alguien.”; creer sin embargo que todas las pijamadas se preparan con antelación es un error. Es más corriente que las salidas de sólo mujeres terminen en encuentros improvisados en el hogar de una de ellas que en bares de streaptease

La comida, elemento importante

El helado, los chocolates, las galletas, los postres, el trago y las bebidas calientes pueden encontrarse en las pijamadas de las mujeres, que a veces se sientan a ver, aunque no a escuchar una película, porque la vida real siempre es más interesante e importante.

En torno a los alimentos se entrelazan hebras cadentes, flexibles y difíciles de seguir, justo como las conversaciones femeninas, que muchas veces tienen como propósito ayudarnos a madurar. El acto de hablar no sólo nos permite liberar endorfinas sino que nos ubica en posiciones nuevas con relación a situaciones difíciles, dándonos herramientas extra para manejarlas.

Pijamadas, la versión contemporánea de los costureros de las abuelas

Es cierto que en los días que vivimos es poco frecuente que un grupo de mujeres se reúna para tejer la clásica secuencia “punto-cadeneta-chisme”, en parte porque más de una pretende igualar a los machos bebiendo cocteles dulzones con sus amigas hasta olvidar su nombre, pero también hay otras razones. Hoy en día el trabajo manual se considera marginal porque perdió su valor reflexivo y artesanal, se ha transformado en una tarea despreciada.

Si bien en las pijamadas prevalecen los productos comprados en el supermercado, y rara vez alguna asistente prueba a ver cómo les sale la receta del postre de tres leches, sí se hacen tarea manuales que incluyen la magia a algún nivel. Las mujeres más jóvenes o más tímidas o más ignorantes juegan con tijeras amarradas a cuadernos y con tablas ouijas hechas de papel, entretanto las más viejas o más atrevidas o más sabias practican la lectura del cuncho del chocolate, las hojas del té, las runas y, por supuesto, las cartas del tarot.

File:TavoloDivinazione.png

Confesiones postorgásmicas

La creencia de que en los costureros contemporáneos se descubren secretos que los hombres cuentan a las mujeres en sus momentos postorgásmicos es cierta. Para nosotras no es extraño presenciar episodios en los que tenemos la posibilidad de escuchar a dos o más mujeres relatando menús sexuales y animándose a reunirse una próxima vez, para intercambiar impresiones acerca de sus experiencias con técnicas eyaculatorias que antes desconocían.

Las putas de la competencia

Es vergonzoso pero cierto: cuando un grupo de viejas se reúne a hablar, tarde o temprano surge el tema de aquellas que “seguro se acostaron con alguien para estar donde están, porque a punta de puro mérito no iban a lograrlo”.

Las pijamadas hacen parte de los variados escenarios en los que se evidencia la eterna competencia entre mujeres, que difícilmente podrá ser resuelta de algún modo racional o a los golpes, como a veces deciden hacerlo usted o sus amigos.

Quizás nuestro comportamiento se deba a la sensación xenofóbica que experimentamos cuando una “tribu” diferente a la nuestra saca provecho de recursos –empleos, oportunidades, salarios, atención masculina…– que podrían beneficiarnos.


La próxima vez que escuche a un grupo de mujeres hablando de una reunión sin hombres recuerde que mientras usted imagina media hora de una producción pornográfica de presupuesto moderado, ellas se preparan para improvisar conjuros mágicos, descuartizar con palabras a sus congéneres, tomar notas acerca de prácticas sexuales, medir tamaños y establecer usos de los corazones masculinos.

jueves, 10 de febrero de 2011

Isabel y el cibersexo

Hace mucho que Isabel dejó de ser una virgen de 15 años, por eso sus fantasías no tienen nada que ver con penetraciones.

El apodo que usa en el grupo virtual “Exploradores sexuales” es Cleopatra, así, sólo, sin el 54 al final que la amarra a otros lugares. Se registró en el 2007 siendo una mujer emparejada con un hombre al que espiaba cuando veía pornografía. Ella nunca le ocultó su gusto por imágenes de ese tipo pero él, que toda su vida se había estrellado con mujeres que ponían gesto de asco cada vez que les insinuaba la posibilidad de ver una película de esas juntos, decidió ocultar su afición al cine rojo para evitar silencios desagradables y mejorar la expectativa de vida de su relación.

Isabel descubrió esa parte de Ricardo por un accidente intencional.

