Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 28 de mayo de 2010

Hombres tan buenos como los vinos

Hombres hay de todos los colores y de todos los sabores, pero también los hay de todas las edades. Las mujeres dependiendo de nuestra historia, tenemos preferencia por algunos con características definidas. Dicen que aquellas de padres ausentes, van por la vida buscando esa figura fuerte y masculina que nunca tuvieron de niñas, por lo que un hombre que les lleve 15, 20 o más años es el ideal para ellas. Pero no son las únicas.

Todas tenemos debilidades por hombres que podrían no sólo ser nuestros padres, sino también nuestros abuelos. A continuación 3 modelos ideales:

Si tan sólo todos los cuarentones fueran así. Javier Bardem es el ejemplo perfecto del hombre interesante, maduro y centrado que, además, inspira confianza. Es un buen exponente de la calma que logran los hombres pasados los 30. Saben lo que necesitan - o al menos disimulan la confusión -, hablan directo, miran a los ojos y dicen lo que quieren sin dudarlo. Ante tal comportamiento, nosotras nos derretimos y les damos todo lo que piden, porque ellos conocen las palabras mágicas que abren tantas piernas.

La delgada línea que divide al papá del papacito. Sting no sólo llenó páginas de periódicos y revistas con sus declaraciones acerca de su práctica del yoga y el tantra, que seguro tienen todo que ver con la amplia sonrisa de su mujer, sino que también ha llevado a la perfección el modelo del hombre de 50. Si bien algunas tenemos reservas con hombres que nacieron en la misma época que nuestros padres - para nada ausentes -, tipos como este nos recuerdan que un hombre puede convertirse en el mejor de los sostenes cuando nos sentimos débiles, desprotegidas y arruinadas. Hombres como Sting son los que necesitamos para volver a ponernos en pie, porque saben cómo reconfortarnos al tiempo que nos dan libertad, o así nos lo hacen creer.

Una foto de él podría estar en el diccionario junto a la palabra caballero. Cuando se comparó por primera vez al vino con un hombre se estaba hablando de Sean Connery. Un tipo como este James Bond es el primer sueño erótico de muchas, que se conformarían con darle un beso mientras él las observa con deseo. A los 60, 70, incluso 80, un hombre como él está más allá del bien y del mal. Ha vivido tantas historias y ha estado con tantas mujeres, dejándolas a todas con altura y elegancia, que puede darse el lujo que sólo a pocos se les perdona: ser infiel. En realidad él es un monógamo serial que dice las cosas de modo tan franco y dulce, que su experiencia habla por sí sola, al punto que es imposible contradecirlo. No todos los hombres son capaces de llegar a este punto, no porque la salud no se los permita, sino porque algunos tienen una barrera invisible que les impide madurar más allá de cierta edad. Algunos se quedan estancados en los 13, otros en los 25 y están también aquellos que no pasan de los 5.

Ahora ya saben cómo se hacen más interesantes con los años, si es que se deciden a madurar.

Asuntos varios:
Este tema fue sugerido por @gato803. La semana que viene pienso escribir acerca de porque los hombres ricos siempre estarán buenos, pero leo sugerencias aquí. Además viene el concurso para ganarse una cita con 3 mujeres jedi, estén pendientes.




viernes, 21 de mayo de 2010

Las mujeres que odiamos

Todas las mujeres tenemos una tipa que odiamos. En nuestra infancia o en nuestra adolescencia chocamos con una vieja que nos quitó un novio, nos robó un juguete o simplemente se dedicó a capturar la atención de todos los manes, no para sentirse más linda, sino para hacernos sentir más feas a las demás. Esas ofensas se perdonan pero no se olvidan. Ya de adultas, las mujeres que odiamos se convierten en oportunistas, expertas en sacar provecho de cada cualidad que las destaque sobre las demás. A continuación algunos ejemplos.

