Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

viernes, 31 de diciembre de 2010

El privilegio de la desnudez

Los hombres verían más mujeres desnudas si les dijeran más a menudo que las arrugas, las estrías y los gordos no importan. Si les recordaran con sinceridad que verlas sin ropa es un acontecimiento que siempre esperan verían más tetas en vivo.

No propongo  el nudismo como la siguiente tendencia de moda, hablo de la inseguridad que mina las cabezas de tantas viejas, de esas que hacen el amor, cuando lo hacen, con la luz apagada o debajo de las cobijas.

La desnudez en ambientes tranquilos, íntimos, de respeto  y con propósitos definidos eleva la autoestima femenina. En esos contextos es posible aprender que ninguna tragedia ocurre al descubrir la celulitis y la flacidez. Se comprende entonces que los monstruos deformes son demonios creados por la mente.

Un poco así lo aprendí yo después de mi experimento.

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A partir del 14 de enero comenzaré a publicar quincenalmente. 
Separaré tiempo para leer un libro acerca de diferencias de género que compré hace tiempo. Intentaré traer temas nuevos y leeré sugerencias de ustedes, cuando las escriban.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Se busca Ken huérfano y con casa propia


Los hombres pueden ser clasificados usando miles de normas, una de ellas se basa en el vocabulario que eligen para hablar. Algunos dicen “madre” en lugar de mamá y “padre” en lugar de papá quizás porque lo aprendieron, tal vez porque un día comenzaron a creer que esas palabras les daban un aire elegante. Yo sospecho que esa costumbre esconde a un tipo con complejo de Edipo sin resolver.

Las mujeres nos medimos hombres como los hombres se miden vaginas y no hablo de promiscuidad. Así como es fácil encontrar fulanos que juegan a imaginar cómo es follar con cada mujer que se les cruza en el camino, es sencillísimo dar con susanitas que se imaginan caminando al altar con cuanto tipo les sonríe.

La cultura latina, a pesar de sus aspectos positivos, hace grandes esfuerzos todos los días para convencer a las masas, gordas y femeninas, de que el éxito sólo está completo cuando además del trabajo perfecto se tiene al marido impecable. 

El material matrimoniable es ese que tiene la vida resuelta o que al menos aparenta estar en camino hacia la consecución de ese objetivo. Se espera que tenga un empleo estable, con posibilidades de ascenso o mejor, que sea muy emprendedor y negociante persuasivo, cualidades suficientes para tener con qué pagar el anillo de compromiso de 2 mil dólares, el matrimonio de 40 mil y todos los demás accesorios que vienen en la cajita.

Las mujeres jugamos de niñas con Barbies y aprendemos que es mejor la muñeca que viene con “todo incluido” en lugar de esa pobrecita que apenas llega con lo que tiene puesto, por eso de grandes nos acostumbramos a exigir un Ken de tamaño real huérfano y con casa propia.

Poco se habla de la presión a la que están sometidos los hombres para salir de sus casas alrededor de los 25, empero existe. Nosotras tendemos a buscar tipos mayores  5, 10, 15 años que nos apoyen, nos enseñen y sean ejemplos a seguir, por eso tendemos a huir de esos que no sólo dicen “sí madre” y “sí padre” sino que además se sienten muy contentos cada vez que acompañan a su mamita a hacer compras, mientras exhiben orgullosos el quiebre en los jeans planchados.

El hombre que llega a los 30 viviendo en la casa de los papás es digno de repulsa. Cuando encontramos un espécimen así sentimos el derecho a tocarlo con un palito, como el niño que inspecciona un ave muerta en el parque para asegurarse de que es miserable y no volverá a volar. 

Aquél que a los 25 no ha salido de su casa y luego, como por arte de magia se convierte en un buen partido es una leyenda urbana que las mujeres inteligentes no estamos dispuestas a creer… al menos no fácilmente ni en ausencia de pruebas.

viernes, 17 de diciembre de 2010

La cuca calva

Muñecas Barbie o la inspiración de las mujeres que se dejan la cuca calva.

Mi primera experiencia con la pornografía me mostró una imagen en la que una vulva lampiña era presentada como una circunstancia natural, sugiriendo que toda la educación sexual que he recibido está mal, intentando convencerme de que lo más excitante, limpio y sano es tener la cuca calva.

Dentro de una cultura que educa a los varones para que tengan tantas parejas sexuales como se les antoje, mientras critica a las hembras cuando no se casan vírgenes, aprendí que la vagina, y todo lo relacionado con ella, debía mantenerse en secreto, así como los ilusionistas esconden sus trucos para que ojos impertinentes no puedan verlos.

Recuerdo que cuando estaba en el colegio oía historias de lo peligroso que era hacer ejercicio mientras se estaba menstruando, que la sangre del período era perfecta para tratar el acné, si se aplicaba como mascarilla durante la ducha, y la creencia de las abuelas acerca de que bañarse durante esos días podía ocasionar enfermedades mortales. Más tarde, de modo predecible, el vello púbico pasó de sospechoso a procesado.

En esa etapa en la que algunas mujeres juran sobre un cerro de biblias, copias del Corán, sutras o tumbas de madres que esperarán hasta que el hombre perfecto llegue para perder su virginidad, entretanto otras matan la curiosidad con el amigo con derechos que tienen más cerca y restantes, muy pocas, tienen la primera vez soñada y anorgásmica que imaginaron desde que dieron el primer beso, llegaron las discusiones en torno a cómo debían lucir los pelos de abajo para lucir más bonita.

Depilación tras depilación y coito tras coito el asunto se especializó. Las recomendaciones de centros de estética se hicieron tan comunes como las de tiendas para comprar ropa.

Es una tontería esconder la realidad. Las mujeres hemos visto suficientes horas de pornografía y fotos de cucas calvas célebres, descubiertas por accidente, para convencernos de que esa es la moda genital.

Una médica familiar, de aquellas que te examina antes de explicarte lo que te aqueja, en lugar de dispararte prescripciones de acetaminofén apenas terminas de recitar tu número de identificación, me habló del aumento, en su consulta, del número de mujeres diagnosticadas con infecciones vaginales, mismas que con frecuencia se depilan por completo para estar a la moda. Las causas de esta condición son falta de higiene, uso continuo de ropa mórbidamente ajustada, uso de ropa interior hecha con fibras artificiales y cambio en el pH provocado por algunos productos de limpieza, entre otros. A pesar de este listado de probabilidades mi interlocutora estaba cierta en que uno de los motivos femeninos de consulta, más frecuentes, tenía relación directa con la “cuca calva”. Según ella las mujeres se someten a este procedimiento – doloroso si se hace con cera – para darles gusto a sus parejas, o creyendo ingenuamente que mantener sin vellos su pubis las hace más pulcras.

La verdad es que en la vulva yacen muchísimas terminaciones nerviosas, así que en ausencia de vello las sensaciones en ésta área se magnifican. La piel de éste lugar además alberga glándulas sudoríparas apócrifas, similares a las presentes en las axilas y las auréolas de los pezones, productoras de feromonas, conocidas por ser una de las palabras favoritas de los guionistas especializados en infomerciales de lociones y perfumes.

Paso a paso va quedando claro que la depilación brasileña no sólo es útil para realzar el estilo personal, lucir hermosas pelucas y mejorar a nivel casi inconsciente la capacidad de atraer parejas. La cuca calva funciona cuando se trata de despejarles el camino a los microorganismos que quieren vivir en una cueva oscura y húmeda.

Supongo que con el tiempo más mujeres llegarán a ver películas pornográficas latinas en las que descubrirán, con sorpresa, que algunas bailarinas exóticas de profesión no tienen problemas para excitar a un trío de hombres aunque su cuca no esté calva e inmaculada.

