Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 31 de diciembre de 2010

El privilegio de la desnudez

Los hombres verían más mujeres desnudas si les dijeran más a menudo que las arrugas, las estrías y los gordos no importan. Si les recordaran con sinceridad que verlas sin ropa es un acontecimiento que siempre esperan verían más tetas en vivo.

No propongo  el nudismo como la siguiente tendencia de moda, hablo de la inseguridad que mina las cabezas de tantas viejas, de esas que hacen el amor, cuando lo hacen, con la luz apagada o debajo de las cobijas.

La desnudez en ambientes tranquilos, íntimos, de respeto  y con propósitos definidos eleva la autoestima femenina. En esos contextos es posible aprender que ninguna tragedia ocurre al descubrir la celulitis y la flacidez. Se comprende entonces que los monstruos deformes son demonios creados por la mente.

Un poco así lo aprendí yo después de mi experimento.

---

A partir del 14 de enero comenzaré a publicar quincenalmente. 
Separaré tiempo para leer un libro acerca de diferencias de género que compré hace tiempo. Intentaré traer temas nuevos y leeré sugerencias de ustedes, cuando las escriban.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Se busca Ken huérfano y con casa propia


Los hombres pueden ser clasificados usando miles de normas, una de ellas se basa en el vocabulario que eligen para hablar. Algunos dicen “madre” en lugar de mamá y “padre” en lugar de papá quizás porque lo aprendieron, tal vez porque un día comenzaron a creer que esas palabras les daban un aire elegante. Yo sospecho que esa costumbre esconde a un tipo con complejo de Edipo sin resolver.

Las mujeres nos medimos hombres como los hombres se miden vaginas y no hablo de promiscuidad. Así como es fácil encontrar fulanos que juegan a imaginar cómo es follar con cada mujer que se les cruza en el camino, es sencillísimo dar con susanitas que se imaginan caminando al altar con cuanto tipo les sonríe.

La cultura latina, a pesar de sus aspectos positivos, hace grandes esfuerzos todos los días para convencer a las masas, gordas y femeninas, de que el éxito sólo está completo cuando además del trabajo perfecto se tiene al marido impecable. 

El material matrimoniable es ese que tiene la vida resuelta o que al menos aparenta estar en camino hacia la consecución de ese objetivo. Se espera que tenga un empleo estable, con posibilidades de ascenso o mejor, que sea muy emprendedor y negociante persuasivo, cualidades suficientes para tener con qué pagar el anillo de compromiso de 2 mil dólares, el matrimonio de 40 mil y todos los demás accesorios que vienen en la cajita.

Las mujeres jugamos de niñas con Barbies y aprendemos que es mejor la muñeca que viene con “todo incluido” en lugar de esa pobrecita que apenas llega con lo que tiene puesto, por eso de grandes nos acostumbramos a exigir un Ken de tamaño real huérfano y con casa propia.

Poco se habla de la presión a la que están sometidos los hombres para salir de sus casas alrededor de los 25, empero existe. Nosotras tendemos a buscar tipos mayores  5, 10, 15 años que nos apoyen, nos enseñen y sean ejemplos a seguir, por eso tendemos a huir de esos que no sólo dicen “sí madre” y “sí padre” sino que además se sienten muy contentos cada vez que acompañan a su mamita a hacer compras, mientras exhiben orgullosos el quiebre en los jeans planchados.

El hombre que llega a los 30 viviendo en la casa de los papás es digno de repulsa. Cuando encontramos un espécimen así sentimos el derecho a tocarlo con un palito, como el niño que inspecciona un ave muerta en el parque para asegurarse de que es miserable y no volverá a volar. 

Aquél que a los 25 no ha salido de su casa y luego, como por arte de magia se convierte en un buen partido es una leyenda urbana que las mujeres inteligentes no estamos dispuestas a creer… al menos no fácilmente ni en ausencia de pruebas.

viernes, 17 de diciembre de 2010

La cuca calva

Muñecas Barbie o la inspiración de las mujeres que se dejan la cuca calva.

Mi primera experiencia con la pornografía me mostró una imagen en la que una vulva lampiña era presentada como una circunstancia natural, sugiriendo que toda la educación sexual que he recibido está mal, intentando convencerme de que lo más excitante, limpio y sano es tener la cuca calva.

Dentro de una cultura que educa a los varones para que tengan tantas parejas sexuales como se les antoje, mientras critica a las hembras cuando no se casan vírgenes, aprendí que la vagina, y todo lo relacionado con ella, debía mantenerse en secreto, así como los ilusionistas esconden sus trucos para que ojos impertinentes no puedan verlos.