Entretanto ella terminaba de bañarse tarde en domingo, sonó el timbre avisando la llegada del almuerzo. Ella le pidió que abriera; él luego de emitir un gruñido corto se levantó de su silla y fue hasta la puerta. Aprovechando la transacción  Isabel se asomó a la pantalla de su computador para ver qué mantenía tan entretenido a Ricardo. Se encontró con una pareja que lo hacía en posición de cuchara de modo expresivo pero silencioso. En cuanto sintió que la puerta se cerraba regresó al baño para fingir que se secaba el pelo con la toalla.

Una hora más tarde, cuando Ricardo se chupaba los dedos y saboreaba el postre, Isabel apagó el televisor sin avisar, luego lo miró con esa expresión que él ya entendía.

Cuando había pasado el brevísimo cunnilingus y ella había sentido la acostumbrada mezcla entre desespero y rabia, porque Ricardo aún no aprendía a dejarla llevar el ritmo, insistiendo en hundirla  entre las piernas de él; llegó el momento de recibirlo dentro de ella. En un tono distinto al acostumbrado Isabel le dijo “ levántate del sofá” y luego se acostó dándole la cara al respaldo, entonces le dijo “métemelo así, quiero darte la espalda”. Él primero sintió vacío en el estómago, la posición era la misma que había visto antes de almorzar, empero hasta ahí le llegó el impulso racional, la presión que sentía entre las ingles era muy fuerte y no lo iba a dejar con las ganas de liberarla. Adoptó la postura, embistió y estalló rápidamente, en el momento en que Isabel apenas subía la colina moviendo sus dedos índice y corazón entre sus labios verticales. Ahí le pidió que se detuviera pero sin salir, así ella podría mantener su atención fija en cómo se hinchaba por dentro hasta también reventar.

Esa vez el silencio post-sexo fue más sólido. Ricardo no preguntó por la casualidad y tampoco Isabel usó sus palabras para hacer reclamos; en ese momento decidió darle el espacio necesario para elegir películas y escenas nuevas. Ella sabía que si lo dejaba explorar libremente se daba a sí misma la ocasión de husmear y excitarse para luego buscar satisfacción a solas.

Las escenas siguientes, según las recuerda Isabel fueron divertidas en su mayoría, sin embargo el protocolo de Ricardo, que insistía en darle un cortísimo lengüetazo a su clítoris, para luego hacerle ojitos y ponerle la cabeza sobre su entrepierna la mantenía insatisfecha, al tiempo que cultivaba su frustración.

Otro domingo, en el que se había negado a jugar a la novia accesorio en un brunch con la familia de Ricardo, Isabel se quedó revisando el historial de su navegador de Internet, esperando encontrar alguno de esos sitios que le daban ideas para poner en práctica sola o en compañía. Tal vez era una pérdida de tiempo, seguramente él se aseguraba de borrar todas las huellas de su actividad al terminar cada sesión, pero igual podía intentar.

Llevando la barra lateral hasta el final encontró una fecha que parecía muy lejana, dió clic y ahí estaba, el nombre no era ambiguo, clic otra vez y ya estaba en las escenas iniciales de un video que había encontrado a la mitad una noche en la que él salió a fumarse un cigarrillo. Se acomodó en la silla, amplió el video hasta que ocupó todo el monitor, lo vió, se mojó, se tocó, gimió y se vino. Quedó con ganas de más, pensó en llamarlo y después se arrepintió. 
Alegre de tener un portátil y no un computador de escritorio, se abotonó el jean, desconectó el aparato y se lo llevó a su cama; lo acomodó en el lado de Ricardo.

Exploró las opciones que le sugería el menú que aparecía debajo del video y eligió la imagen de una mujer que era masturbada por una mano anónima. Siempre había deseado que un amante la tocara hasta llegar; todos los de su pasado estuvieron más interesados en tocarse con lo que tenían a su alcance, ella incluida.

La calidad del video era buena, se enfocaba en la vulva de la actriz y en las reacciones que generaban los movimientos de la extremidad masculina.

Lo observó completo, con gusto y tuvo un orgasmo nuevo, más fuerte que el anterior.

Pasaron dos semanas. se venía un curso de la oficina de Ricardo que lo sacaría de la ciudad. Él quiso que Isabel fuera, ella aceptó y se llevó su computador para entretenerse cuando él no estuviera cerca.

