Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 26 de noviembre de 2010

29 años y dejando de contar...- Parte 1


La siguiente historia comienza aquí, hace meses, luego de responder una pregunta anónima en mi pornspring. Un hombre virgen quería saber cómo comenzar su vida sexual y yo me atreví a darle algunas indicaciones. Para él todo salió bien, tan bien que muchas mujeres le tendrían envidia. Podría decirse que tuvo una primera vez ideal. 

El relato, compuesto por 3 entregas, recibió un poco de edición, pero en general es producto del generoso autor. 

Hola Licuc, 
Te cuento la historia en partes, porque creo que antes de contarte la historia debo poner un contexto y porque siempre dispongo de muy poquito tiempo. Espero no aburrir.

Dicen que los caballeros no tienen memoria, pero quiero compartir mi historia, quien quita que un bonito momento pueda ser plasmado en bellas palabras... espero no sonar grotesco en ninguna parte de la historia.
¿Cómo sobrevive un hombre virgen en sociedad? mintiendo, tomando las historias que oye y adaptándolas, teniéndolas listas para compartirlas en algunas tontas charlas de "macho" en las que muchos también mienten... ¿y con las mujeres? respondiendo “los caballeros no tienen memoria". En fin...

Tras tantos años de castidad conyugal, conocí a la mujer más perfecta de todas: la jedi, de la que me enamoré (por primera vez), la que estimula mis neuronas, la que me intimida con su inteligencia, la que ha recorrido, vivido y sufrido. Tan fuerte como  femenina... supongo que su combinación de inteligencia y belleza es lo que la convierte en el Darth Vader de los hombres, la que los mantiene alejados y la que la trajo a mí...

Cabe anotar que en el momento en que nos hicimos novios, decidí contarle la verdad. Ella tiene la misma edad que yo, y contrario a mis temores no se alejó. Dice que se alegra mucho de ser quien me descubrió y no otra mujer. Fue muy comprensiva con ese tema desde el principio, más teniendo en cuenta que estaba acumulando deseos desde hace mucho tiempo.

Yo muy curioso quería besar y tocar todo, pero ella al comienzo no lo permitió, solo gradualmente me dejó acercarme más a diferentes partes de su cuerpo, pero nunca a la más importante de todas, la más intima, la que yo más debía cuidar, su vagina... yo en cambio sí le dejé poner las manos donde quería... soy igualito a los demás.

En la siguiente parte te contaré la historia que realmente quiero relatar.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Anilingus o beso negro




Cualquiera que sea el nombre que se le dé a la práctica de besar, lamer, estimular y tocar el ano con alguna parte de la boca no disminuirá el carácter polémico de una opción privada. Tampoco impedirá que mucha gente siga practicándolo, aunque en público lo niegue.

El anilingus es una opción para quien se le mida y no se limita a una inclinación sexual, por lo que me parece bastante democrático, sin embargo el asunto acá es de disposición y repulsa.

Digamos que usted se cansó del misionero, la silla, el perrito, el pollo asado y el 69. Supongamos que está dispuesto a probar emociones nuevas y sabores distintos pero no se anima a consultarlo con la mujer que tiene al lado. Lo primero que debe hacer es establecer el nivel de tolerancia a lo extraño un su pareja.

Si cuando la invita a comer solo acepta como sobremesa limonada, cerveza, agua y vino, pero se escandaliza cuando le proponen probar bebidas con liches o licuados de manzana verde, espinaca y zanahoria, sus probabilidades de explorar esta actividad con su pareja se reducen. Si en cambio ella es quien lo anima a probar sabores  exóticos como la cúrcuma, el azafrán y se muere de la risa cuando le propone comer chunchullo u orejas fritas de marrano está en un sendero prometedor. Las personas que están dispuestas a experimentar con comida poco común son menos remilgadas si se les presenta innovación envuelta en sábanas.

Ahora ya recibió el anhelado “sí” y quiere saber cómo prepararse para la extraordinaria faena. Comencemos con la limpieza y los dedos.

El agua y el jabón

Ya dispuestos a disfrutar del beso negro lo mejor es preparar el escenario. La limpieza es importante para lograr una sesión exitosa de anilingus. Los expertos aconsejan bañar la zona con jabón y paño suaves o usar enemas, adminículos que a varios les resultan eróticos, sin embargo es conveniente hacer el procedimiento unas horas antes, así el cuerpo tiene tiempo de reabsorber la humedad que deja.

