Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 12 de noviembre de 2010

El arte de los nudos – V

Estar frente a las tetas de una amiga es una sensación extraña. Estar frente a las tetas de otra mujer,  siendo heterosexual, no es habitual.

Si no eres lesbiana rara vez estarás en una situación en la que vez desnuda a otra mujer, menos si eres latina. En este continente nos enseñan a ser recatadas desde niñas. Cuando tenemos clase de educación física no nos desnudamos las unas frente a las otras para cambiarnos de ropa, llegamos al colegio en sudadera y listo. Para algunas ya es trauma suficiente tener que mostrar las piernas lívidas y raquíticas a ojos extraños.

Vivir en Latinoamérica te enseña que las playas nudistas son lugares escasos y llenos de morbo. Hacer topless es un escándalo. Quitarse la ropa en público, para lo que sea, es una forma segura de llamar la atención. 

Acá comienzan los arrepentimientos.

Nunca estuve segura de hacer esto como nunca estuve segura de nada en mi vida. Escribir no cuenta. Escribo porque está en mi naturaleza como mis manos o mis piernas. Así que eso no cuenta.

El problema no es mío, es ajeno pero es mío. Me explico. Verme desnuda no tiene nada de inquietante o enfermo, soy yo y así me veo, pero cuando entran otros ojos, no los de un amante sino los de un amigo con su mirada estética, profesional o los de ustedes lectores con el morbo y la gana de ver carne todo cambia.

Una vez una mujer se quita la ropa hasta descubrir su piel en público, en directo o en diferido, sabe bien (o mejor que lo sepa) que será motivo de eyaculaciones que estarán fuera de sus manos. ¿Quiero eso? Creo que nunca lo quise, creo que perdí el camino, creo que la imprudencia fue más fuerte que la constancia.

No nací para empelotarme, no nací para mostrarme, al menos no así. Nací para escribir y crecí escribiendo. El sexo me gusta como le gusta a mucha gente y creo que es natural, pero no creo que sea natural compartirlo con todos. Allá ellos, los que se dicen pansexuales, poliamoristas o polioamorosos, no soy ellos, no me interesa serlo, no quiero discutir con ellos, convencerlos de algo ni que me convenzan de nada.

El cuerpo es hermoso porque es naturaleza pero la mente está tan infectada de pensamientos, sucios e incontrolables, que no vale la pena exponerse a lo que no se sabe cómo terminará, menos con tantas inseguridades actualizadas.

Las fotos ya están, eso es inmodificable, no tengo control sobre ellas. Ella y yo confiamos en la bondad de los fotógrafos que son amigos míos. Tal vez borraré varias, muchas, quizás todas, no sé si las mostraré, puede usted señor lector pelear, discutir y no volverme a leer por haberle hecho promesas vacías, pero soy yo la que se muestra en ellas, soy yo la que lleva encima la responsabilidad y sus consecuencias.

En este momento tengo dudas, temores y pocas certezas. Sé que una vez publique alguna imagen mía perderé por completo el control de ella, más todavía, y también sé que el principal motivo por el que comencé este proyecto fue la posibilidad de reconocerme dentro de unos años como una mujer segura, bella y completa. Si una imagen privada se hace pública lo hace para siempre, además ese cambio en su calidad no es necesario para mi proceso personal.

Este proceso no gana nada si lo hago partícipe de lo que es mío, si decido incluirlo, lo privilegio, así como lo hice con los fotógrafos, así como ella lo hizo con nosotros al compartir las imágenes de su piel. Solo cuando esté segura de qué quiero mostrar, porqué lo quiero mostrar y sienta la fuerza interna necesaria para enfrentarme a las consecuencias potenciales decidiré qué hacer con este material, antes no, lo cierto es que en el momento presente no estoy lista para el desapego del control. 

La comprensión de mi identidad es una tarea mía y la abordo desde su complejidad intrínseca, por eso la decisión final de si organizo o no más sesiones, si publico o no las fotos, si expongo o no todo el material es mía y no pienso tomarla bajo presión. Así haya dicho en algún momento que iba a subirlas en diciembre no estoy dispuesta a dejarme presionar por un plazo acordado, conmigo misma, a la ligera. En este caso ejerzo mi derecho a la privacidad y mi capricho de arrepentimiento.

Por lo demás despreocúpese. Trabajo por hacer textos más amenos, menos reflexivos, menos “mi querido diario” para publicar en este blog. La calentura y la profundización en temas de los que otras mujeres se niegan a hablar seguirán acá, por ejemplo el beso negro. Esta es una excepción que necesitaba hacer y debía publicar acá por el deber que siento con usted por el tiempo que me ha dado con sus lecturas.

4 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. No hay afán chica. Por otro lado: ¿conoces la obra de Francesca Woodman?, aunque no creo que se parezcan los objetivos estéticos y personales, échale un ojito -si te parece, claro :)-. Y gracias por compartir todo este proceso.

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  3. Tanto dicho...
    Creo que las fotos ganan más valor quedándose en lo privado, si su fin no era necesariamente mostrarlas.
    Mientras no se corrompan las intenciones, cada cosa llega a su lugar de manera natural.
    Usted, nos demuestra, texto a texto que lo suyo es la sensualidad, el misterio y no la carne por el bien de la carne, el sinsentido del sexo.
    Creo que sus lectores estamos agradecidos de alguna manera... yo lo estoy.

    Gracias, una vez más.

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  4. Humberto, casi me da vergüenza responder tu comentario tan tarde, pero mejor ahora que nunca.
    Me encanta cuando las personas que me leen me recomiendan material, prácticamente de cualquier tipo, siento que se han involucrado tanto con el contenido de mis textos que por eso lo hacen. Gracias, revisaré a esa mujer que mencionas. Gracias también por ser testigo.

    Bufón_ gracias por respetar un proceso íntimo, privado, aunque no tanto, que disfruté como ejercicio de autoafirmación.

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