Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 2 de julio de 2010

Oniomaníacas o mujeres de felicidad plastificada

mujeres con maquillaje pesado, una de ellas cargando su cartera y una bolsa llena de ropa

Estaba segura de que podría justificar, evolutivamente, a aquellas mujeres que compran por deporte pero no lo logré. En mi búsqueda de explicaciones a tal conducta descubrí que puede ser un desorden psicológico tan grave como la adicción al juego. Las mujeres no compran por gusto o por antojo, sino para sentirse felices pasando la tarjeta de crédito.

Iba a argumentar que “evidentemente la pasión femenina por las compras se debe a una pauta, tan antigua como la práctica de la recolección de alimentos en el periodo paleoindio, justo antes del descubrimiento de la agricultura…” pero leyendo cambié de opinión. 

Todos hemos escuchado a una vieja decir que está aburrida, que por eso se va al centro comercial. No importa si sus finanzas son generosas o escasas. Si realmente necesita lo que va a buscar, es lo de menos. Lo que quiere es disfrutar esa maravillosa experiencia de intercambiar dinero por bienes.

Comprender la manía femenina por las compras es imposible desde un punto de vista estrictamente racional y masculino. Para entender ese ritual, celebrado frente a las cajas registradoras, es necesario cambiar la óptica. Aunque quizás les ayude recordar lo que sienten cuando van a comprar productos electrónicos. Las compras para las mujeres son parecidas, pero siempre de ese modo.

Las mujeres que encuentran placer en las compras, acuden a ellas cuando se sienten solas, cuando están tristes, cuando están aburridas y cuando están furiosas, pero además tienen memoria corta. Una vez reciben la cuenta de la tarjeta de crédito vuelven a sentirse solas, a estar tristes, aburridas y furiosas. Hasta que vuelven a tener plata.

Con un poco de observación es fácil comprender este comportamiento femenino, tan extraño para los hombres. Las mujeres no compran objetos, compran sensaciones. Muchas compradoras compulsivas se pueden reconocer porque usan frases como “con sólo ir a ver vitrinas se me pasa el aburrimiento”, “estas botas me hacían ojitos desde la vitrina, iban a llorar si no las compraba” y “estoy feliz con mi cartera nueva, además me ahorré como 20 mil pesos, porque la compre en promoción”.

Lo mejor es no racionalizar las compras irracionales. Es más aconsejable observar a las mujeres, para descubrir a las que gastan compulsivamente,  tiempo y plata, comprando vainas que no necesitan. Aquí hay algunas pistas que pueden ser de ayuda en ese reconocimiento: 

- Están más preocupadas por cómo se ven que interesadas en sus pensamientos o creencias.
- Se molestan cuando les preguntan acerca de sus gastos.
- Son emocionalmente inmaduras, ¿recuerdan cuando eran adolescentes y les molestaba que les dijeran que se vestían igual que sus amigos?, adivinen quienes se quedaron en esa etapa.
- Odian las listas de compras porque las limitan, ellas prefieren improvisar en el terreno.
- Están convencidas de que tener es ser, por eso se sienten mejores personas cuando tienen bolsas llenas en las manos.
- Su autoestima está muy relacionada con sus compras, por eso les encanta regalarse cosas. 
- Nunca están satisfechas con lo que compran, pero son expertas en usar esa insatisfacción como razón para comprar algo más.
- Tienen problemas para aceptar respuestas como “no” o “después”. Lo quieren todo y lo quieren ya, así dentro de 5 minutos se sientan tan miserables como antes de llegar al centro comercial.
- Prefieren comprar ropa y cosméticos. Son raros los casos que deciden comprar 4 docenas de bolsas de leche porque estaban en promoción. 
- Una vez compran algo, quieren llevarse la tienda en un bolsillo.

En resumen: Las mujeres que compran compulsivamente no lo hacen buscando la funcionalidad del objeto a comprar, compran una sensación mejor, compran un placebo de alegría.

Espero que con estos datos puedan entender un poco mejor porqué las mujeres hacen compras innecesarias y que, de ahora en adelante, les tengan más paciencia y consideración. Las pobres pueden estar necesitando terapia sin saberlo. Entretanto, por las dudas y mientras lo descubren solas, no dejen cerca de ellas sus tarjetas de crédito.

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