Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 27 de agosto de 2010

Mañosos - Parte 2

Los mañosos están en cada esquina de la ciudad, por lo que el reto no es encontrarlos sino describirlos, clasificarlos en cajones separados que los caractericen y diferencien de los que están alrededor. Las mujeres somos capaces de hacer esta tarea sin mayor esfuerzo, por eso esta serie continúa.


El gritón: Este hombre parece un nuevo famoso siempre a la espera de que le pidan un autógrafo. Su pasatiempo favorito es la caza de fanáticos tempranos. Se lo verá en sitios públicos medianamente concurridos hablando a grito herido, creyendo que así los demás tendrán el privilegio de escuchar la sabiduría que sale de su boca. En realidad tiene un problema serio de inseguridad, de ahí que necesite estar reafirmando todo lo que dice y piensa para ver si en una de esas se lo termina creyendo. Este hombre no sabe convencer con argumentos sino con decibeles. El gritón también se destaca por comportarse con una desagradable simpatía, usada para saludar a los dueños de los negocios y sitios que frecuenta, como si los conociera de toda la vida, obviando el hecho de que todos lo miran con cara “¿y este de dónde salió?”.

Lo-tengo-gigante: Usted escoja el escenario: un bus, un avión o una sala de espera. El lo-tengo-gigante adora sentarse en las sillas ocupando más espacio del que necesita. Se expande poniendo los brazos en el respaldo del asiento que está a su lado, abre las piernas como si tuviera un pene de 2 metros de largo y uno de grosor, dando la impresión de necesitar mucho espacio entre las rodillas para sentirse cómodo. Cuando alguien intenta sentarse a su lado, porque no le queda más remedio, invariablemente recibe un gesto de molestia de su parte, porque en ese momento nos convertimos en enemigos de su fantasía en la que está convencido de ser un macho alfa, una en la que el espacio es fundamental para sentirse completo y acogido.

Pataditas: Aún no entiendo cómo este tipo de hombre no vive en la ruina y evita la vida de vagabundo con éxito. Pataditas es el sujeto que trata todo como si fuera una piedra en el camino. Golpea la impresora cuando el papel se atasca, cachetea el televisor cuando se pone lluvioso y patea un rin cuando descubre una llanta pinchada. No importa cuántas uñas moradas de los pies ha padecido, los machucones en las manos son cotidianos y las cicatrices sus compañeras de toda la vida. A Pataditas nadie le enseñó que es mejor cuidar las cosas para que duren. Por cuenta propia aprendió que el mejor modo de ejercer presión, la forma de lograr que todo funcione es usando fuerza física. Cuando las mujeres conocemos un hombre así reímos al comienzo, quizás le encontremos un poco de cariño en medio de su torpeza, pero siempre tendremos la duda de si un día no querrá golpearnos a nosotras, cuando no nos entienda.

Temblores: Este hombre viene en todos los tamaños, colores y formas. Su elemento denominador es la agitación. Esté donde esté, aunque sea la situación más relajante, como después de haber tenido un orgasmo en su motel favorito, se lo reconoce porque siempre está agitando algo. Sus niveles de ansiedad y estrés son tan altos que hace años perdió la consciencia de lo que es la tranquilidad. Si llegara a padecer Parkinson, podría aceptarlo de un modo natural y tranquilo. Su constante movimiento oscilante marea, incomoda y aleja a las personas. A las mujeres nos gustan los hombres activos, responsables y dispuestos a resolver los problemas que van surgiendo, pero el extremo opuesto también nos ahuyenta. Un tipo que no sepa relajarse, que esté preparado constantemente para la pelea o la huída nos agota.

Cazador de piel: El cazador de piel puede ser identificado porque no sabe lo que es un rostro mientras habla con una mujer. Su objetivo permanente es la cacería de cualquier centímetro de piel descubierto entre el cuello y las rodillas. No importa si la mujer tiene una cara bellísima, si es experta en hablar con hombres, un tema a la vez, de forma sucesiva y lógica, todo eso es irrelevante para él. El cazador de piel siempre está hambriento de carne, por eso acecha constantemente mientras está despierto. El movimiento con el que genera más fastidio es la mirada plantada en los labios para disimular, sin éxito, que le presta atención a lo que dice la vieja que tiene al frente. Ella sabe bien que en realidad está vigilando sus movimientos para poder verle la tira del sostén que se asoma a la altura del hombro, porque esa es la señal de una teta a punto de ser liberada. Las mujeres no somos tontas, él sí, él cree que no nos damos cuenta y sigue así, preguntándose por qué tantas se alejan de su lado.

De momento no he descuartizado otros especímenes para seguir con la clasificación incompleta e imperfecta, pero en cuanto tenga un nuevo grupo de tipologías se las contaré.

2 comentarios:

  1. jeje está buena la clasificación... todavía no me identifico afortunadamente(?)

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  2. Antonio, es bueno que no seas un mañoso de estos, eso te da puntos entre muchas mujeres. ;)

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