Recuerde que por más juiciosa que sea su tarea la presencia de heces en esta zona es natural, así que prepárese para encontrar algún resto mientras juguetea, pero tenga presente que tampoco logrará resultados positivos si exagera con la higienización. Los tejidos que se encuentran allí se verán alterados si usa elementos que puedan rasgar o lastimar de modo alguno el ano. Asimismo el abuso de lavativas puede romper el balance natural del mecanismo de evacuación.

Dedos a la obra

Es probable que no vaya pedirle a su compañera que se empelote y se ponga en cuatro para comenzar la función, mas bien comenzará con un jugueteo de manos y dedos. En ese momento, así las neuronas lo tengan pensando como simio, recuerde que llevar las manos del trasero a la vagina, sin lavárselas antes, es una excelente forma de producirle una seria infección urinaria, así que evítelo. La alternativa podría ser una mano para el frente y otra para la retaguardia. Esta precaución también aplica para la boca, pero eso lo resolvemos más adelante.

Besando el lado oscuro

Terminados los preámbulos es momento del gran cierre o del gran acto, dependiendo de cómo se venga la pasión.

Los condones, cortados a lo largo (ya haré un video de la técnica uno de estos días) pueden usarse para cubrir el ano y poder jugar con la boca sin preocupaciones. No es misterio ni mito que en el recto, tan cercano al intestino grueso, habitan bichitos que si se tragan provocan enfermedades con síntomas tan molestos como fiebre y calambres, entre otros, pero eso no detendrá la diversión.

Los guantes de látex, que se asocian con falta de salud en este caso pueden prevenirla. Cortar los dedos para luego abrir en toda su extensión la superficie de la que está hecha, también permite cubrir el ano para lamer, chupar y mordisquear a gusto, eso sí busque esos que no tienen talco, de lo contrario puede encontrar obstáculos pulverizados que lo lleven a odiar el anilingus.

Si quiere llevar lubricante a su incursión en tierras inexploradas, pídale a quien atiende su sex shop de confianza uno a base de agua. Los que están fabricados a base de látex pueden dañar la superficie de condones y guantes hechos del mismo material, así que perdería todo el esfuerzo previo.

Tal vez todas estas precauciones le resulten aburridas, pero si las toma podrá abandonarse a la práctica segura y confiada del anilingus, sin pensar en la transmisión de enfermedades, no sólo sexuales, además este plan podría repetirse en el futuro junto a otros igual de placenteros o llevarlo a otras prácticas como la sumisión.

viernes, 12 de noviembre de 2010

El arte de los nudos – V

Estar frente a las tetas de una amiga es una sensación extraña. Estar frente a las tetas de otra mujer,  siendo heterosexual, no es habitual.

Si no eres lesbiana rara vez estarás en una situación en la que vez desnuda a otra mujer, menos si eres latina. En este continente nos enseñan a ser recatadas desde niñas. Cuando tenemos clase de educación física no nos desnudamos las unas frente a las otras para cambiarnos de ropa, llegamos al colegio en sudadera y listo. Para algunas ya es trauma suficiente tener que mostrar las piernas lívidas y raquíticas a ojos extraños.

Vivir en Latinoamérica te enseña que las playas nudistas son lugares escasos y llenos de morbo. Hacer topless es un escándalo. Quitarse la ropa en público, para lo que sea, es una forma segura de llamar la atención. 

Acá comienzan los arrepentimientos.

Nunca estuve segura de hacer esto como nunca estuve segura de nada en mi vida. Escribir no cuenta. Escribo porque está en mi naturaleza como mis manos o mis piernas. Así que eso no cuenta.

El problema no es mío, es ajeno pero es mío. Me explico. Verme desnuda no tiene nada de inquietante o enfermo, soy yo y así me veo, pero cuando entran otros ojos, no los de un amante sino los de un amigo con su mirada estética, profesional o los de ustedes lectores con el morbo y la gana de ver carne todo cambia.

Una vez una mujer se quita la ropa hasta descubrir su piel en público, en directo o en diferido, sabe bien (o mejor que lo sepa) que será motivo de eyaculaciones que estarán fuera de sus manos. ¿Quiero eso? Creo que nunca lo quise, creo que perdí el camino, creo que la imprudencia fue más fuerte que la constancia.

No nací para empelotarme, no nací para mostrarme, al menos no así. Nací para escribir y crecí escribiendo. El sexo me gusta como le gusta a mucha gente y creo que es natural, pero no creo que sea natural compartirlo con todos. Allá ellos, los que se dicen pansexuales, poliamoristas o polioamorosos, no soy ellos, no me interesa serlo, no quiero discutir con ellos, convencerlos de algo ni que me convenzan de nada.