La erótica: No es bonita, pero tampoco es fea. Respira tanta sexualidad que decirle zorra es insultar al animal no a ella. Las zorras tienen periodos de celo definidos durante el año, a diferencia de la erótica, que parece estar siempre lista para entrar en acción. Sus pintas no siempre incluyen minifaldas, escotes profundos o botas largas, ella se basta a sí misma con su mirada atrevida y sus labios insinuantes. La falta de tacones no distrae a otras mujeres, ya saben muy bien de qué es capaz.

zorra en ambiente rural mirando a la cámara


La flaca: Tiene el carácter débil, porque no hay nada como las dietas para enseñarle a una mujer lo que es la disciplina. De niña parecía que se iba a partir de lo flaca que era. En la pubertad comprarle ropa era un tortura, todo le quedaba corto o cabían dos de repetidas adentro de cada prenda. Cuando comenzó a acumular grasa en la cola y las tetas, ganó algo de forma y envidia ajena. Puede tener 50 pero igual es capaz de comer como cerda, porque nunca engorda. Lo sabe y se lo restriega, cada vez que puede, a las que se dicen “de huesos grandes”.

La come-años: Es la peor clienta de las fábricas de cosméticos. Les demuestra todos los días a las demás que el tema de las arrugas es genético. La abuela y la bisabuela de la come-años murieron con piel de monalisa, así que ella está segura de haberse ganado esa lotería. Su mejor vícitma son aquellas que sólo tienen álbumes familiares con fotos de mujeres hasta los 40. Esas menos suertudas ya saben qué les espera, por lo que también es muy posible que odien las frutas secas. 

primer plano de una pasa de ciruela


Señorita cara perfecta: Ingrid Bergman causa admiración porque es un ícono del cine, porque salió como una dama cuando se montó a ese avión en Casablanca, pero también se la aprecia porque está muerta. Si una vieja igualita a ella está dentro del perímetro de otra mujer, se convierte automáticamente en objetivo militar. La señorita cara perfecta es insoportable. Apenas se levanta parece haber salido de una sesión de maquillaje con un estilista profesional. Su rostro le dice a las demás que es una barbaridad tener espejo en el baño, para presenciar un espectáculo tan desagradable cada mañana, lleno de lagañas y cutis multicolor, eso en el mejor de los casos. Mejor ni hablar de cuando la función incluye antifaz de mapache, porque la noche anterior la pereza de quitar el maquillaje fue más fuerte que la vanidad.

contrapicado de mapache sobre fondo de cemento


La mujer jedi: A esta la odian porque entiende, como ninguna,  el pensamiento masculino. Siempre se la ve rodeada de tipos, cagada de la risa y con cara orgásmica.  Aunque le dicen puta cada vez que pueden, la envidian. Inspira ardores de alma por la confianza desmedida que le tienen los hombres. La mujer jedi es la encarnación del acertijo supremo, las demás no entienden cómo hace click con ellos en un suspiro, mientras ellas se esfuerzan para comprender los misterios masculinos. Las mujer jedi es traicionera, conoce las reglas de la complejidad de las mujeres, pero no las respeta.

La bonita tonta: De tonta no tiene ni un pelo mal depilado en sus espectaculares piernas. Para colmo sabe perfectamente cómo resaltar sus cualidades y ocultar sus defectos, que los tiene, así los tipos, deslumbrados, los ignoren por completo al conocerla. Tiene celulitis, pero la oculta muy bien, también tiene estrías, pero no las muestra hasta que todos la comienzan a amar por su falsa torpeza. Consigue trabajos, invitaciones y privilegios sin esforzarse, sólo sonriendo, ya parece una foto de tanto hacerlo. Por fortuna existe criptonita para estas súper mujeres. Otra bonita tonta, que finja no tener cerebro para conseguir todo lo que quiere, pero que sea aún más estética que la primera. Es bien sabido que las bellezas iguales (o parecidas) se repelen.

La sabelotodo: Las mujeres queremos ser bonitas y también queremos ser inteligentes, pero rara vez lo logramos. A la sabelotodo se le carga bronca porque decidió, sin miedo, que quería dedicarse a cultivar la cabeza y no el cuerpo. Renunció conscientemente a los estereotipos que le quisieron imponer, dedicándose a lo que se le dio la gana. Puede ser bonita, pero a veces ni se entera. En esos casos el odio que inspira es aún peor y más despiadado. La sabelotodo tiene la fuerza que da el conocimiento, si además medita es invencible.

¿Y yo a cuál odio? Creo que es una mezcla entre la erótica y la bonita tonta, pero mejor vea mi terna y juzgue usted mismo.