Mientras él hablaba, terminado el almuerzo, con sus amigos de la oficina, ella aprovechó la disculpa de la siesta para registrarse en el grupo. El camino a ese lugar virtual fue tan raro como predecible. Después de haber visto un video en el que un hombre usando un dildo estimulaba a una rubia, buscó un sitio para comprar uno parecido. Las revisiones del producto que habían hecho las compradoras más recientes mencionaban el grupo y las técnicas que aprendieron allí, el resto fue seguir instrucciones.


Al tiempo que Ricardo contaba lo bien que estaba con Isabel ella creaba el perfil que cautivaría a Nicolás. Él llevaba 2 años largos participando en las discusiones, encontrándose con Afrodita24, Venus35 y Gabrieliiita, usando cámara web y firmando Sinmemoria.

La descripción escrita por Isabel era muy simple: tetas redonditas, pubis cuidado y ganas de ser masturbada por un extraño. Cuando Nicolás la leyó se puso duro, eyaculó y luego le envió un mensaje privado dándole la bienvenida; a ella le pareció extraño que le llegaran tantos mensajes tan rápido, pero no se sorprendió por el tono subido de la mayoría. Fue justamente la parquedad de las letras de Nicolás la que logró llamar su atención.

Más o menos tres semanas después del viaje, cuando sólo era recordado por las fotos de los asistentes en sus vestidos de baño, Isabel aceptó tener sexo virtual con Nicolás. Aunque había leído montones de consejos acerca de cómo proteger la identidad sin perderse la diversión, sus miedos y prejuicios eran más fuertes que las ganas. Al comienzo sólo chateó con él; una hora más tarde en los parlantes del computador se escuchaba una respiración masculina entrecortada. Isabel sonreía generosamente en silencio.

Los cinco días que siguieron a este encuentro fueron deliciosos y preocupantes para Ricardo. El sexo con Isabel se pareció durante ese periodo a un viaje incansable en el que cada jornada era usada para recorrer la geografía conocida de un modo distinto. Él estaba disfrutando a pesar de que le molestaba verla cada vez menos dispuesta a lamerle su sensible apéndice.

Se cumplía algo más de un mes desde la entrada de Isabel a Exploradores sexuales. En ese punto se sentía lista para permitirle a un desconocido ser testigo de la excitación de su cuerpo.

Sabía que la clave estaba en acomodar la cámara web de modo que sólo se viera del cuello hacia abajo, por eso hizo pruebas antes de entrar al chat. Convencida de que era el momento, porque ya quería hacer propias otras experiencias, le avisó a Nicolás que activaría la función de video para que pudiera verla con detalles pero sin identidad. Él, con temperatura de fiebre, aceptó.

El encuentro fue torpe, caprichoso, húmedo y curioso. Isabel gozó viendo una verga nueva que no le gritaba “chúpame ya”, Nicolás se alegró al comprobar que el perfil de ella no era publicidad engañosa.

Fueron necesarios ocho encuentros, repartidos en varias semanas, para que Isabel se animara a proponerle a Nicolás algo más arriesgado: un encuentro.

La noche que Nicolás escuchó la idea se alteró. Estaba tan acostumbrado a la intimidad digital que esa de carne y olores se le antojaba amenazadora. Sin embargo, después de dudar mucho aceptó.

Una noche que Ricardo trabajaría hasta tarde Isabel se encontró en un café con Nicolás. Estando a punto de salir dudó; se sentía algo indispuesta por un resfrío nacido en la mañana, empero eran más las ganas de vivir un juego previo largo, hecho de caricias invisibles interminables, casi eternas.

Vestida de valentía y con encaje debajo de la ropa buscó al hombre con bufanda gris sentado en una mesa cerca de la puerta. Nicolás le invitó un café con licor que ella apenas probó. Quería estar tan lúcida como fuera posible para llevar a término su aventura personal. Luego de 18 minutos asfixiantes, soportando la nube de humo que entraba al lugar, proveniente de los fumadores en la terraza, Isabel acabó con el suspenso y le pidió que la llevara a su casa para comenzar.

Nicolás tiró unos billetes sobre la mesa y siguió a Isabel que ya estaba en la calle esperándolo. Él le indicó con suavidad el recorrido, sólo debían caminar tres cuadras para llegar. Ella no sabía, pero ese olor a piedra húmeda del edificio donde él vivía se le calcaría en la memoria.