Artículo relacionado y muy recomendado:


viernes, 10 de diciembre de 2010

29 años y dejando de contar... - Parte 3



...Después de hablar un rato me permitió quitarle el pantalón e hice los mismo con el mío. Ella empezó a acariciarme sobre el bóxer al tiempo que comenzaba a quitármelo. Mientras me masturbaba le insistí para que me permitiera quitarle la ropa interior, esos cacheteros que quería arrancarle a dentelladas. Se resistió inicialmente, pero luego como por arte de magia se los quitó sin que yo hiciera mayor esfuerzo…

Ahí estaba ella, completamente desnuda, tan tierna y tan excitante. Empecé a besarla por todos lados, pero aún se resistía un poco y cubría su intimidad con una de sus manos. Luego algo en mí se encendió. Mientras besaba el interior de sus muslos, a medida que subía, retiré su mano con fuerza, tan sólo acerqué mi rostro, como queriendo reconocer el área. La toqué tímidamente con la lengua y mi concepto de sexo oral me llevó a introducir la lengua lo más hondo que pude, sin embargo me agarró del pelo y me dijo “más arriba”. Entendí de inmediato sus palabras y repentinamente me encontré masajeando con mi lengua, palpando con mis dedos, escuchando sus sonidos, olfateando, saboreando... todo mi cuerpo estaba en una especie de sincronismo perfecto con los sentidos puestos en ella.

Sentí como sus piernas aprisionaban mi cabeza con una fuerza abrumadora y al levantar la mirada comprendí la razón: sus sacudidas… 

Su abdomen y sus brazos se tensaban una y otra vez, sus ojos se ponían en blanco, parecía respirar con esfuerzo y su rostro se transformaba como si en lugar de sentir placer experimentara dolor… En ese momento comprendí que en una mujer el orgasmo no es la máxima expresión de placer, es la pérdida del control de su cuerpo para alcanzar el nirvana por unos instantes…

Nuevamente descansamos, nuevamente hablamos y esta vez me pidió estar dentro suyo. 

Tuve mucho miedo. 

Estando sobre ella me guió para encontrar el camino correcto. Al comienzo intenté hacerlo lo más lento y suave posible porque tenía miedo de acabar antes de tiempo, luego pasé de tener movimientos delicados a embestirla con toda la fuerza posible, rápido o despacio, me daba igual… Estar con ella fue la sensación más pura que he sentido, ser uno solo mientras la miraba a los ojos. Mi placer no fue el tener mi primer orgasmo con una mujer, solo fue la cereza del postre, el verdadero placer fue compartir con ella, con la mujer que amo.

Aprendí que al hacer el amor, ni el asco, ni los prejuicios, ni los temores o las dudas importan, al tener sexo, no sé…. La virginidad está subvalorada.

Nada se puede agregar a un relato honesto y a la altura de este blog. Sólo puedo recordar que la primera vez no es un impedimento para usar protección, o sea condón, masculino o femenino. 

Después de leer esta historia halaga ver cómo un hombre puede tener sentimientos tan profundos como aquellos que parecen caracterizarnos a las mujeres. Ser hombre no es impedimento para ser altamente sensible y no, no hay que ser homosexual para lograrlo.

La próxima semana publicaré un artículo acerca de la moda de la cuca calva, inspirado en una conversación que tuve alguna vez con una médica.

viernes, 3 de diciembre de 2010

29 años y dejando de contar... - Parte 2

En la segunda entrega de esta historia anónima aparece una descripción que se esmera por ilustrar cómo es descubrir por primera vez un orgasmo ajeno.



Ese día no esperaba que pasara nada en mi apartamento, nos sentamos en mi cama para hablar, nos besamos, acariciamos y nada más, no esperaba porque conocía muy bien los límites. De alguna forma ella terminó acostada sobre mí y la curiosidad me llevó a tocar sus pechos bajo su camiseta, esos que solo podía tocar a ciegas sobre su ropa. Era una sensación nueva. Ella me ayudó a quitarle la camiseta y el brasier, así pude ver uno de los espectáculos más bellos de mi vida, pero llegó la prohibición... “nos podemos quedar sin camiseta y no más”. Luego me quitó la chaqueta y la camiseta.

Besé tanto como pude, recorrí todas estas nuevas zonas de piel, desconocidas para mí, con mis labios y mis manos. Apreté, chupé o simplemente soplé con suavidad haciéndola sentir frío en sus pezones.

Después de un rato nos quedamos en cucharita* y en ese momento me permitió deslizar la mano sobre su jean, hasta llegar a esa parte que hoy considero mi manjar y mi placer.

Me indicó cómo acariciarla hasta que simplemente no aguanté más, desabroché su pantalón, con la excusa de descubrir detalles... no me permitió tocarla por completo, solo sobre su ropa interior. Me indicó con palabras cómo llegar al punto exacto, ese en que mis dedos la estimulaban de la mejor forma...

Después de besarla y acariciarla, decidí desobedecerla. Ahí, mientras estabamos en cucharita, metí la mano bajo sus calzones. Llegué a un entorno cálido y húmedo, sentí como tiritaba, parecía muerta de frío, y aunque mis dedos se desviaron un poco del camino, ella nuevamente los puso en su lugar. Su respiración se agitó y de repente sentí que se ponía muy tensa. Empezó a dar unos gemidos suaves, su cuerpo se sacudía de alguna manera que no podía comprender. Después de un instante descubrí que con cada movimiento de mis dedos estas sacudidas se repetían, como si fueran el efecto producido al accionar un botón... luego me pidió que me detuviera... que le permitiera disfrutar.

*Acurrucados o encajados el uno en el otro, mientras sus rodillas están dobladas y permanecen de costado sobre la cama.

La próxima semana viene el cierre de este relato.

viernes, 26 de noviembre de 2010

29 años y dejando de contar...- Parte 1


La siguiente historia comienza aquí, hace meses, luego de responder una pregunta anónima en mi pornspring. Un hombre virgen quería saber cómo comenzar su vida sexual y yo me atreví a darle algunas indicaciones. Para él todo salió bien, tan bien que muchas mujeres le tendrían envidia. Podría decirse que tuvo una primera vez ideal. 

El relato, compuesto por 3 entregas, recibió un poco de edición, pero en general es producto del generoso autor. 

Hola Licuc, 
Te cuento la historia en partes, porque creo que antes de contarte la historia debo poner un contexto y porque siempre dispongo de muy poquito tiempo. Espero no aburrir.

Dicen que los caballeros no tienen memoria, pero quiero compartir mi historia, quien quita que un bonito momento pueda ser plasmado en bellas palabras... espero no sonar grotesco en ninguna parte de la historia.
¿Cómo sobrevive un hombre virgen en sociedad? mintiendo, tomando las historias que oye y adaptándolas, teniéndolas listas para compartirlas en algunas tontas charlas de "macho" en las que muchos también mienten... ¿y con las mujeres? respondiendo “los caballeros no tienen memoria". En fin...

Tras tantos años de castidad conyugal, conocí a la mujer más perfecta de todas: la jedi, de la que me enamoré (por primera vez), la que estimula mis neuronas, la que me intimida con su inteligencia, la que ha recorrido, vivido y sufrido. Tan fuerte como  femenina... supongo que su combinación de inteligencia y belleza es lo que la convierte en el Darth Vader de los hombres, la que los mantiene alejados y la que la trajo a mí...

Cabe anotar que en el momento en que nos hicimos novios, decidí contarle la verdad. Ella tiene la misma edad que yo, y contrario a mis temores no se alejó. Dice que se alegra mucho de ser quien me descubrió y no otra mujer. Fue muy comprensiva con ese tema desde el principio, más teniendo en cuenta que estaba acumulando deseos desde hace mucho tiempo.

Yo muy curioso quería besar y tocar todo, pero ella al comienzo no lo permitió, solo gradualmente me dejó acercarme más a diferentes partes de su cuerpo, pero nunca a la más importante de todas, la más intima, la que yo más debía cuidar, su vagina... yo en cambio sí le dejé poner las manos donde quería... soy igualito a los demás.

En la siguiente parte te contaré la historia que realmente quiero relatar.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Anilingus o beso negro




Cualquiera que sea el nombre que se le dé a la práctica de besar, lamer, estimular y tocar el ano con alguna parte de la boca no disminuirá el carácter polémico de una opción privada. Tampoco impedirá que mucha gente siga practicándolo, aunque en público lo niegue.

El anilingus es una opción para quien se le mida y no se limita a una inclinación sexual, por lo que me parece bastante democrático, sin embargo el asunto acá es de disposición y repulsa.

Digamos que usted se cansó del misionero, la silla, el perrito, el pollo asado y el 69. Supongamos que está dispuesto a probar emociones nuevas y sabores distintos pero no se anima a consultarlo con la mujer que tiene al lado. Lo primero que debe hacer es establecer el nivel de tolerancia a lo extraño un su pareja.