Jessica Lowndes (Para colmo en 90210 se llama como una vieja que me hizo una sucia en la vida real)

Opciones para la próxima semana:
Los buenos cuarentones, cincuentones y sesentones; porque los hombres ricos siempre estarán buenos y el tránsito de los calzones a la tanga.
Recibo votos en mi cuenta de Twitter.



Créditos de las fotografías:


viernes, 14 de mayo de 2010

El hombre perfecto: No existe, pero estas son 10 formas de imitarlo

1. Las mujeres tenemos días de ánimo horrible, no por el síndrome premenstrual ni por estar en esos días. También queremos asesinar jefes imbéciles y exterminar clientes estúpidos cada tanto, por los méritos que ellos mismos hacen. En esas ocasiones un beso o un abrazo puede calmarnos tanto como una taza de té de jazmín.

ilusión de movimiento de una pareja separada que camina hasta unirse en un beso

mano masculina sosteniendo una copa con agua y una rosa dentro de ella2. Durante los días rojos los cólicos están listos para gritar “presente”. En lugar de usar una bolsa de agua caliente o un mamarracho calentado en el microondas, preferiríamos un par de manos calientes para mantener tibia la adolorida panza. Si se porta bien es posible que clasifique para sexo, eso es aún más efectivo que el calor localizado, hasta los ginecólogos lo recomiendan.

3. Cocinar es un arte, sobretodo para los chefs, para el resto de los mortales es una obligación, a veces difícil de eludir, por eso se valorará profundamente al hombre que se ofrezca a proveer alimento, ya sea producto de sus propias manos o de sus habilidades comunicativas, llamando a un buen restaurante chino o italiano. Ganará más puntos aquel tipo que llegue directamente de la calle con la comida, imitando al cavernícola que entraba a casa con el mamut cazado al hombro.
plato de comida oriental con palillos chinos en ella

primer plano en sepia de pies femeninos descalzos
4. Nada como un buen par de pies calientes para espantar el frío. Por una razón que desconozco las viejas tendemos a padecer ‘síndrome de pies helados nocturnos’. Durante el día los zapatos, las medias y la actividad física mantienen nuestra mente ocupada y nuestros pies tibios, pero cuando llega la noche todo cambia. Siempre será buena una sesión de caricias pédicas, mejor todavía si el par de pies que la proporciona es de mayor tamaño al femenino. 

5. Aquellos días en que no brilla mucho el sol es necesaria la luz amarilla, siendo una buena oportunidad para que un tipo se comporte como un sol con su pareja, por ejemplo lavando la mitad de la vajilla que ensució preparando un huevo frito, o comprando frutas para el resto de la semana.

dos velas rojas encendidas, un toque perfecto para cambiar la atmósfera

6. Las velas aromatizadas y los inciensos nos gustan con o sin hombres, pero si el tipo en cuestión decide encenderlos, por cuenta propia, como preparación para la faena, recibirá favores especiales. Las velas – no aromáticas – también pueden hacer la diferencia entre una comida cotidiana y una romántica. Sin embargo no exagere, estar pensando todo el tiempo en endulzar el ambiente puede confundir a su pareja y hacerla sospechar de su hombría.

7. Propóngale a su susodicha tomar un baño de tina juntos, turnándose la enjabonada de cuerpo entero, ya verá cómo se relajan. Dependiendo de la mujer con la que esté tratando es posible que se anime luego a usar patitos de hule con formas fálicas, pero para estar seguro, primero tantee el terreno.

primer plano de ducha cromada tipo teléfono sobre fondo de cerámica y baldosas blancas

8. No es que a las mujeres no nos gusten las películas de acción, es que no nos las han sabido vender. Cuando nos hablan de acción pensamos automáticamente en patada-puño-explosión, lo que poco nos atrae, a menos que la violencia y el derramamiento de sangre tengan una buena causa, ojalá dramática. Películas como The Bourne Identity, Ocean’s Eleven o The Italian Job cuentan historias con las cuales el pensamiento femenino puede conectarse. El hecho de que tengan mujeres protagonistas también ayuda.

9. Es claro que los hombres que disfrutan el arrunche, la cucharita o acurrucarse (sea cual sea el nombre es lo mismo) son minoría. De ahí su alto valor en la bolsa de valores femeninos. Si de cuando en cuando se arruncha con la vieja que tiene al lado ganará puntos, que se multiplicarán por 4 si no hubo sexo antes y la idea fue suya. Una recomendación: averigüe primero si ella es de las que prefiere rumba antes que plan casero, si es así, mejor tome clases de baile.