Apenas cruzaron la puerta el aire de incomodidad invadió el espacio, pero no fue suficiente para enfriarles la sangre.

Él le ofreció un trago y ella le propuso oír algo de música, jazz estaría bien, suave. Entonces comenzó la obra.

Animada, decidida, decidida aunque asustada eligió la poltrona en la sala exigua de soltero. Él cerró las cortinas, trajo una lámpara de su habitación, la encendió y apagó la luz del techo. Ella dejó su cartera en el suelo y colgó su abrigo sobre uno de los brazos, se desabotonó el pantalón y lo miró, pero no a los ojos.

Él indicaba y ella atendía. La carne debajo del pantalón de él crecía, se mordía los labios ella.

Isabel bailaba sentada, se retorcía, se rozaba los pezones encima de la blusa, a esa altura duros y evidentes.
Nicolás hacía frecuente el ruido de la ropa mientras al fondo una trompeta discutía.
“Me lo voy a sacar, no aguanto más” le advirtió él, ella asintió y contestó “entonces me voy a quitar la blusa y me voy a meter los dedos”, él se reventaba, ya casi...”quiero tocarte”, ella “¡no!, el trato es sin contacto”. Caliente, sin autocontrol él “está bien”. No, no está bien, no estaba bien, ella era demasiado sexo, demasiada turgencia para que estuviera bien no tocarla.

Nicolás apostó. El brillo casi rojizo en los ojos de Isabel le hacía creer que no lo apartaría. Quería venirse dentro de ella o al menos encima de ella. Ella lo dejó acercarse, lo veía erecto, atractivo y listo. Él se puso de rodillas y le buscó una mano, se la puso en su miembro maduro para dirigir el movimiento, ella se dejó, continuó el acercamiento, el de él buscando el de ella y...

Segundos, ella lo soltó, se cubrió mal, como pudo, movió la cabeza, se levantó con torpeza, entretanto él la miraba extrañado. “¿Qué pasa?”, ella no sabía cómo decírselo, no quería resaltar más su vulnerabilidad. “No, hoy no, aún no puedo.”

Ya en la calle buscó un taxi, se subió y comenzó a escarbar en su cartera hasta encontrar un tubo blanco. Tras abrirlo y ponerse unas gotas del contenido en las manos se las frotó alterada. Luego lo guardó y se las llevó a la nariz para aspirar con fuerza el aire a su alrededor. Una sola idea la invadía, una sensación “¡qué olor!, ¡cómo no pensé!” 

Ricardo, ah sí, él no era mejor. Isabel lo abandonó cansada de su pereza en la cama, cualidad con la que pretendía seguirle haciendo el amor durante años enteros.

miércoles, 2 de febrero de 2011

De novelas rosa y penetraciones con verduras

Hace años, cuando el Círculo de Lectores no se parecía a una leyenda como La llorona sus revistas llegaban a mi casa. Yo pasaba ratos largos observando las imágenes de las portadas y leyendo nombres de autores sin diferenciar entre los famosos y los desconocidos, para mí todos eran iguales, unos suertudos. Todos ellos vivían de hacer algo con lo que yo sólo soñaba: escribir profesionalmente.


Un nombre que siempre me llamaba la atención era Johanna Lindsay. La razón es fácil de adivinar, muy narcisista en realidad. Creía que al llamarme como ella ya tenía un paso ganado en mi camino hacia las letras. Ella es la autora de “novelas para mujeres”, un género al que nunca me he acercado, al menos no a fondo. Sigo sin leerla a ella o a Jane Austen, aún creo que el contenido de esas obras está hecho para personas que quieren salir de su cotidianidad a través de textos eróticos y fantasiosos. No sé si me equivoco.

Como millones vi varios capítulos de Sex and the city y otros tantos de Lipstick Jungle, sin embargo no con la religiosidad que caracteriza a otras televidentes. Quizás porque la transmisión de un nuevo episodio de estas series no era para mí un evento ineludible pude darme cuenta de que los personajes impecablemente vestidos no estaban tan bien construídos como los de otras historias, tal vez también se deba al hecho de que llegué a esas historias a través de las imágenes, y no de las palabras, que no siento especial conexión con esas mujeres, aunque también podrían ser los años. Ya no estoy en los 20.