Si cuando la invita a comer solo acepta como sobremesa limonada, cerveza, agua y vino, pero se escandaliza cuando le proponen probar bebidas con liches o licuados de manzana verde, espinaca y zanahoria, sus probabilidades de explorar esta actividad con su pareja se reducen. Si en cambio ella es quien lo anima a probar sabores  exóticos como la cúrcuma, el azafrán y se muere de la risa cuando le propone comer chunchullo u orejas fritas de marrano está en un sendero prometedor. Las personas que están dispuestas a experimentar con comida poco común son menos remilgadas si se les presenta innovación envuelta en sábanas.

Ahora ya recibió el anhelado “sí” y quiere saber cómo prepararse para la extraordinaria faena. Comencemos con la limpieza y los dedos.

El agua y el jabón

Ya dispuestos a disfrutar del beso negro lo mejor es preparar el escenario. La limpieza es importante para lograr una sesión exitosa de anilingus. Los expertos aconsejan bañar la zona con jabón y paño suaves o usar enemas, adminículos que a varios les resultan eróticos, sin embargo es conveniente hacer el procedimiento unas horas antes, así el cuerpo tiene tiempo de reabsorber la humedad que deja.

Recuerde que por más juiciosa que sea su tarea la presencia de heces en esta zona es natural, así que prepárese para encontrar algún resto mientras juguetea, pero tenga presente que tampoco logrará resultados positivos si exagera con la higienización. Los tejidos que se encuentran allí se verán alterados si usa elementos que puedan rasgar o lastimar de modo alguno el ano. Asimismo el abuso de lavativas puede romper el balance natural del mecanismo de evacuación.

Dedos a la obra

Es probable que no vaya pedirle a su compañera que se empelote y se ponga en cuatro para comenzar la función, mas bien comenzará con un jugueteo de manos y dedos. En ese momento, así las neuronas lo tengan pensando como simio, recuerde que llevar las manos del trasero a la vagina, sin lavárselas antes, es una excelente forma de producirle una seria infección urinaria, así que evítelo. La alternativa podría ser una mano para el frente y otra para la retaguardia. Esta precaución también aplica para la boca, pero eso lo resolvemos más adelante.

Besando el lado oscuro

Terminados los preámbulos es momento del gran cierre o del gran acto, dependiendo de cómo se venga la pasión.

Los condones, cortados a lo largo (ya haré un video de la técnica uno de estos días) pueden usarse para cubrir el ano y poder jugar con la boca sin preocupaciones. No es misterio ni mito que en el recto, tan cercano al intestino grueso, habitan bichitos que si se tragan provocan enfermedades con síntomas tan molestos como fiebre y calambres, entre otros, pero eso no detendrá la diversión.

Los guantes de látex, que se asocian con falta de salud en este caso pueden prevenirla. Cortar los dedos para luego abrir en toda su extensión la superficie de la que está hecha, también permite cubrir el ano para lamer, chupar y mordisquear a gusto, eso sí busque esos que no tienen talco, de lo contrario puede encontrar obstáculos pulverizados que lo lleven a odiar el anilingus.

Si quiere llevar lubricante a su incursión en tierras inexploradas, pídale a quien atiende su sex shop de confianza uno a base de agua. Los que están fabricados a base de látex pueden dañar la superficie de condones y guantes hechos del mismo material, así que perdería todo el esfuerzo previo.

Tal vez todas estas precauciones le resulten aburridas, pero si las toma podrá abandonarse a la práctica segura y confiada del anilingus, sin pensar en la transmisión de enfermedades, no sólo sexuales, además este plan podría repetirse en el futuro junto a otros igual de placenteros o llevarlo a otras prácticas como la sumisión.

viernes, 12 de noviembre de 2010

El arte de los nudos – V

Estar frente a las tetas de una amiga es una sensación extraña. Estar frente a las tetas de otra mujer,  siendo heterosexual, no es habitual.

Si no eres lesbiana rara vez estarás en una situación en la que vez desnuda a otra mujer, menos si eres latina. En este continente nos enseñan a ser recatadas desde niñas. Cuando tenemos clase de educación física no nos desnudamos las unas frente a las otras para cambiarnos de ropa, llegamos al colegio en sudadera y listo. Para algunas ya es trauma suficiente tener que mostrar las piernas lívidas y raquíticas a ojos extraños.

Vivir en Latinoamérica te enseña que las playas nudistas son lugares escasos y llenos de morbo. Hacer topless es un escándalo. Quitarse la ropa en público, para lo que sea, es una forma segura de llamar la atención. 

Acá comienzan los arrepentimientos.

Nunca estuve segura de hacer esto como nunca estuve segura de nada en mi vida. Escribir no cuenta. Escribo porque está en mi naturaleza como mis manos o mis piernas. Así que eso no cuenta.

El problema no es mío, es ajeno pero es mío. Me explico. Verme desnuda no tiene nada de inquietante o enfermo, soy yo y así me veo, pero cuando entran otros ojos, no los de un amante sino los de un amigo con su mirada estética, profesional o los de ustedes lectores con el morbo y la gana de ver carne todo cambia.

Una vez una mujer se quita la ropa hasta descubrir su piel en público, en directo o en diferido, sabe bien (o mejor que lo sepa) que será motivo de eyaculaciones que estarán fuera de sus manos. ¿Quiero eso? Creo que nunca lo quise, creo que perdí el camino, creo que la imprudencia fue más fuerte que la constancia.

No nací para empelotarme, no nací para mostrarme, al menos no así. Nací para escribir y crecí escribiendo. El sexo me gusta como le gusta a mucha gente y creo que es natural, pero no creo que sea natural compartirlo con todos. Allá ellos, los que se dicen pansexuales, poliamoristas o polioamorosos, no soy ellos, no me interesa serlo, no quiero discutir con ellos, convencerlos de algo ni que me convenzan de nada.

El cuerpo es hermoso porque es naturaleza pero la mente está tan infectada de pensamientos, sucios e incontrolables, que no vale la pena exponerse a lo que no se sabe cómo terminará, menos con tantas inseguridades actualizadas.

Las fotos ya están, eso es inmodificable, no tengo control sobre ellas. Ella y yo confiamos en la bondad de los fotógrafos que son amigos míos. Tal vez borraré varias, muchas, quizás todas, no sé si las mostraré, puede usted señor lector pelear, discutir y no volverme a leer por haberle hecho promesas vacías, pero soy yo la que se muestra en ellas, soy yo la que lleva encima la responsabilidad y sus consecuencias.

En este momento tengo dudas, temores y pocas certezas. Sé que una vez publique alguna imagen mía perderé por completo el control de ella, más todavía, y también sé que el principal motivo por el que comencé este proyecto fue la posibilidad de reconocerme dentro de unos años como una mujer segura, bella y completa. Si una imagen privada se hace pública lo hace para siempre, además ese cambio en su calidad no es necesario para mi proceso personal.

Este proceso no gana nada si lo hago partícipe de lo que es mío, si decido incluirlo, lo privilegio, así como lo hice con los fotógrafos, así como ella lo hizo con nosotros al compartir las imágenes de su piel. Solo cuando esté segura de qué quiero mostrar, porqué lo quiero mostrar y sienta la fuerza interna necesaria para enfrentarme a las consecuencias potenciales decidiré qué hacer con este material, antes no, lo cierto es que en el momento presente no estoy lista para el desapego del control. 

La comprensión de mi identidad es una tarea mía y la abordo desde su complejidad intrínseca, por eso la decisión final de si organizo o no más sesiones, si publico o no las fotos, si expongo o no todo el material es mía y no pienso tomarla bajo presión. Así haya dicho en algún momento que iba a subirlas en diciembre no estoy dispuesta a dejarme presionar por un plazo acordado, conmigo misma, a la ligera. En este caso ejerzo mi derecho a la privacidad y mi capricho de arrepentimiento.

Por lo demás despreocúpese. Trabajo por hacer textos más amenos, menos reflexivos, menos “mi querido diario” para publicar en este blog. La calentura y la profundización en temas de los que otras mujeres se niegan a hablar seguirán acá, por ejemplo el beso negro. Esta es una excepción que necesitaba hacer y debía publicar acá por el deber que siento con usted por el tiempo que me ha dado con sus lecturas.

viernes, 5 de noviembre de 2010

El arte de los nudos – IV

Había dos modelos y dos fotógrafos, nadie profesional, nadie con experiencia. Ella se fue con el tejedor de nudos y yo me fui con el que trabaja en el capitolio.