10. Los vibradores son magníficos, sobretodo cuando están pegados a un cuerpo. Ya sabemos que esa deliciosa sensación, mecánica, no viene de un cuerpo vivo, pero también sabemos que los hombres tienen movimientos que hasta ahora ningún aparato es capaz de igualar. Corolario: Si la vieja con la que quiere quedar bien disfruta del sexo oral, aprender trucos de cunnilinguis. Hará la diferencia entre ser un amante bueno y uno espectacular. 

Para el viernes tengo 3 opciones: las mujeres que odiamos; los buenos cuarentones, cincuentones y sesentones; y porque los hombres ricos siempre estarán buenos. ¿Cuál tema les suena más?



Créditos de las fotos:

viernes, 7 de mayo de 2010

Ella NO era un travesti

persona apoyada en su mano con un collar de perlas negras enredado en ella

Usted acaba de escoger el six pack de la cerveza que le gusta y busca una caja desocupada para pagar. En una está una señora mayor buscando monedas en la cartera para darle propina al empacador, en otra hay un tipo con sudadera y pelo largo. Decide ir a la segunda para salir rápido del supermercado. Cuando llega a la caja, el tipo se da la vuelta para dejar la revista que estaba leyendo, usted echa un ojo para ver a la supermodelo de la portada, pero se da cuenta de que es una Cosmopolitan, lo que explica porque cuando llegó a la caja el tipo le olió a niña. El tipo es una vieja alta.

En la naturaleza hay aves e insectos que se aparean naturalmente aunque el macho sea más pequeño que la hembra. Ellos no saben de estereotipos ni de cultura, lo único que les interesa es seguir con su vida. La hembra escoge al macho de mejores genes y los machos hacen todo lo posible para dejar de sentir el terrible dolor de huevos, que aparece cuando llega esa época del año, así, a la menor oportunidad, siguen el programa que la naturaleza tiene para ellos, sin pensar ni cuestionar, a diferencia de los hombres.

Los humanos también somos animales, pero animales jodidos. Amamos la biología del sexo, estamos en celo todo el año y para colmo somos un montón, lo que produce una mezcla perfecta para hacernos difícil la vida a las mujeres con tamaño de hombre.

A los hombres la evolución les dio espaldas anchas y músculos fuertes para que pudieran cazar el alimento y protegernos de los peligros. A las mujeres las hizo de tetas infladas y caderas anchas, para tener teteros y cunas portátiles, y a nosotras, las mujeres con tamaño de hombre, nos echó un mal chiste.

No sé si la tendencia de hacernos independientes, casi autosuficientes, tuvo efecto en la anatomía. No sé si la evolución decidió que las mujeres comenzamos a necesitar ser más grandes para protegernos a nosotras mismas, que como nos la pasamos trabajando para pagar las cuentas, sería un detallazo darnos además un cuerpo que hiciera juego con eso.

Siento que las mujeres altas, grandes en tamaño, les decimos a los hombres sin palabras que son inútiles y retrógrados. Parece como si nuestras dimensiones fueran intentos inconscientes de engañarlos, de hacerles creer que somos como ellos pero disfrazados de mujeres.

Ser una mujer alta, grande, es como gritarles en la cara a los hombres que materialmente no hay nada que no se pueda resolver en su ausencia. Es decirles que se han demorado tanto en cambiar, que ya hay soluciones para vivir sin ellos, que sólo nos hace falta acumular suficiente semen de los mejores machos, para comenzar a exterminarlos sistemáticamente. La verdad es que quienes piensan así se equivocan por completo. Ser una mujer alta no es igual a declararse feminista radical en silencio.

Las mujeres altas tenemos las mismas necesidades físicas y emocionales que las de menor tamaño, también somos vulnerables y adoramos que nos defiendan, se nos enfrían los pies en las noches y queremos un par de pies calientes que lo resuelvan. A veces la plata que nos ganamos sólo nos alcanza para lo básico, nos quedamos con ganas de comer tiramisú o comida china grasosa.

Si después de leer esto le quedan dudas de que hay muchas maneras de complementar a una mujer alta o no, en la próxima entrada le daré una lista de 10, basada en el kit de soltera.