Recuerdo que cuando estaba en el colegio oía historias de lo peligroso que era hacer ejercicio mientras se estaba menstruando, que la sangre del período era perfecta para tratar el acné, si se aplicaba como mascarilla durante la ducha, y la creencia de las abuelas acerca de que bañarse durante esos días podía ocasionar enfermedades mortales. Más tarde, de modo predecible, el vello púbico pasó de sospechoso a procesado.

En esa etapa en la que algunas mujeres juran sobre un cerro de biblias, copias del Corán, sutras o tumbas de madres que esperarán hasta que el hombre perfecto llegue para perder su virginidad, entretanto otras matan la curiosidad con el amigo con derechos que tienen más cerca y restantes, muy pocas, tienen la primera vez soñada y anorgásmica que imaginaron desde que dieron el primer beso, llegaron las discusiones en torno a cómo debían lucir los pelos de abajo para lucir más bonita.

Depilación tras depilación y coito tras coito el asunto se especializó. Las recomendaciones de centros de estética se hicieron tan comunes como las de tiendas para comprar ropa.

Es una tontería esconder la realidad. Las mujeres hemos visto suficientes horas de pornografía y fotos de cucas calvas célebres, descubiertas por accidente, para convencernos de que esa es la moda genital.

Una médica familiar, de aquellas que te examina antes de explicarte lo que te aqueja, en lugar de dispararte prescripciones de acetaminofén apenas terminas de recitar tu número de identificación, me habló del aumento, en su consulta, del número de mujeres diagnosticadas con infecciones vaginales, mismas que con frecuencia se depilan por completo para estar a la moda. Las causas de esta condición son falta de higiene, uso continuo de ropa mórbidamente ajustada, uso de ropa interior hecha con fibras artificiales y cambio en el pH provocado por algunos productos de limpieza, entre otros. A pesar de este listado de probabilidades mi interlocutora estaba cierta en que uno de los motivos femeninos de consulta, más frecuentes, tenía relación directa con la “cuca calva”. Según ella las mujeres se someten a este procedimiento – doloroso si se hace con cera – para darles gusto a sus parejas, o creyendo ingenuamente que mantener sin vellos su pubis las hace más pulcras.

La verdad es que en la vulva yacen muchísimas terminaciones nerviosas, así que en ausencia de vello las sensaciones en ésta área se magnifican. La piel de éste lugar además alberga glándulas sudoríparas apócrifas, similares a las presentes en las axilas y las auréolas de los pezones, productoras de feromonas, conocidas por ser una de las palabras favoritas de los guionistas especializados en infomerciales de lociones y perfumes.

Paso a paso va quedando claro que la depilación brasileña no sólo es útil para realzar el estilo personal, lucir hermosas pelucas y mejorar a nivel casi inconsciente la capacidad de atraer parejas. La cuca calva funciona cuando se trata de despejarles el camino a los microorganismos que quieren vivir en una cueva oscura y húmeda.

Supongo que con el tiempo más mujeres llegarán a ver películas pornográficas latinas en las que descubrirán, con sorpresa, que algunas bailarinas exóticas de profesión no tienen problemas para excitar a un trío de hombres aunque su cuca no esté calva e inmaculada.

Artículo relacionado y muy recomendado:


viernes, 10 de diciembre de 2010

29 años y dejando de contar... - Parte 3



...Después de hablar un rato me permitió quitarle el pantalón e hice los mismo con el mío. Ella empezó a acariciarme sobre el bóxer al tiempo que comenzaba a quitármelo. Mientras me masturbaba le insistí para que me permitiera quitarle la ropa interior, esos cacheteros que quería arrancarle a dentelladas. Se resistió inicialmente, pero luego como por arte de magia se los quitó sin que yo hiciera mayor esfuerzo…

Ahí estaba ella, completamente desnuda, tan tierna y tan excitante. Empecé a besarla por todos lados, pero aún se resistía un poco y cubría su intimidad con una de sus manos. Luego algo en mí se encendió. Mientras besaba el interior de sus muslos, a medida que subía, retiré su mano con fuerza, tan sólo acerqué mi rostro, como queriendo reconocer el área. La toqué tímidamente con la lengua y mi concepto de sexo oral me llevó a introducir la lengua lo más hondo que pude, sin embargo me agarró del pelo y me dijo “más arriba”. Entendí de inmediato sus palabras y repentinamente me encontré masajeando con mi lengua, palpando con mis dedos, escuchando sus sonidos, olfateando, saboreando... todo mi cuerpo estaba en una especie de sincronismo perfecto con los sentidos puestos en ella.