No trabajamos sobre un esquema claro. Aunque ella y yo habíamos hecho una investigación somera acerca de la estética que queríamos lograr, sólo teníamos claro que todas las fotos serían a blanco y negro. Una vez juntos dejamos que la empatía eligiera y tomamos lugares en los escenarios aficionados.

Yo comencé, ya estaba en ropa interior pero era igual a estar en vestido de baño. Las dudas estaban ahí, los miedos presentes y quizás confundí prudencia con pudor, pero ya está, las fotos se hicieron.

Reí, reí mucho y me sentí bien. 

El fotógrafo que me tocó a mí era profesional a pesar de que por primera vez se veía en tal situación. Apenas comenzó la dinámica de buscar una imagen estética, lograda pero a la vez natural y quizás hasta cotidiana, todo fue normal. Aunque, tal vez, para los vecinos que se enteraron a través de las ventanas sin cortinas del lugar no era un día normal.

Mi manía controladora tuvo que ceder. Yo no estaba viendo a través del lente de la cámara y si hubiera pedido, insistido para ver el resultado de cada toma de la sesión él no habría logrado más de 300 posibilidades sino menos de 50. 

Al fondo, en otro lugar de ese sitio, se desarrollaba la otra sesión, una más compleja por los preparativos.

El tejedor de nudos tenía que armar las figuras con la cuerda, dejando espacio para la cabeza, los brazos y la cadera de ella, además tenían que ser corredizos para hacer ajustes sobre la marcha. Muy aplicado observaba su cuaderno de apuntes y se concentraba en el blanco de la cuerda y no en el de la piel de ella. Al terminar comenzaron las pruebas.

Del trabajo de ellos salieron unas 150 imágenes, algunas halladas con la tensión física que el resto del equipo ayudó a incubar.

viernes, 29 de octubre de 2010

El arte de los nudos – III

Cada vez que le contaba a un hombre mi proyecto de hacer una serie de fotos de desnudos aparecían fotógrafos y luminotécnicos aficionados. Esa experiencia me llevó a escribir La capitalización de las tetas, tras leer algunos textos relacionados con el tema y comprender que los tipos siempre adorarán ver senos.

Aquí y ahora siento que fui imprudente, que hablé de más y que conté a demasiadas personas lo que quería hacer. Creé una expectativa que dudo pueda satisfacer en el futuro. Aún así, con dudas mayores y menores, seguí adelante.

El espacio necesario para tomar las fotos no fue fácil de conseguir. Se necesitaba un sitio privado y sin muchas personas. Luego de un viaje ajeno improvisado y una convocatoria de última hora, armamos entre amigos una sesión relámpago.

Sin mayores preparativos, con muchas ganas y mucho sueño, al menos yo, comenzamos.

Empezamos con torpeza. Ese día me levanté temprano y resulté hablando de métodos de depilación con los fotógrafos que, para mi sorpresa, estaban más interesados que yo en el asunto. Les parecía absolutamente curioso que existiera una depiladora eléctrica que arrancara los vellos de raíz.

Al tiempo que iba avanzando el grado de confianza, salían los secretos, antes que la ropa. Escuché historias en las que ellos habían intentado tener una piel tersa usando varios métodos: crema depilatoria, máquina de afeitar, cera, en fin, escuché detalles que habría preferido ignorar.

Luego uno de ellos, justamente el fotógrafo aficionado elegido a última hora, comenzó con lo que había anunciado. 

Sacó de su morral un cuaderno de hojas cuadriculadas en donde se leía, en una de sus primeras hojas, “Bondage – I”, y en las de más adelante “Bondage – II”.  En el contenido se podía ver el dibujo de un cepo hecho a mano alzada e instrucciones ordenadas acerca del arte de los nudos.

A continuación sacó unas cuerdas blancas y suaves para tejer sobre su ropa las figuras que completarían la composición. Ella, la otra mujer jedi, estaba fascinada con toda la parafernalia de sumisión que comenzaba a aparecer. Al terminar tenía un hermoso arnés japonés para darle tonalidades novedosas a la estética de los desnudos.

viernes, 22 de octubre de 2010

El arte de los nudos – II

Un pub lleno de mesas, al fondo música alta y mucha gente. Algunos coquetean entre sí, otros beben hasta olvidar lo odioso de sus vidas. Mientras, nosotras, las mujeres jedi hablamos y nos reconocemos en las otras.

Ella escuchó sin juzgarme mi experimento fotográfico, es más, se ofreció para ser la fotógrafa que me ayudaría a lograr las imágenes que tenía en mente. Luego con calma y paciencia, sin pudor, me dijo que incluso la idea le gustaba para ella, que le parecía interesante, que también se le antojaba quitarse la ropa para hacer unas imágenes bonitas.

Lo siguiente fue contarle de esa columna que escribí, de aquella en la que intenté describir mi naturaleza, y luego de esa otra en la que retrataba nuestra naturaleza. Ese intento de mostrar en Colombia, en una cultura tradicional y muchas veces reducida, que las mujeres no nacimos, ni seguimos naciendo sólo para ser mamás y esposas, que somos mucho más y no por eso somos lesbianas.

El tema del desnudo pasó a un segundo plano, lo importante era la esencia, esa que nos hace ser quienes somos, esos cerebros maravillosos que tenemos “infectados de naturaleza masculina” dirían algunos. Las tetas fueron lo de menos.

Ese día quedó en el aire pero en pie el propósito de hacer las fotos, pero más que eso quedó la certeza de reconocernos en la diferencia y el orgullo que ese reconocimiento trae consigo.


viernes, 15 de octubre de 2010

El arte de los nudos - I

Después de abrir este blog y verme hablando con amigos, todos hombres, hasta altas horas de la noche, en medio de carcajadas sonoras, pensé en reunirme con los lectores para hablar de aquellos temas que logran miradas torcidas y silencios incómodos en muchas mujeres. Luego comencé a pensar en quitarme la ropa.

Pocas no son las viejas que han decidido impulsar su carrera “artística” con una empelotada, yo buscando algo parecido y viendo como mujeres con algo de sesos, exceso de hambre de fama y queriendo proyectar una imagen intelectual tergiversada también me antojé. 

Al comienzo quise justificarme “yo no soy como ellas”, “yo no trabajo en una revista”, “a mí no me pagan por hacerlo” y “si supimos de qué color tiene los pezones, en resumen, la vimos en bola”, pero luego me di cuenta de que no necesitaba hacerlo. No tengo hijos, no estoy casada, es más no creo ni en los noviazgos (pero sí en las relaciones de pareja) y siempre he hecho lo que se me viene en gana.

Concluí que cuando esté viejita quiero tener imágenes que me recuerden lo feliz que fui y la capacidad que tenía de divertirme, pero sobretodo de divertirme conmigo misma.

Con esta conclusión y con la seguridad incubada, me encerré un día en mi cuarto a hacer pruebas, la mayoría a blanco y negro. Salieron imágenes horrorosas, composiciones interesantes, juegos de luz creativos, junto a ideas de lo que vendría. En esa sesión, solitaria e improvisada, apareció una foto que luego recorté para poner en el perfil del pornspring de este blog.

Las inseguridades también aparecieron, especialmente cuando veía las fotos en la pantallita de la cámara y comprobaba que no me gustaba el cachete caído, el pliegue en la ropa o el mechón sobre la piel que debería verse impecable. Con desagrado descubrí esos rasgos superfluos que llevo dentro. Sin embargo mis demonios internos no lograron detenerme.

Tiempo después, en una salida nocturna con dos mujeres, mientras contaba mi proyecto una de ellas se ofreció a ser mi fotógrafa y, además,  hacer parte del proyecto de la empelotada.


viernes, 8 de octubre de 2010

Machistas disfrazados de caballeros - III

En la primera parte de esta serie escribí acerca de los machistas que quieren hacerse pasar por caballeros al no permitirles a las mujeres ejercer actividades con tradición masculina, como manejar y aquellos que creen deberíamos vestirnos siempre con falda. 

En la segunda mencioné a los que esperan salir todo el tiempo con muñecas y a los que sufren ataques, casi ansiosos, al ver que una mujer quiere invitarles un café. 