El cuerpo es hermoso porque es naturaleza pero la mente está tan infectada de pensamientos, sucios e incontrolables, que no vale la pena exponerse a lo que no se sabe cómo terminará, menos con tantas inseguridades actualizadas.

Las fotos ya están, eso es inmodificable, no tengo control sobre ellas. Ella y yo confiamos en la bondad de los fotógrafos que son amigos míos. Tal vez borraré varias, muchas, quizás todas, no sé si las mostraré, puede usted señor lector pelear, discutir y no volverme a leer por haberle hecho promesas vacías, pero soy yo la que se muestra en ellas, soy yo la que lleva encima la responsabilidad y sus consecuencias.

En este momento tengo dudas, temores y pocas certezas. Sé que una vez publique alguna imagen mía perderé por completo el control de ella, más todavía, y también sé que el principal motivo por el que comencé este proyecto fue la posibilidad de reconocerme dentro de unos años como una mujer segura, bella y completa. Si una imagen privada se hace pública lo hace para siempre, además ese cambio en su calidad no es necesario para mi proceso personal.

Este proceso no gana nada si lo hago partícipe de lo que es mío, si decido incluirlo, lo privilegio, así como lo hice con los fotógrafos, así como ella lo hizo con nosotros al compartir las imágenes de su piel. Solo cuando esté segura de qué quiero mostrar, porqué lo quiero mostrar y sienta la fuerza interna necesaria para enfrentarme a las consecuencias potenciales decidiré qué hacer con este material, antes no, lo cierto es que en el momento presente no estoy lista para el desapego del control. 

La comprensión de mi identidad es una tarea mía y la abordo desde su complejidad intrínseca, por eso la decisión final de si organizo o no más sesiones, si publico o no las fotos, si expongo o no todo el material es mía y no pienso tomarla bajo presión. Así haya dicho en algún momento que iba a subirlas en diciembre no estoy dispuesta a dejarme presionar por un plazo acordado, conmigo misma, a la ligera. En este caso ejerzo mi derecho a la privacidad y mi capricho de arrepentimiento.

Por lo demás despreocúpese. Trabajo por hacer textos más amenos, menos reflexivos, menos “mi querido diario” para publicar en este blog. La calentura y la profundización en temas de los que otras mujeres se niegan a hablar seguirán acá, por ejemplo el beso negro. Esta es una excepción que necesitaba hacer y debía publicar acá por el deber que siento con usted por el tiempo que me ha dado con sus lecturas.

viernes, 5 de noviembre de 2010

El arte de los nudos – IV

Había dos modelos y dos fotógrafos, nadie profesional, nadie con experiencia. Ella se fue con el tejedor de nudos y yo me fui con el que trabaja en el capitolio.

No trabajamos sobre un esquema claro. Aunque ella y yo habíamos hecho una investigación somera acerca de la estética que queríamos lograr, sólo teníamos claro que todas las fotos serían a blanco y negro. Una vez juntos dejamos que la empatía eligiera y tomamos lugares en los escenarios aficionados.

Yo comencé, ya estaba en ropa interior pero era igual a estar en vestido de baño. Las dudas estaban ahí, los miedos presentes y quizás confundí prudencia con pudor, pero ya está, las fotos se hicieron.

Reí, reí mucho y me sentí bien. 

El fotógrafo que me tocó a mí era profesional a pesar de que por primera vez se veía en tal situación. Apenas comenzó la dinámica de buscar una imagen estética, lograda pero a la vez natural y quizás hasta cotidiana, todo fue normal. Aunque, tal vez, para los vecinos que se enteraron a través de las ventanas sin cortinas del lugar no era un día normal.

Mi manía controladora tuvo que ceder. Yo no estaba viendo a través del lente de la cámara y si hubiera pedido, insistido para ver el resultado de cada toma de la sesión él no habría logrado más de 300 posibilidades sino menos de 50. 

Al fondo, en otro lugar de ese sitio, se desarrollaba la otra sesión, una más compleja por los preparativos.

El tejedor de nudos tenía que armar las figuras con la cuerda, dejando espacio para la cabeza, los brazos y la cadera de ella, además tenían que ser corredizos para hacer ajustes sobre la marcha. Muy aplicado observaba su cuaderno de apuntes y se concentraba en el blanco de la cuerda y no en el de la piel de ella. Al terminar comenzaron las pruebas.

Del trabajo de ellos salieron unas 150 imágenes, algunas halladas con la tensión física que el resto del equipo ayudó a incubar.