Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 18 de junio de 2010

La capitalización de las tetas


Escote de mujer de pelo y camiseta negros.

Hay dos temas en las conversaciones femeninas que siempre me obligan a callarme: dietas y tetas grandes. Mi evidente falta de autoridad en ellos, sólo me deja la opción de analizar lo que se dice, hasta que llego a conclusiones como esta: Una vieja inteligente usa las tetas a su favor, una bruta se queja de ellas.

Las mujeres tenemos tetas y eso obsesiona a los hombres. El tamaño es lo de menos. Si somos tan planas como una pared o curvilíneas como una pera, igual pasarán horas imaginando cómo se nos ven los senos en forma de huevos fritos o, en el caso opuesto, cómo será sostener esas jugosas tetas con textura de naranjas maduras.

Las tetas están tan presentes en nuestras vidas, que fácilmente olvidamos lo obvio: son teteros. Rápidamente, en términos evolutivos, los humanos aprendimos a divertirnos con las fábricas de bebés y con sus primeros juguetes, pero lo cierto es que las tetas están biológicamente diseñadas para alimentar a la descendencia. Cualquier tipo de descendencia.

Revolución tras revolución, cultural o política, las mujeres decidimos que queríamos ser mamás, pero no sólo mamás de niños de carne y hueso, sino de proyectos menos humanos, como nuestros éxitos profesionales. Las mujeres inteligentes fuimos descubriendo, que así como las tetas pueden darle leche a un recién nacido, también pueden ayudarnos a parir la oportunidad de nuestras vidas.

Las viejas sabemos qué ropa usar en una entrevista de trabajo o en una reunión de negocios. Según el efecto que queremos lograr, matizamos nuestro atuendo para que los demás se concentren en nuestras tetas o en nuestra cabeza. A veces, cuando nos encontramos con un personaje difícil, a quien le es imposible deshacerse de sus instintos más primitivos, jugamos esta carta.

También están las otras. Las brutas. Las realmente brutas. Aquellas mujeres que se sienten poco dignas al usar escotes, minifaldas y ropa ajustada. Suelen ser las mismas que se cubren con la rigurosidad de una musulmana en tierra de talibanes. Están convencidas de que “ellas” son ajenas a “ella”, negando que las tetas también son parte de sí mismas.

A estas viejas, que se quejan constantemente de sus tetas, porque las tienen chiquitas, porque las tienen grandes, porque las tienen caídas, porque no las dejan comprar ropa, son las mismas que se molestan cuando hacen lo otro para lo que están programadas: llamar la atención de un macho. Tontas todas, olvidaron que para un hombre lo importante es que una mujer tiene tetas y que ya con ese requisito cumplido, se tiene acceso a privilegios.

La mujer que se demora entendiendo esa verdad, se amarga innecesariamente la existencia preguntándose por qué no la valoran por su intelecto, por su hermosa cara o por sus largas pestañas. Una mujer brillante saca partido de su capital erótico, se gana las oportunidades con sus tetas, para luego demostrar que no es sólo carne.

Entre más inteligente sea una mujer, más usará sus dotes para alcanzar sus metas, por ejemplo, su gran trasero (vean  a Jennifer López), su abdomen plano, su piel tersa o su gran altura pueden ser medios efectivos. Incluso las viejas bajitas aprovechan su estatura para usar tacones altísimos, que les hagan ver las piernas largas y firmes. Las flacas, por su parte, les restriegan a todos el hecho de que pueden vestir cualquier obra de diseñador.

Las tetas son sólo otro medio. Lo importante es la presencia y el cómo. Una vieja de senos pequeños puede acceder a privilegios, absolutamente prohibidos a los hombres, si presenta bien sus mamas. Si se viste con una blusa clara y ajustada, de tal forma que sobre la tela se dibujen las redondeces, tendrá material suficiente para distraer e hipnotizar a un hombre. Así que carecer de un frente como el de Pamela Anderson no es excusa.

Dicen que no se puede saber a simple vista si una persona es bruta o no, pero yo creo que se puede establecer el grado de inteligencia de una mujer cuando habla de sus tetas. Si se escucha con atención, al tiempo que se la observa detalladamente, puede definirse si su relación con “ellas” es de amor o de odio. Este ejercicio servirá para saber quién lo puede victimizar o quien es una posible presa.

La próxima semana escribiré acerca de los hombres feos y pobres que siempre andan rodeados de mujeres.

5 comentarios:

  1. Cierto. Pueden ser de cualquier tamaño pero lo importante es el uso que se les dé.

    Es algo que a nosotros siempre nos va a llamar la atención.

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  2. Antonio, te pongo por testigo de que no miento.

    Sí, incluso con mínimas proporciones se pueden lograr grandes resultados.

    De paso dejo este artículo que habla de un tema similar: http://www.cartelurbano.com/node/612

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  3. Está bueno el artículo "El Pezón"... no lo había leído hasta hoy.

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  4. Muy cierto tu artículo. Las tetas estarán siempre entre nosotros, lo mejor es saber darle un buen uso...además son tan lindas...

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  5. Oscuro creo que encontré el punto que buscaba. No se pueden ignorar, especialmente cuando son de gran tamaño, así que lo mejor es disfrutarlas.

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