Abajo encontrará los 2 últimos disfraces de esta serie.

Su pareja es una mujer creativa y práctica, por eso siempre encuentra adornos nuevos en la casa. A veces es un jarrón lleno de flores, otras bolsas de pétalos de flores secos en el baño o un camino de mesa bordado a mano. 

Ella prefiere hacer esos objetos en lugar de pagar microfortunas en las tiendas donde las venden. Lo que usted no sabe es cómo logra que todo le salga tan barato, tal vez si lo supiera le daría su tarjeta de crédito para pagar lo necesario con tal de que ella no se arriesgara innecesariamente.

Su pareja conoce tan bien como usted la ciudad pero además sabe dónde compran, al mayoreo, los comerciantes de materiales para manualidades, por eso se resiste a pagar de más con la excusa de que el local “es divino” y “está ubicadísimo”. Ella prefiere irse a la fuente, el centro, por decir un lugar,  donde venden los mayoristas.

Si le parece horroroso que su amada ande sola por lugares tan lúgubres y peligrosos, porque está convencido de que las mujeres somos seres tan delicados como los copos de nieve, que necesitamos un guardaespaldas personal para andar por sitios populares, mejor comience a cambiar de idea. 

En más de una ocasión sabemos perfectamente cómo desenvolvernos en lugares que a sus ojos son inhóspitos, además no tenemos problemas con pedir ayuda si la necesitamos, por ejemplo al sentirnos perdidas.

Ella y usted tienen un acuerdo explícito en el que, una vez al mes, cada quien sale con sus amigos, es decir usted con sus amigas y amigos, y ella con sus amigas.

En su cabeza no cabe la posibilidad de que un hombre quiera acercarse a una vieja sin segundas intenciones. En realidad disfruta mucho del coqueteo inofensivo que logra en sus salidas mixtas, por eso su sangre burbujea al imaginar que ella puede andar en las mismas.

Por favor no lo niegue, al menos mantenga su dignidad sincerándose. Al usar el doble esquema “yo puedo, ellas no” sólo hace más evidente lo que ya es obvio. Tanto derecho y tantas habilidades como usted tiene su pareja para respetar la relación que tienen.

Si se siente incapaz de respetar las decisiones que toma y ejecuta la vieja que tiene al lado entonces asúmalo, seguirá siendo machista y saliendo con culicagadas, cronológicas y/o mentales.


La próxima semana comenzaré una nueva serie, fragmentada e irregular. No sé cuántos textos tendrá, lo que sí sé es que relatará algunas de las experiencias que han hecho parte del proyecto de la empelotada de las mujeres jedi.

viernes, 1 de octubre de 2010

Machistas disfrazados de caballeros - II

La semana pasada presenté a los machistas que se disfrazan de caballeros expertos al volante y de los amantes de las faldas. En esta entrada encontrará a los machistas disfrazados de millonarios y a los caballeros barbudos.

Está en un restaurante vegetariano al que ella lo arrastró. Ya pasó por toda la tortura de probar sabores extraños y vomitivos, por lo que siente alivio al saber que sólo falta pagar la cuenta, con la que muy seguramente se sentirá robado porque no se comió ni la mitad de su plato. 

Después de revisar la cuenta busca a tientas en su pantalón la billetera para pagar, pero lo espera una nueva amargura, en la carrera por salir con esa vieja que le encanta dejó la plata en la oficina. Ella, que no es tonta, se da cuenta y espontáneamente le dice “yo pago”, pero usted lo siente como una ofensa. Ella sigue “Yo elegí el restaurante y ya sé que no te gustó mucho, no te preocupes, además no es caro.” Si ella se hubiera detenido en el “no te preocupes” no habría problema, pero ahora, con el “además no es caro” lo acaba de hacer sentir como un indigente.

El problema es suyo no de ella. Muchas veces queremos pagar la cuenta porque podemos y porque no nos molesta, porque también nos gusta esa sensación de independencia que nos da entrar a un lugar para darnos un gusto. Su presencia es accesoria. No me malinterprete, no estoy diciendo que usted sobre, sólo que si usted no estuviera ahí también estaríamos dispuestas a hacer ese gasto para sentirnos mejor, más a cargo de nosotras mismas.

Si insiste en pagar absolutamente todo, cada una de las veces que sale con una mujer y ha llegado al extremo de decirle que le pase la plata de la cuenta, por debajo de la mesa, para que el dueño del negocio crea que usted es el miembro acaudalado de la relación, es machista. Esto no necesita vueltas o tonalidades. Un hombre que deposite su seguridad, su masculinidad  en la acción permanente de proveer en todas las circunstancias, sin considerar excepciones, está mostrando abiertamente su inseguridad machista.

Es domingo en la mañana y tiene pereza de afeitarse. Le pregunta a su pareja si tiene algún problema con que se deje la barba ese día también. En realidad no se ha pasado la máquina desde el viernes y el roce con la piel su cara se siente un poco áspera. Ella, con un aire entre descomplicado y comprensivo, le da permiso. Unas horas más tarde, le grita desde el baño que ya está lista para salir.

Al verla en la sala descubre que trae el pelo húmedo y recogido con una cola de caballo, usted hace un gesto de disgusto, tras el cual se desata una discusión.

Desde que recuerda a su alrededor ha habido figuras femeninas súper producidas: maquillaje coordinado con la ocasión, peinados hechos con esmero y prendas elegidas para mezclarse adecuadamente con los escenarios. En su cabeza no cabe la idea de que una mujer salga medio arreglada a cualquier sitio, así sea un simple asado con amigos en las afueras de la ciudad.

Si por situaciones como la anterior ha terminado relaciones o ha comenzado huelgas de silencio, en las que no quiere saber nada de su novia, amante o similar, no lo dude, se acerca de forma acelerada y peligrosa hacia el mundo de los machistas acérrimos.

La próxima semana cerraré esta serie describiendo a los machistas disfrazados de caballeros protectores y de caballeros inseguros.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Machistas disfrazados de caballeros - I

Usted se levanta en la mañana, prepara su desayuno en el microondas, lee las noticias en su smart phone, sintiéndose orgulloso de los avances tecnológicos de la época en la que vive, pero no entiende porqué algunas mujeres siguen viéndolo como un troglodita machista. Aquí hay algunas pistas.

Las mujeres llevamos muchos años intentando alcanzar una absurda igualdad - absurda porque somos seres distintos pero complementarios – sin embargo tanta protesta y pataleta nos ha servido para aprender a diferenciar las actitudes machistas de las caballerosas. Esta es una lista de las primeras:

Las viejas no saben manejar, así el pase diga que sí. Usted va muy juiciosito por su carril, de conductor o de pasajero, cuando aparece una mancha gris a su izquierda con toda la intención de quitarle su lugar, de inmediato piensa que ese carro sufre la desgracia de ser conducido por una mujer. Los tipos sí tienen el sentido de qué cabe en dónde, por eso no intentan embutir objetos en espacios reducidos. Luego comprueba que el chofer de ese vehículo es eso, un él con más pelo que usted. 

Si líneas de pensamiento parecidas a la anterior también lo acompañan cuando ve a una mujer operando maquinaria pesada o aparece una ingeniera de sistemas, para ayudarlo a resolver problemas con sus archivos electrónicos, es posible que machismo sea más serio de lo que cree.

Tiene una cita con una vieja y está muerto de ganas de verla. Cuando finalmente llega al sitio de encuentro usted se decepciona al notar que ella trae un pantalón ajustado, así le quede muy bien. En el fondo siente que el mejor detalle que puede tener una mujer al salir con un tipo por primera vez es usar falda, si es mini raya en la perfección. No tiene muy claro porqué pero ver a una vieja vestida con falda le parece natural, lo hace sonreír inconscientemente, más si la fulana es bonita. 

A pesar de que creció en un mundo en el que las mujeres parecen haber cubierto su desnudez desde siempre del mismo modo en que lo hacen los hombres, cree que es una verdadera lástima que no haya más de ellas dispuestas a aprender el arte de sentarse como auténticas damitas con sus piernas delicadamente cubiertas por telas ondulantes.

Si ha pensado en cambiarse de religión porque lo excita ver a las cristianas saliendo del templo en domingo, uniformadas de la cintura para abajo con flores y colores vivos, es culpable de machismo descarado.

