Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 10 de diciembre de 2010

29 años y dejando de contar... - Parte 3



...Después de hablar un rato me permitió quitarle el pantalón e hice los mismo con el mío. Ella empezó a acariciarme sobre el bóxer al tiempo que comenzaba a quitármelo. Mientras me masturbaba le insistí para que me permitiera quitarle la ropa interior, esos cacheteros que quería arrancarle a dentelladas. Se resistió inicialmente, pero luego como por arte de magia se los quitó sin que yo hiciera mayor esfuerzo…

Ahí estaba ella, completamente desnuda, tan tierna y tan excitante. Empecé a besarla por todos lados, pero aún se resistía un poco y cubría su intimidad con una de sus manos. Luego algo en mí se encendió. Mientras besaba el interior de sus muslos, a medida que subía, retiré su mano con fuerza, tan sólo acerqué mi rostro, como queriendo reconocer el área. La toqué tímidamente con la lengua y mi concepto de sexo oral me llevó a introducir la lengua lo más hondo que pude, sin embargo me agarró del pelo y me dijo “más arriba”. Entendí de inmediato sus palabras y repentinamente me encontré masajeando con mi lengua, palpando con mis dedos, escuchando sus sonidos, olfateando, saboreando... todo mi cuerpo estaba en una especie de sincronismo perfecto con los sentidos puestos en ella.

Sentí como sus piernas aprisionaban mi cabeza con una fuerza abrumadora y al levantar la mirada comprendí la razón: sus sacudidas… 

Su abdomen y sus brazos se tensaban una y otra vez, sus ojos se ponían en blanco, parecía respirar con esfuerzo y su rostro se transformaba como si en lugar de sentir placer experimentara dolor… En ese momento comprendí que en una mujer el orgasmo no es la máxima expresión de placer, es la pérdida del control de su cuerpo para alcanzar el nirvana por unos instantes…

Nuevamente descansamos, nuevamente hablamos y esta vez me pidió estar dentro suyo. 

Tuve mucho miedo. 

Estando sobre ella me guió para encontrar el camino correcto. Al comienzo intenté hacerlo lo más lento y suave posible porque tenía miedo de acabar antes de tiempo, luego pasé de tener movimientos delicados a embestirla con toda la fuerza posible, rápido o despacio, me daba igual… Estar con ella fue la sensación más pura que he sentido, ser uno solo mientras la miraba a los ojos. Mi placer no fue el tener mi primer orgasmo con una mujer, solo fue la cereza del postre, el verdadero placer fue compartir con ella, con la mujer que amo.

Aprendí que al hacer el amor, ni el asco, ni los prejuicios, ni los temores o las dudas importan, al tener sexo, no sé…. La virginidad está subvalorada.

Nada se puede agregar a un relato honesto y a la altura de este blog. Sólo puedo recordar que la primera vez no es un impedimento para usar protección, o sea condón, masculino o femenino. 

Después de leer esta historia halaga ver cómo un hombre puede tener sentimientos tan profundos como aquellos que parecen caracterizarnos a las mujeres. Ser hombre no es impedimento para ser altamente sensible y no, no hay que ser homosexual para lograrlo.

La próxima semana publicaré un artículo acerca de la moda de la cuca calva, inspirado en una conversación que tuve alguna vez con una médica.

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