Mientras preparo los capítulos siguientes de la novela que estoy escribiendo leo varios libros, me acerco a otros y planeo futuras lecturas. Entre el material que he recopilado para abordar esta tarea reencontré un libro de la autora australiana Linda Jaivin que se llama Cómeme. La traducción que estoy leyendo es española. Ya era tarde, más o menos la página 40, cuando pensé en leer el original en inglés. El libro es tan entretenido y el trabajo que hay detrás de la formación de sus personajes tan concienzudo que no quise releer todo lo que llevaba. Era más fuerte la curiosidad.

Cómeme arranca con una historia erótica escrita por Philippa una de sus cuatro protagonistas que, a diferencia de los tibios rasgos que caracterizan las portadas de la literatura rosa, no tiene vergüenza al contar detalles de penetraciones con frutas y verduras. 

El libro en español se puede bajar de acá o de acá

Entretanto le echan una ojeada o se deciden a leerlo completo, seguiré organizando una entrada acerca de las pijamadas y lo que en realidad pasa en ellas.

martes, 18 de enero de 2011

De cuando las mujeres ven pornografía


Elsa vende flores en un local que está cerca de una funeraria y tiene novio desde hace más de 2 años. En la cama les va bien pero a veces quiere innovar, cansada del misionero, el perro y la silla. Decide conectarse a Internet desde su casa para buscar otras posiciones.

Lo primero que encuentra es sexo oral, pero entre lesbianas. Piensa que es el colmo que lo primero que encuentra parece gritarle ¡pervertida! ¡degenerada! Suficiente con tener de novio a uno de esos hombres que evitan la pornografía del mismo modo que otros les huyen a las comedias románticas.

Respira hondo y sigue.

Ahora está en una página que tiene categorías: entre razas, gordas, peludas, puerta trasera y ahí de nuevo, las lesbianas. Ignora las imágenes homosexuales, se pregunta si raparse con cera dolerá, cierra los ojos para imaginarlo, luego encoge los hombros y agita la cabeza.

El cursor está sobre la escena de una pareja formada por un hombre rubio y una pelirroja, ambos tienen los ojos claros. Elsa hace clic y llega a una página donde las escenas tienen más detalles. 

La cámara está fija, la pareja comienza a hablar, no hay subtítulos y no comprende lo que dicen, al fondo parece sonar música con alguien cantando en inglés. El sonido es defectuoso empero deja comprender que los protagonistas respiran con agitación.

Sale la primera teta y hay mucho roce con ropa. Elsa piensa en su novio, en si llegará y la criticará  por estar haciendo algo que supone indebido, mira la puerta y vuelve los ojos hacia el monitor. La pareja ya está desvestida y ella le da una felación a él, pasan varios minutos, siguen, se distrae observando las pecas en los hombros de la amante, decide adelantar con el cursor,. La cámara que antes estaba desde la perspectiva masculina ha vuelto a su sitio inmóvil del comienzo. Antes de que se terminen los 8 minutos del video el hombre lame la vulva lampiña de la pelirroja. Elsa se queda con las ganas de saber si era o no natural.

Regresa al menú principal con curiosidad, con un poco de ansiedad entre las piernas, apenas un leve mariposeo, suficiente para seguir explorando.

Su atención es llamada por un juguete amarillo, no hay hombres en las imágenes iniciales pero no se detiene. El dildo de silicona luce inofensivo, la mujer en la pantalla sonríe y gime, gime mucho, hummmea demasiado. Elsa sabe que llegar a ese punto se tarda más.

Observa, no parpadea, juega con las manos, se lleva los dedos a la boca y los chupa un poco. La actriz también tiene el coño desnudo pero es extraño, a Elsa le parece distinto, al menos al suyo, porque tantos no ha visto y, en realidad, ninguno en vivo además del propio. Los labios, los pequeños, los de más adentro son oscuros, largos. Si ella cerrara las piernas quizás se verían, salidos, no habría que esforzarse para adivinarlos.

El video del arte solitario se acerca a su fin, la estrella grita más, todavía más, casi con el mismo ritmo de entrada y salida del juguete amarillo, la pantalla se oscurece y aparece publicidad acerca de contenidos similares.

Elsa mira su reloj de pulsera, son más de las 11, sale de Internet, apaga el computador y va directo a la cama. Deja la luz de la lámpara que está sobre su mesa de noche, enciende el televisor y busca una película erótica. Mete las manos debajo de las cobijas y luego saca una con sus calzones en ella, los tira al suelo y se relaja.

*Para conocer la historia de la foto haga clic aquí.