Para seguir averiguando cómo son los machistas disfrazados de caballeros haga clic aquí.


viernes, 17 de septiembre de 2010

Reciclaje sexual

La intención de actualizar hoy está, el texto no, asunto que me avergüenza profundamente.

Busqué alguna solución y la única que encuentro a esta hora de la noche, con este nivel de agotamiento es reciclar.

En el 96' ya me interesaba abordar el sexo desde las letras, por eso decidí escribir algunos poemas eróticos, luego los publiqué. Este es uno de ellos:

Viejas Historias I

Sepan ustedes, lectores (lectoras también) fieles disculpar la falta de hoy. Este fin de semana me vuelvo a ir de retiro literario, con taller de crónica incluido. Espero volver la próxima semana con un texto totalmente nuevo.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Huída: Instinto masculino

Ella
Pero dime ¿por qué no quieres concretar?

Él
No sé, pero no quiero.

Ella
Tiene que haber una razón.

Él
Debe ser un instinto de género, eso, un instinto de género.

Ella
¿Entonces el instinto de género es correr? ¿huír?

Él
Sí.

Ella
(Suspiro) Bueno, no insisto.

Usted dice le encantaría que una vieja le cayera, pero la verdad es que la mayoría de tipos se orinan del susto cuando una nena se anima a hacerlo. A las mujeres que dan el primer paso se las pone en duda y se las compara con travestis,  porque dar el primer paso no es asunto femenino.

El asunto no es exclusivo de hombres o de mujeres, es compartido. Aunque existimos mujeres dispuestas a decirle a un tipo “me gustas” o “te quiero”, mirándolo a los ojos y sin rodeos, son muy pocos los que encuentran un comportamiento funcional después de escuchar esas palabras. Son todavía menos los capaces de generar una oportunidad que resulte exitosa.

Una situación así pone a prueba la naturaleza masculina, permitiendo hacer una breve clasificación según sus reacciones:

Koothrappali: Como el personaje de The Big Bang Theory sufre de mutismo después de que una mujer le declara la atracción que siente hacia el. Después de esto poco o nada se puede hacer. Quizás la conversación dure 10 minutos más mientras ella le hace preguntas del tipo ¿cómo estuvo tu día? o ¿qué haces en tus ratos libres?, a las que él contestará, si lo logra, “sí”, “claro”, asesinando cualquier esperanza de contacto sexual futuro.



Wolowitz: Continuando con los personajes de The Big Bang Theory está el asqueroso. Él se siente seguro de sí mismo y por eso comienza a decir lo primero que se le viene a la cabeza, sin cuestionarse cómo lo tomará la vieja que tiene al lado. El resultado predecible de este procedimiento es que el gusto que ella podía sentir hacia él se evapora rápidamente.

Leonard: Una variación de los dos anteriores es el lento pero esforzado. Este se tarda un rato en comprender el mensaje, así se lo escriban en el cielo con el humo de un avión. No entiende qué está pasando. Las veces que ha estado con una mujer, ha sido porque se ha ganado con puro músculo la oportunidad así que algo tan claro y sencillo lo confunde. A veces su pretendiente encuentra divertida su torpeza, otras la aburre y se va.
Sam Winchester: Él hace como que no pero en realidad sí. Finge ser tímido para que sea la vieja quien dé el primer paso, luego se hace el confundido y deja, pacientemente, que ella le aclare los puntos que no entiende. Para nosotras tiene una ventaja adicional, es discreto, todo un caballero. Su estrategia surte efecto y nos gusta. Los Sam Winchester tienen el músculo estratégico muy bien desarrollado.

Dean Winchester: Nuestro favorito. Sí, es el típico chico malo, pero en la maldad misma no está el encanto, está en la confianza. El Dean Winchester es un hombre en todo el sentido de la palabra, aunque no es caballero. A este le gusta hablar de sus conquistas, por eso con alguna frecuencia entrega más detalles de los que nos gustaría, suficientes para que nos reconozcan en su lista, pero por el modo en que nos hace sentir, se lo perdonamos con la misma frecuencia. Cuando estamos con él, cuando decidimos decirle “quiero contigo y quiero ya” sabemos que no se echará para atrás, estamos convencidas de que esa noche va a ser loca, inolvidable y sumamente divertida. De nuevo la clave del típico chico malo no está en su maldad, está en su confianza. En esta categoría también incluimos a los Charlie Harper y Hank Moody.



Saber qué hacer y qué no con una mujer que le dice “usted me gusta ¿qué hacemos al respecto?” no es un acertijo y tampoco es necesario saber de microbiología alienígena para responder la pregunta. Si llega a verse de nuevo, o por primera vez, en una situación como esta entienda que la vieja que tiene al lado no es ninguna culicagada y que intenta ahorrarle tiempo.

Cuando llegamos al punto en que le cantamos las verdades a un tipo lo último con lo que queremos es que nos salga es con cosas como “ya vengo”, “todo bien” o “qué bacano, nunca me habían dicho eso”, nosotras sí esperamos y esperamos más. Pintar escenarios con respuestas ideales es fácil, lo complicado es llevar esas imágenes a la realidad, sin embargo no está bien excusarse en la dificultad, por eso mis recomendaciones:

  1. Diga algo. No decir nada y huir es peor, pero piense lo que va a responder, tampoco se trata de que le diga de entrada todo lo que quiere hacer y deshacer con ella.
  2. Aproveche. Si se encuentra con una vieja así es muy probable que piense más como hombre que como mujer. Las que se atreven a comportarse de este modo suelen tener experiencia en hablar “como hombres” y le dirán sin rodeos qué esperan de usted, al tiempo que lo escuchan sin ofenderse porque “tú no me dices lo que ya sabes”.
  3. Quiérase. El tipo que se quiere y que cree en sí mismo sobresale. Si se siente inseguro y cree que ninguna vieja le va a caer, la probabilidad de que eso ocurra será menor y cuando pase usted estará tan hundido en el pánico que no podrá reaccionar adecuadamente. Todo lo que haga para sentirse bien con usted lo capitalizará la próxima vez que le caiga una vieja que le guste.
  4. Por último, disfrute. En sociedades latinas seguimos siendo pocas las mujeres que decidimos ir al frente para decir lo que sentimos y pensamos, exponiéndonos a los prejuicios que hay al respecto, así que nadie mejor que nosotras para comprender lo que usted sufre cada vez que decide ir al frente a ver si le paran bolas.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Videojuegos sexuales



Algunas personas creen que lo mejor del sexo es meterse en la cama con mucha gente para poder vivir experiencias intensas, conocer nuevos movimientos y probar distintos sabores, sin embargo ignoran un punto importante o se resisten a aprenderlo: el sexo es como los videojuegos. Así como aumenta el nivel de dificultad, a medida que avanza el reto de moda, aumenta la satisfacción cuando se logra superarla.

En las conversaciones masculinas, y cada vez con más frecuencia en las conversaciones femeninas, surge cada tanto el tema de la cantidad. ¿A cuántos hombres has besado?, ¿a cuántos hombres se lo has mamado?, ¿con cuántos hombres es tu fantasía favorita? Las preguntas se multiplican y hacen más difícil determinar si alguna vez las viejas fueron distintas a los hombres.

La liberación femenina ha servido para todo, hasta para convencer a las mujeres de que la cantidad es más importante que la calidad. Más de una vieja anda convencida de que entre más amantes tenga más liberada es, así privadamente esté tan insatisfecha como un ama de casa que sólo ha tenido un amante en su vida: esposo y padre de sus hijos.

Las mujeres nos tragamos demasiado rápido el discurso de que más compañeros sexuales son lo mismo que mejor sexo, cuando la verdad es que ni siquiera los hombres podían probar de tal afirmación. Más cierto es que el sexo mejora con las repeticiones y con la intimidad.

De todas las conversaciones que tuve con amigas y amigos ninguna terminó así “…entonces resultó que esa noche, ese sexo casual, fue el mejor de mi vida”. Sí, el sexo es rico, el sexo es bueno, pero lo que no es cierto es que el sexo improvisado y espontáneo con un extraño es de la misma calidad que ese construido junto a una persona que se quiere, que se conoce y que se desea a pesar de todas las faenas anteriores.

