Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 1 de octubre de 2010

Machistas disfrazados de caballeros - II

La semana pasada presenté a los machistas que se disfrazan de caballeros expertos al volante y de los amantes de las faldas. En esta entrada encontrará a los machistas disfrazados de millonarios y a los caballeros barbudos.

Está en un restaurante vegetariano al que ella lo arrastró. Ya pasó por toda la tortura de probar sabores extraños y vomitivos, por lo que siente alivio al saber que sólo falta pagar la cuenta, con la que muy seguramente se sentirá robado porque no se comió ni la mitad de su plato. 

Después de revisar la cuenta busca a tientas en su pantalón la billetera para pagar, pero lo espera una nueva amargura, en la carrera por salir con esa vieja que le encanta dejó la plata en la oficina. Ella, que no es tonta, se da cuenta y espontáneamente le dice “yo pago”, pero usted lo siente como una ofensa. Ella sigue “Yo elegí el restaurante y ya sé que no te gustó mucho, no te preocupes, además no es caro.” Si ella se hubiera detenido en el “no te preocupes” no habría problema, pero ahora, con el “además no es caro” lo acaba de hacer sentir como un indigente.

El problema es suyo no de ella. Muchas veces queremos pagar la cuenta porque podemos y porque no nos molesta, porque también nos gusta esa sensación de independencia que nos da entrar a un lugar para darnos un gusto. Su presencia es accesoria. No me malinterprete, no estoy diciendo que usted sobre, sólo que si usted no estuviera ahí también estaríamos dispuestas a hacer ese gasto para sentirnos mejor, más a cargo de nosotras mismas.

Si insiste en pagar absolutamente todo, cada una de las veces que sale con una mujer y ha llegado al extremo de decirle que le pase la plata de la cuenta, por debajo de la mesa, para que el dueño del negocio crea que usted es el miembro acaudalado de la relación, es machista. Esto no necesita vueltas o tonalidades. Un hombre que deposite su seguridad, su masculinidad  en la acción permanente de proveer en todas las circunstancias, sin considerar excepciones, está mostrando abiertamente su inseguridad machista.

Es domingo en la mañana y tiene pereza de afeitarse. Le pregunta a su pareja si tiene algún problema con que se deje la barba ese día también. En realidad no se ha pasado la máquina desde el viernes y el roce con la piel su cara se siente un poco áspera. Ella, con un aire entre descomplicado y comprensivo, le da permiso. Unas horas más tarde, le grita desde el baño que ya está lista para salir.

Al verla en la sala descubre que trae el pelo húmedo y recogido con una cola de caballo, usted hace un gesto de disgusto, tras el cual se desata una discusión.

Desde que recuerda a su alrededor ha habido figuras femeninas súper producidas: maquillaje coordinado con la ocasión, peinados hechos con esmero y prendas elegidas para mezclarse adecuadamente con los escenarios. En su cabeza no cabe la idea de que una mujer salga medio arreglada a cualquier sitio, así sea un simple asado con amigos en las afueras de la ciudad.

Si por situaciones como la anterior ha terminado relaciones o ha comenzado huelgas de silencio, en las que no quiere saber nada de su novia, amante o similar, no lo dude, se acerca de forma acelerada y peligrosa hacia el mundo de los machistas acérrimos.

La próxima semana cerraré esta serie describiendo a los machistas disfrazados de caballeros protectores y de caballeros inseguros.

2 comentarios:

  1. Si conozco a alguno de esos que se quejan de la cola de caballo, no hablemos del resto, voy a tener una seria charla de hombre a pitecantropus erectus...

    Realmente cuando escucho algún amigo sintiendose ufano por actitudes como las relatadas o a alguna amiga quejándose de lo mismo, no sé cómo reaccionar, mato a mi amigo? la obligo a ella a dejarlo? me mato yo??

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  2. Bufón no debe usted matarse, con eso no arreglaría nada y a ellos tampoco.
    Creo que así como los pueblos merecen a los gobernantes que tienen algo similar pasa con las parejas, ellas tienen un patrón de comportamiento serial que las acerca a esos sujetos y ellos, para hacerles más "feliz" la existencia, sólo se apegan a las expertas en improperios.
    Le aconsejo que se busque a una mujer jedi, somos jodidas pero candorosas ;)
    http://paradoja-humana.blogspot.com/2010/03/mujeres-jedi.html

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