Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 11 de junio de 2010

De los calzones a la tanga




Las mujeres tenemos una obsesión con la ropa y los accesorios. Cada una tiene su prenda favorita: blusa, pantalón, falda, zapatos, etc. y la preocupación por la imagen va más allá del simple exterior. Cuando pensamos en arreglarnos, consideramos hasta la ropa interior que nos vamos a poner: ahí entran los calzones o las tangas. Esta es una breve historia de cómo se pasa de los primeros a las segundas.

De niñas no tenemos libertad de opinión, como le pasa a la mayoría. Nuestras mamás eligen la marca de pañales que usaremos, si es que optan por los desechables, o simplemente escogen  telas con las cuales cubren nuestros tiernos traseros.

Más tarde, cuando podemos expresarnos mejor y tenemos alientos para patalear, comenzamos a exigir diseños que se ajustan más a nuestros gustos y personalidades. Algunas preferimos las flores y las mariposas, mientras que otras eligen ratones, gatos o perros, mostrando tempranamente sus inclinaciones hacia la fauna mamífera.

En la adolescencia nos preguntamos si esos motivos tan infantiles nos harán quedar en ridículo, en una fiesta de pijamas por ejemplo. Es entonces cuando exigimos pasar a ropa interior "de adulto", cambiando todos los estampados por tops y calzones hechos de telas lisas, en un solo tono. Sin embargo dejamos ver nuestros rasgos infantiles en la elección de los colores. No nos lanzamos directamente a los blancos, los beiges y los negros, característicos de las mujeres crecidas, sino que seguimos prefiriendo los colores pasteles y los muy vivos.

Más adelante, cuando las protuberancias ya nos salieron y se acomodaron, nos morimos por lucirlas, pero descubrimos que esos calzones, tan cómodos durante los días rojos, se ven fatales con la ropa pegada. Una vez aceptamos este hecho, decidimos sacrificar la comodidad en nombre de la estética y aprendemos a usar las tangas y los hilos.

El tránsito no es sencillo. Venimos de calzones que nunca se meten entre las nalgas, en cambio, las tangas y los hilos, nos ponen a prueba. Cada dos pasos nos recuerdan que ahí están y que si queremos ser vanidosas tenemos que aprender a manejar la tortura. Poco a poco, mientras pasan los meses, nos apropiamos de la mentalidad necesaria para aguantarnos las ganas de sacarnos, en público, el pedacito de tela que insiste en meterse en la mitad de la cola.

La experiencia y el "certificado oficial" nos lo entregan cuando, tras múltiples pruebas, compras fallidas y horas de experiencia, somos capaces de coger cualquier panty del cajón de la ropa interior, para vestirnos, sin siquiera pensar en que nos incomodará durante el día. Ahí es cuando nos apropiamos de la tanga.

Temas varios:
Para la próxima semana estoy decidiendo si escribo un post de las mujeres y las tetas o de los hombres feos y pobres, pero que siempre están llenos de viejas. Leo sus sugerencias aquí, en la sección de comentarios o en mi cuenta de Twitter.

Recuerden también que el concurso para ganarse una cita con 3 mujeres jedi sigue abierto hasta el viernes 18 de junio de 2010. Si tienen problemas con alguna de las preguntas, puedo considerar cambiarla o decirles quién puede ayudarles con la respuesta, ustedes deciden.

Para otros temas el “pornspring” de Sexo Sin Maquillaje sigue abierto y pueden usarlo anónimamente.

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