Para tener sexo animal, sexo inconsciente – pero no inseguro – y sexo pecaminoso es necesario el deseo. Para tener sexo maduro, sucio, esquizofrénico y satisfactorio hace falta estar en una relación que te permita ir subiendo el nivel, poco a poco, de forma consistente y conjunta. Tampoco me refiero aquí al sexo que cultiva el uno, pero el otro ignora.

Las parejas que tienen la fortuna de estar mucho tiempo juntas saben que la fornicada de la noche anterior no es tan buena como la primera. Las primeras veces, los primeros encuentros suelen ser torpes y se parecen más a un ensayo que a una función oficial. Los dos se empelotan, luego adivinan, tantean y miden qué tanto de hondo y de largo tiene el otro. En la tercera o cuarta follada comienzan a entender los gustos del otro, las cantidades de presión, fuerza, frecuencia y duración que logran ruidos dantescos en el otro, pero para llegar a ello se necesita paciencia.

Los defensores del sexo casual y sin compromisos quizás aleguen que lo mejor es encontrarse con alguien que esté bueno, pasarla bien y luego despedirse para continuar con el siguiente de la lista, pero serán esos mismos los que ignoren lo que pierden. Las relaciones estables les dan a los integrantes de la pareja la oportunidad de recorrer el Kamasutra completo, además de practicar sus posiciones hasta encontrar las favoritas y ganar destreza en su práctica.

Realmente creo que al sexo casual se lo ha mercadeado bien, entretanto al sexo comprometido, reiterado y desarrollado a lo largo del tiempo, se lo ha bastardeado. Los ignorantes creen que la mejor vida sexual la tiene quien más cuerpos acumula entre las piernas. Yo creo, y no estoy sola, que más experto es aquel capaz de comenzar el juego y terminarlo. Más valor gana ese que supera paulatinamente las barreras que pone en su sendero una relación sentimental, logrando así una conexión tan profunda como fuerte, haciendo de sus orgasmos algo más que una función biológica.

viernes, 27 de agosto de 2010

Mañosos - Parte 2

Los mañosos están en cada esquina de la ciudad, por lo que el reto no es encontrarlos sino describirlos, clasificarlos en cajones separados que los caractericen y diferencien de los que están alrededor. Las mujeres somos capaces de hacer esta tarea sin mayor esfuerzo, por eso esta serie continúa.


El gritón: Este hombre parece un nuevo famoso siempre a la espera de que le pidan un autógrafo. Su pasatiempo favorito es la caza de fanáticos tempranos. Se lo verá en sitios públicos medianamente concurridos hablando a grito herido, creyendo que así los demás tendrán el privilegio de escuchar la sabiduría que sale de su boca. En realidad tiene un problema serio de inseguridad, de ahí que necesite estar reafirmando todo lo que dice y piensa para ver si en una de esas se lo termina creyendo. Este hombre no sabe convencer con argumentos sino con decibeles. El gritón también se destaca por comportarse con una desagradable simpatía, usada para saludar a los dueños de los negocios y sitios que frecuenta, como si los conociera de toda la vida, obviando el hecho de que todos lo miran con cara “¿y este de dónde salió?”.

Lo-tengo-gigante: Usted escoja el escenario: un bus, un avión o una sala de espera. El lo-tengo-gigante adora sentarse en las sillas ocupando más espacio del que necesita. Se expande poniendo los brazos en el respaldo del asiento que está a su lado, abre las piernas como si tuviera un pene de 2 metros de largo y uno de grosor, dando la impresión de necesitar mucho espacio entre las rodillas para sentirse cómodo. Cuando alguien intenta sentarse a su lado, porque no le queda más remedio, invariablemente recibe un gesto de molestia de su parte, porque en ese momento nos convertimos en enemigos de su fantasía en la que está convencido de ser un macho alfa, una en la que el espacio es fundamental para sentirse completo y acogido.

Pataditas: Aún no entiendo cómo este tipo de hombre no vive en la ruina y evita la vida de vagabundo con éxito. Pataditas es el sujeto que trata todo como si fuera una piedra en el camino. Golpea la impresora cuando el papel se atasca, cachetea el televisor cuando se pone lluvioso y patea un rin cuando descubre una llanta pinchada. No importa cuántas uñas moradas de los pies ha padecido, los machucones en las manos son cotidianos y las cicatrices sus compañeras de toda la vida. A Pataditas nadie le enseñó que es mejor cuidar las cosas para que duren. Por cuenta propia aprendió que el mejor modo de ejercer presión, la forma de lograr que todo funcione es usando fuerza física. Cuando las mujeres conocemos un hombre así reímos al comienzo, quizás le encontremos un poco de cariño en medio de su torpeza, pero siempre tendremos la duda de si un día no querrá golpearnos a nosotras, cuando no nos entienda.

Temblores: Este hombre viene en todos los tamaños, colores y formas. Su elemento denominador es la agitación. Esté donde esté, aunque sea la situación más relajante, como después de haber tenido un orgasmo en su motel favorito, se lo reconoce porque siempre está agitando algo. Sus niveles de ansiedad y estrés son tan altos que hace años perdió la consciencia de lo que es la tranquilidad. Si llegara a padecer Parkinson, podría aceptarlo de un modo natural y tranquilo. Su constante movimiento oscilante marea, incomoda y aleja a las personas. A las mujeres nos gustan los hombres activos, responsables y dispuestos a resolver los problemas que van surgiendo, pero el extremo opuesto también nos ahuyenta. Un tipo que no sepa relajarse, que esté preparado constantemente para la pelea o la huída nos agota.

Cazador de piel: El cazador de piel puede ser identificado porque no sabe lo que es un rostro mientras habla con una mujer. Su objetivo permanente es la cacería de cualquier centímetro de piel descubierto entre el cuello y las rodillas. No importa si la mujer tiene una cara bellísima, si es experta en hablar con hombres, un tema a la vez, de forma sucesiva y lógica, todo eso es irrelevante para él. El cazador de piel siempre está hambriento de carne, por eso acecha constantemente mientras está despierto. El movimiento con el que genera más fastidio es la mirada plantada en los labios para disimular, sin éxito, que le presta atención a lo que dice la vieja que tiene al frente. Ella sabe bien que en realidad está vigilando sus movimientos para poder verle la tira del sostén que se asoma a la altura del hombro, porque esa es la señal de una teta a punto de ser liberada. Las mujeres no somos tontas, él sí, él cree que no nos damos cuenta y sigue así, preguntándose por qué tantas se alejan de su lado.

De momento no he descuartizado otros especímenes para seguir con la clasificación incompleta e imperfecta, pero en cuanto tenga un nuevo grupo de tipologías se las contaré.

viernes, 20 de agosto de 2010

Cunnilingus - Parte 3



El cunnilingus es una práctica sexual para personas maduras, porque quienes no son capaces de hablar de algo, difícilmente pueden hacer ese algo bien. 

El cunnilingus o sexo oral dado a una mujer suele ser algo que se pasa por alto, durante las conversaciones o en la faena misma, lo primero es molesto, lo segundo puede llegar a ser imperdonable. Mientras ustedes sienten que todo estuvo muy rico, pero que les robaron algo si no se lo mamaron, nosotras podemos sentir lo mismo, entendiendo que nosotras los difrutemos. Ya sabemos que hay mujeres asquientas, puritanas o complicadas que no saben de lo que se pierden y tampoco quieren averiguarlo. Continuemos con las que sí sabemos.

El sexo oral tiene un ingrediente verbal necesario para su éxito, así que si dos personas que compartirán o han compartido sus cuerpos a un nivel profundo no pueden hablar vestidos de lo que hacen desvestidos, tienen problemas. 

Es cierto que hay parejas de química increíble en la cama, adivinan lo que el otro quiere como si le leyeran la mente, pero también es verdad que hay maniobras difíciles de explicar a señas, este es el caso del cunnilingus. Una mujer que sepa qué quiere, cómo lo quiere y dónde lo quiere es capaz de dar indicaciones precisas y claras acerca del procedimiento a seguir, pero si esa misma vieja no es capaz de poner en palabras lo que necesita por vergüenza, inmadurez o lo que sea, está jodida y su pareja también.

