Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 3 de diciembre de 2010

29 años y dejando de contar... - Parte 2

En la segunda entrega de esta historia anónima aparece una descripción que se esmera por ilustrar cómo es descubrir por primera vez un orgasmo ajeno.



Ese día no esperaba que pasara nada en mi apartamento, nos sentamos en mi cama para hablar, nos besamos, acariciamos y nada más, no esperaba porque conocía muy bien los límites. De alguna forma ella terminó acostada sobre mí y la curiosidad me llevó a tocar sus pechos bajo su camiseta, esos que solo podía tocar a ciegas sobre su ropa. Era una sensación nueva. Ella me ayudó a quitarle la camiseta y el brasier, así pude ver uno de los espectáculos más bellos de mi vida, pero llegó la prohibición... “nos podemos quedar sin camiseta y no más”. Luego me quitó la chaqueta y la camiseta.

Besé tanto como pude, recorrí todas estas nuevas zonas de piel, desconocidas para mí, con mis labios y mis manos. Apreté, chupé o simplemente soplé con suavidad haciéndola sentir frío en sus pezones.

Después de un rato nos quedamos en cucharita* y en ese momento me permitió deslizar la mano sobre su jean, hasta llegar a esa parte que hoy considero mi manjar y mi placer.

Me indicó cómo acariciarla hasta que simplemente no aguanté más, desabroché su pantalón, con la excusa de descubrir detalles... no me permitió tocarla por completo, solo sobre su ropa interior. Me indicó con palabras cómo llegar al punto exacto, ese en que mis dedos la estimulaban de la mejor forma...

Después de besarla y acariciarla, decidí desobedecerla. Ahí, mientras estabamos en cucharita, metí la mano bajo sus calzones. Llegué a un entorno cálido y húmedo, sentí como tiritaba, parecía muerta de frío, y aunque mis dedos se desviaron un poco del camino, ella nuevamente los puso en su lugar. Su respiración se agitó y de repente sentí que se ponía muy tensa. Empezó a dar unos gemidos suaves, su cuerpo se sacudía de alguna manera que no podía comprender. Después de un instante descubrí que con cada movimiento de mis dedos estas sacudidas se repetían, como si fueran el efecto producido al accionar un botón... luego me pidió que me detuviera... que le permitiera disfrutar.

*Acurrucados o encajados el uno en el otro, mientras sus rodillas están dobladas y permanecen de costado sobre la cama.

La próxima semana viene el cierre de este relato.

3 comentarios:

  1. Cadena de placeres. Es un relato fresco y delicioso. Me gusta! :)

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  2. Amarillo, sí, realmente se nota la autenticidad en este texto. Sigue siendo un buen regalo a la fecha. El autor es un hombre generoso.

    Oscuro, bueno, yo sólo lo edité, el crédito es del autor.

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