Sentí como sus piernas aprisionaban mi cabeza con una fuerza abrumadora y al levantar la mirada comprendí la razón: sus sacudidas… 

Su abdomen y sus brazos se tensaban una y otra vez, sus ojos se ponían en blanco, parecía respirar con esfuerzo y su rostro se transformaba como si en lugar de sentir placer experimentara dolor… En ese momento comprendí que en una mujer el orgasmo no es la máxima expresión de placer, es la pérdida del control de su cuerpo para alcanzar el nirvana por unos instantes…

Nuevamente descansamos, nuevamente hablamos y esta vez me pidió estar dentro suyo. 

Tuve mucho miedo. 

Estando sobre ella me guió para encontrar el camino correcto. Al comienzo intenté hacerlo lo más lento y suave posible porque tenía miedo de acabar antes de tiempo, luego pasé de tener movimientos delicados a embestirla con toda la fuerza posible, rápido o despacio, me daba igual… Estar con ella fue la sensación más pura que he sentido, ser uno solo mientras la miraba a los ojos. Mi placer no fue el tener mi primer orgasmo con una mujer, solo fue la cereza del postre, el verdadero placer fue compartir con ella, con la mujer que amo.

Aprendí que al hacer el amor, ni el asco, ni los prejuicios, ni los temores o las dudas importan, al tener sexo, no sé…. La virginidad está subvalorada.

Nada se puede agregar a un relato honesto y a la altura de este blog. Sólo puedo recordar que la primera vez no es un impedimento para usar protección, o sea condón, masculino o femenino. 

Después de leer esta historia halaga ver cómo un hombre puede tener sentimientos tan profundos como aquellos que parecen caracterizarnos a las mujeres. Ser hombre no es impedimento para ser altamente sensible y no, no hay que ser homosexual para lograrlo.

La próxima semana publicaré un artículo acerca de la moda de la cuca calva, inspirado en una conversación que tuve alguna vez con una médica.

viernes, 3 de diciembre de 2010

29 años y dejando de contar... - Parte 2

En la segunda entrega de esta historia anónima aparece una descripción que se esmera por ilustrar cómo es descubrir por primera vez un orgasmo ajeno.



Ese día no esperaba que pasara nada en mi apartamento, nos sentamos en mi cama para hablar, nos besamos, acariciamos y nada más, no esperaba porque conocía muy bien los límites. De alguna forma ella terminó acostada sobre mí y la curiosidad me llevó a tocar sus pechos bajo su camiseta, esos que solo podía tocar a ciegas sobre su ropa. Era una sensación nueva. Ella me ayudó a quitarle la camiseta y el brasier, así pude ver uno de los espectáculos más bellos de mi vida, pero llegó la prohibición... “nos podemos quedar sin camiseta y no más”. Luego me quitó la chaqueta y la camiseta.

Besé tanto como pude, recorrí todas estas nuevas zonas de piel, desconocidas para mí, con mis labios y mis manos. Apreté, chupé o simplemente soplé con suavidad haciéndola sentir frío en sus pezones.

Después de un rato nos quedamos en cucharita* y en ese momento me permitió deslizar la mano sobre su jean, hasta llegar a esa parte que hoy considero mi manjar y mi placer.

Me indicó cómo acariciarla hasta que simplemente no aguanté más, desabroché su pantalón, con la excusa de descubrir detalles... no me permitió tocarla por completo, solo sobre su ropa interior. Me indicó con palabras cómo llegar al punto exacto, ese en que mis dedos la estimulaban de la mejor forma...

Después de besarla y acariciarla, decidí desobedecerla. Ahí, mientras estabamos en cucharita, metí la mano bajo sus calzones. Llegué a un entorno cálido y húmedo, sentí como tiritaba, parecía muerta de frío, y aunque mis dedos se desviaron un poco del camino, ella nuevamente los puso en su lugar. Su respiración se agitó y de repente sentí que se ponía muy tensa. Empezó a dar unos gemidos suaves, su cuerpo se sacudía de alguna manera que no podía comprender. Después de un instante descubrí que con cada movimiento de mis dedos estas sacudidas se repetían, como si fueran el efecto producido al accionar un botón... luego me pidió que me detuviera... que le permitiera disfrutar.

*Acurrucados o encajados el uno en el otro, mientras sus rodillas están dobladas y permanecen de costado sobre la cama.

La próxima semana viene el cierre de este relato.