Una mujer no puede pretender que su amante adivine lo que quiere sólo porque ella lo piensa. Usted no tiene la obligación de ser telépata por más que la vieja con la que anda quiera hacérselo creer. Las preferencias sexuales, en general, deben ser discutidas antes de descubrir los gustos que tiene el otro en cuanto a ropa interior. Es mejor que los colores se les suban a la cara estando vestidos, a que eso ocurra cuando están a punto de disfrutar la mejor parte pero descubren que el uno quiere duro y el otro quiere con la suavidad de una pluma, más cuando se trata de una práctica a la que muchos hombres se niegan y otras tantas mujeres catalogan como asquerosa.

La próxima vez que planee darle cunnilingus, a una mujer con la que no lo ha hecho en el pasado tómese su tiempo, tantee el terreno con la lengua, pero hablando, así evitará malos ratos y malos polvos.

viernes, 13 de agosto de 2010

Mañosos – Parte 1

Las mujeres usamos nuestra habilidad para prestarle atención a los detalles con propósitos oscuros. En más de una ocasión durante cada día, escogemos una víctima para descuartizarla con los ojos, con la lengua y, si es necesario, con las manos. No discriminamos al elegir a la presa, por eso somos capaces de clasificar a los hombres según mañas y costumbres reprobables.

Abajo encontrará una lista, naturalmente incompleta, de mañosos desagradables junto a sus descripciones.
El tacaño: Este espécimen mendiga plata para chicles, cigarrillos y dulces siempre en cantidades pequeñas, intentando pasar desapercibido. Dice pedir prestado cuando en realidad quiere decir “regálame algo” o “invítame así no tengas ganas ni plata suficiente”. Cuando se le pide que devuelva el favor se hace el desentendido, porque siempre “estoy en la imunda” y todos deberían compadecerlo. Es altamente probable que sea un niño mimado, a quien sus padres convencieron de que el mundo de allá afuera tiene por obligación cuidarlo y protegerlo. Cuando las mujeres descubrimos a un personaje así, huimos despavoridas porque no queremos ser la teta que lo mantenga.



Yo-soy-más-importante-que-tú: Aún en espacios cerrados y en la noche lleva puestas gafas oscuras, a veces se las quita, si siente que los presentes son merecedores del privilegio de verlo a los ojos, de lo contrario sigue con su papel de “soy piloto y por eso debo cuidar con exceso mi vista”. Se lo ve masticando chicle de forma permanente. Si además es bajito, mira a todos con cara de asco para sentirse menos ignorado. Camina sacando el pecho de forma exagerada y la ropa suele quedarle grande, no tiene sentido de las proporciones, así que se cree mucho más de lo que es. Si se encuentra con una mujer sumisa y manipulable toca el cielo. Cuando la escena es frente a una mujer independiente y segura de sí misma, la tilda de marimacha movido por el miedo.



El macho: Probablemente este es el más insufrible de todos debido a su creencia de que los varones, los más machos y valientes son aquellos que apestan a testosterona, los mismos que tienen la graciosa y original idea de escupir en la calle. Este espécimen aparece en distintos grupos sociales y su nivel educativo varia de sujeto a sujeto. Se pueden encontrar machos que nunca terminaron la primaria porque tuvieron que comenzar a trabajar siendo niños, pero también existen los que estudian maestrías. El macho es desinhibido por naturaleza, además al estar convencido de que sus modales poco corteses son muestras de virilidad no se siente avergonzado cuando camina por la calle junto a su cita de turno. Nosotras los sufrimos una vez, sólo una vez, luego corremos la noticia para que tenga problemas la próxima vez que quiera llevar a una mujer a su cama.


Mira-lo-que-estoy-comiendo: A este la mamá lo quiso poco cuando lo estaba criando, todo lo que hacía le parecía una monería, algo digno de dejar para la posteridad en video o fotografía, por eso le celebraba el primer bollito consistente que hizo, el primer vómito verde y la primera gripa de mocos amarillos. Habría que tenerle lástima o compasión pero sus escenas asquerosas entorno a la mesa sólo nos provocan repulsa. Este hombre no sólo nos muestra la primera fase de su digestión, sino que comparte con los comensales los sonidos de su proceso natural. Nosotras sabemos que a veces se esfuerza por comer con la boca cerrada, pero en cuanto se siente en confianza regresa a su faceta rumiante. La pareja perfecta de este hombre es una mujer con vocación de madre, dispuesta a corregir sus modales, pero escasean, así que sería mejor que él mismo se encargara de modificar su maña asquerosa.

Asuntos varios:
La próxima semana publicaré la 3ª parte de la serie de Cunnilingus y dentro de 2 semanas continuaré con el recuento de mañosos.

viernes, 6 de agosto de 2010

Cunnilingus - Parte 2

fragmentos de Valentina por sicoactiva



Una creencia muy extendida es que una faena sólo está completa si el tipo se lo mete a la vieja y se viene. Según esta el sexo oral es sólo una “relación impropia”, como la denominara Bill Clinton. La verdad es que el sexo oral, en este caso el cunnilingus, es una actividad tan completa como la penetración vaginal o anal.

El cunnilingus le abrió la puerta de la aceptación a las felaciones, más conocidas como mamadas, y en el proceso pasó a ser un protagonista del juego previo, al menos entre los amantes interesados en que su pareja la pasara tan rico como ellos. Si bien la popularización del sexo oral hizo que perdiera sus características asquerosas y enfermizas, lo encasilló en un lugar del que ha sido difícil sacarlo.

Para muchas personas sigue siendo una tarea más, una actividad de preparación para el acto principal, sin embargo el sexo oral tiene todo lo necesario para ser una faena completa y deliciosa.

El cunnilingus es una práctica ideal para variar la coreografía habitual con una pareja estable, si la vieja con la que está es desinhibida y goza experimentando sensaciones distintas, seguro mostrará disposición para hacer maromas que los divertirán a ambos.

El cunnilingus no es semi-sexo, así la pornografía muestre lo contrario 

La pornografía, a pesar de los cambios que ha tenido a través del tiempo, conserva algunos elementos más o menos permanentes, uno de ellos es la gran cantidad de escenas de mujeres chupándoselo a un tipo, mientras que la escena inversa suele ser breve y desabrida, como si fuera un reemplazo de las imágenes que no pudieron grabar porque al actor no se le puso duro tan rápido como era necesario.

No son pocas las personas que se dejan influenciar por lo que ven en una pantalla, los adolescentes por ejemplo, se toman tan en serio lo que ven que terminan creyendo con firmeza esa es la mejor forma de moverse en la cama y sí, puede que de vez en cuando jugar a imitar la película sea lo máximo, pero como todo, cuando se convierte en costumbre termina por aburrir una vez pierde la gracia y la novedad.

Hay otro hecho evidente pero que se olvida con frecuencia: La pornografía es un producto hecho pensando en hombres. Hasta donde sé entre las lesbianas no es un plan frecuente ver porno para calentarse antes de tirar. El género lésbico de la pornografía está diseñado para que a usted se le pare y no para que nuestros orgasmos sean más intensos, por eso las escenas se plantean teniendo en mente lo que le gustaría ver a un hombre y no lo que disfrutaría haciendo una lesbiana. No es casual que en la mayoría aparezca un dildo o un vibrador, para recordarle al espectador el espíritu penetrante y lo rico que sería estar ahí con ese par de hembras. Estoy prácticamente segura de que las relaciones sexuales entre mujeres se las arreglan maravillosamente bien con sus manos, pies, dedos y, sobretodo, bocas.

En general las mujeres agradecemos y deseamos que los hombres se dediquen a tratar zonas del cuerpo diferentes a las que les gustan a ustedes, por eso nos sorprende y nos anima que nos acaricien las piernas, los brazos o la espalda, para variar la atención que recibimos en las tetas y la vulva, sin embargo las lamidas y chupadas en esta última tienen alta probabilidad de quedar en la memoria. Si busca dejar un recuerdo agradable no tema preguntar o pedir instrucciones, muy seguramente será valorado por esforzarse y colaborar con el clímax de ella, en lugar de hacérselo más difícil por estar pensando en lo que vio en pornhub.com la semana pasada.

Si lo que le preocupa es ser buen amante su objetivo, en una buena faena no debería ser estar dentro de la vieja como sea y por donde sea, sino dejarla desmayada de placer, obviamente no lo logrará en todas las ocasiones, pero esas horas de práctica con el centro de atención movido hacia alcanzar un buen orgasmo en equipo, tarde o temprano darán resultados.