Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 7 de mayo de 2010

Ella NO era un travesti

persona apoyada en su mano con un collar de perlas negras enredado en ella

Usted acaba de escoger el six pack de la cerveza que le gusta y busca una caja desocupada para pagar. En una está una señora mayor buscando monedas en la cartera para darle propina al empacador, en otra hay un tipo con sudadera y pelo largo. Decide ir a la segunda para salir rápido del supermercado. Cuando llega a la caja, el tipo se da la vuelta para dejar la revista que estaba leyendo, usted echa un ojo para ver a la supermodelo de la portada, pero se da cuenta de que es una Cosmopolitan, lo que explica porque cuando llegó a la caja el tipo le olió a niña. El tipo es una vieja alta.

En la naturaleza hay aves e insectos que se aparean naturalmente aunque el macho sea más pequeño que la hembra. Ellos no saben de estereotipos ni de cultura, lo único que les interesa es seguir con su vida. La hembra escoge al macho de mejores genes y los machos hacen todo lo posible para dejar de sentir el terrible dolor de huevos, que aparece cuando llega esa época del año, así, a la menor oportunidad, siguen el programa que la naturaleza tiene para ellos, sin pensar ni cuestionar, a diferencia de los hombres.

Los humanos también somos animales, pero animales jodidos. Amamos la biología del sexo, estamos en celo todo el año y para colmo somos un montón, lo que produce una mezcla perfecta para hacernos difícil la vida a las mujeres con tamaño de hombre.

A los hombres la evolución les dio espaldas anchas y músculos fuertes para que pudieran cazar el alimento y protegernos de los peligros. A las mujeres las hizo de tetas infladas y caderas anchas, para tener teteros y cunas portátiles, y a nosotras, las mujeres con tamaño de hombre, nos echó un mal chiste.

No sé si la tendencia de hacernos independientes, casi autosuficientes, tuvo efecto en la anatomía. No sé si la evolución decidió que las mujeres comenzamos a necesitar ser más grandes para protegernos a nosotras mismas, que como nos la pasamos trabajando para pagar las cuentas, sería un detallazo darnos además un cuerpo que hiciera juego con eso.

Siento que las mujeres altas, grandes en tamaño, les decimos a los hombres sin palabras que son inútiles y retrógrados. Parece como si nuestras dimensiones fueran intentos inconscientes de engañarlos, de hacerles creer que somos como ellos pero disfrazados de mujeres.

Ser una mujer alta, grande, es como gritarles en la cara a los hombres que materialmente no hay nada que no se pueda resolver en su ausencia. Es decirles que se han demorado tanto en cambiar, que ya hay soluciones para vivir sin ellos, que sólo nos hace falta acumular suficiente semen de los mejores machos, para comenzar a exterminarlos sistemáticamente. La verdad es que quienes piensan así se equivocan por completo. Ser una mujer alta no es igual a declararse feminista radical en silencio.

Las mujeres altas tenemos las mismas necesidades físicas y emocionales que las de menor tamaño, también somos vulnerables y adoramos que nos defiendan, se nos enfrían los pies en las noches y queremos un par de pies calientes que lo resuelvan. A veces la plata que nos ganamos sólo nos alcanza para lo básico, nos quedamos con ganas de comer tiramisú o comida china grasosa.

Si después de leer esto le quedan dudas de que hay muchas maneras de complementar a una mujer alta o no, en la próxima entrada le daré una lista de 10, basada en el kit de soltera.


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