Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 13 de agosto de 2010

Mañosos – Parte 1

Las mujeres usamos nuestra habilidad para prestarle atención a los detalles con propósitos oscuros. En más de una ocasión durante cada día, escogemos una víctima para descuartizarla con los ojos, con la lengua y, si es necesario, con las manos. No discriminamos al elegir a la presa, por eso somos capaces de clasificar a los hombres según mañas y costumbres reprobables.

Abajo encontrará una lista, naturalmente incompleta, de mañosos desagradables junto a sus descripciones.
El tacaño: Este espécimen mendiga plata para chicles, cigarrillos y dulces siempre en cantidades pequeñas, intentando pasar desapercibido. Dice pedir prestado cuando en realidad quiere decir “regálame algo” o “invítame así no tengas ganas ni plata suficiente”. Cuando se le pide que devuelva el favor se hace el desentendido, porque siempre “estoy en la imunda” y todos deberían compadecerlo. Es altamente probable que sea un niño mimado, a quien sus padres convencieron de que el mundo de allá afuera tiene por obligación cuidarlo y protegerlo. Cuando las mujeres descubrimos a un personaje así, huimos despavoridas porque no queremos ser la teta que lo mantenga.



Yo-soy-más-importante-que-tú: Aún en espacios cerrados y en la noche lleva puestas gafas oscuras, a veces se las quita, si siente que los presentes son merecedores del privilegio de verlo a los ojos, de lo contrario sigue con su papel de “soy piloto y por eso debo cuidar con exceso mi vista”. Se lo ve masticando chicle de forma permanente. Si además es bajito, mira a todos con cara de asco para sentirse menos ignorado. Camina sacando el pecho de forma exagerada y la ropa suele quedarle grande, no tiene sentido de las proporciones, así que se cree mucho más de lo que es. Si se encuentra con una mujer sumisa y manipulable toca el cielo. Cuando la escena es frente a una mujer independiente y segura de sí misma, la tilda de marimacha movido por el miedo.



El macho: Probablemente este es el más insufrible de todos debido a su creencia de que los varones, los más machos y valientes son aquellos que apestan a testosterona, los mismos que tienen la graciosa y original idea de escupir en la calle. Este espécimen aparece en distintos grupos sociales y su nivel educativo varia de sujeto a sujeto. Se pueden encontrar machos que nunca terminaron la primaria porque tuvieron que comenzar a trabajar siendo niños, pero también existen los que estudian maestrías. El macho es desinhibido por naturaleza, además al estar convencido de que sus modales poco corteses son muestras de virilidad no se siente avergonzado cuando camina por la calle junto a su cita de turno. Nosotras los sufrimos una vez, sólo una vez, luego corremos la noticia para que tenga problemas la próxima vez que quiera llevar a una mujer a su cama.


Mira-lo-que-estoy-comiendo: A este la mamá lo quiso poco cuando lo estaba criando, todo lo que hacía le parecía una monería, algo digno de dejar para la posteridad en video o fotografía, por eso le celebraba el primer bollito consistente que hizo, el primer vómito verde y la primera gripa de mocos amarillos. Habría que tenerle lástima o compasión pero sus escenas asquerosas entorno a la mesa sólo nos provocan repulsa. Este hombre no sólo nos muestra la primera fase de su digestión, sino que comparte con los comensales los sonidos de su proceso natural. Nosotras sabemos que a veces se esfuerza por comer con la boca cerrada, pero en cuanto se siente en confianza regresa a su faceta rumiante. La pareja perfecta de este hombre es una mujer con vocación de madre, dispuesta a corregir sus modales, pero escasean, así que sería mejor que él mismo se encargara de modificar su maña asquerosa.

Asuntos varios:
La próxima semana publicaré la 3ª parte de la serie de Cunnilingus y dentro de 2 semanas continuaré con el recuento de mañosos.

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