Verdades que las mujeres, por hipócritas, no les decimos a los hombres.

martes, 31 de enero de 2017

De fantasías musicales

Sólo para aprovechar esta lista sexy de canciones de Leonard Cohen, me gustaría estar cerca de ti ahora.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Masturbarse en sueños*

No adorno el título porque como la actividad en sí todos lo hemos experimentado. Podemos negarlo pero nadie puede asegurar con rotundidad que nunca ha soñado que se masturba, en parte porque la mayoría olvida sus sueños apenas abre los ojos en la mañana, pero ¿tiene algún significado una escena de este tipo?

Hace casi 7 años atravesé una crisis personal, profesional, emocional, etc. que hoy recuerdo con esperanza pero también con desagrado. Las huellas que dejó fueron profundas, al punto que hoy puedo reconocer elementos en común con las vivencias de ese entonces, de ahí que me haya volcado a la lectura del diario de esa época para tratar de entender todo mejor y acelerar el proceso de toma de consciencia, a ver si así evito repetir situaciones molestas. En uno de los cuadernos de esa época encontré este sueño:
“Yo era House, M.D., me masturbaba y quería estar sola. Tenía bastante control de mi vida, eso me gustó. En un punto del sueño veo a través de una ventana, dirijo la mirada hacia arriba y veo a dos parejas, en un piso una, en el siguiente otra. Se ven felices e irreales, son caleños, actores de novela.”
Luego busqué el significado de soñar con masturbarse en uno de los miles de diccionarios que hay en Internet. Encontré interpretaciones relacionadas con desolación y vulnerabilidad propia, que encajaban bien con el modo en que me sentía en ese entonces, cuando vivía en donde no quería y con quien no quería.

En este momento una amiga también está pasando por una crisis vital, como parece que le ocurre a medio planeta, y hablando del asunto llegamos al tema de la masturbación, pero para evitar que imagines escenas de sexo lésbico iré directo al punto: masturbarse en la vida despierta o en sueños cuando las circunstancias que te rodean son todo menos ideales está relacionado con tomar el control. La masturbación es, por definición, la capacidad de proporcionarse placer a sí mismo, sin la intervención de terceros, al menos no físicamente, porque para divertirnos todos necesitamos un estímulo inspirador. Mi amiga y yo concluimos que cuando te faltan muchas cosas, cuando no puedes darte lujos materiales porque la plata, te premias con sexo, ese placer que siempre está ahí, disponible y a tu alcance, incluso en ausencia de pareja.

En el momento en que escribí mi sueño me sentía así, vulnerable, desprotegida, desesperanzada y fueron justamente los sueños −no sólo los eróticos− junto a la escritura los que me ayudaron a salir del pozo en el que sentía me había hundido. Hoy, por fortuna, mi vida está mucho mejor que en la época en la que tuve ese sueño, así todavía haya muchos aspectos que sigo queriendo cambiar. Algunos los he resuelto en estos años y otros me siguen esquivando, pero sea como fuere hoy tengo más claro que antes que los mundos íntimos siempre están ahí para consolarnos (nunca mejor dicho), recordándonos que así busquemos magia afuera, las soluciones más duraderas vienen de nuestro interior, en forma de orgasmos o de viajes nocturnos.

*Desde hace años tengo un blog dedicado al mundo onírico pero teniendo en cuenta el carácter sexual de esta columna y que a veces parece que tengo abandonado este espacio preferí publicarlo aquí. 

sábado, 24 de septiembre de 2016

Qué ganas

Qué ganas de hacerte el amor, pero no sólo en el cuerpo, querido J.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Silencio repentino

De un momento a otro intentó pensar en él de modo voluntario, para recorrer los recuerdos recientes que todavía respiraban en su piel, y fue entonces cuando algo extraño ocurrió: no sintió nada.

El deseo pausado de volver a disfrutar su presencia se cayó. El ansia simplemente no existía. Su cuerpo no gritaba para tenerlo dentro otra vez. Las imágenes de lo vivido en días recientes no la provocaban.

Al día siguiente, después de soñar con él, disfrazado de un profesor aburrido y poco atractivo intentó una maniobra. Fantasearía con su figura para saber si podía encenderla de nuevo.

Se acomodó en la cama en posición fetal y empezó a pasear por su casa usando la imaginación. Volvió al salón, allí donde había comenzado todo. Se vio desde el comedor y también lo vio a él. Fue espía sin vergüenza de sus actos. Esta vez él estaba sentado en la silla del escritorio y la trataba de un modo dominante.

Cuando la tuvo desnuda delante de él empezó a acariciarla en los lugares menos obvios. Quería que sufriera, que le rogara, que se mojara antes de penetrarla, pero justo en ese instante algo extraño ocurrió. Quizás fuese por sus conflictos marcados con la autoridad o la imposibilidad aparente de doblegarse ante las órdenes ajenas. Sea como fuere dejó de ser ella y se metió en el cuerpo de él. Alguna vez se había preguntado cómo sería sentir como un hombre, pregunta que estaba a punto de responder.

La obligó a pesarle el miembro, a media erección. Sintió sus manos recorriendo la vena gruesa que lo unía al escroto, sintió la humedad, le dio instrucciones para que le succionara la punta, como las daría una mujer que conoce bien la náusea provocada por el amante desconsiderado. Ansió estar dentro de ella pero resistió la urgencia. El saber que demoraba el gozo ajeno le ayudaba a soportar la presión rayana en el dolor.

Ya duro le ordenó que abriera las piernas y que le diera la espalda. Lentamente recorrió sus piernas desde las rodillas y acarició los pequeños montes cercanos a las nalgas, próximos a los labios. Gozó con los escalofríos de ella, que también eran suyos. Ignoró sus súplicas y la observó, tiritando, se acomodó en la silla y la clavó en su cuerno poderoso. Sus gemidos mezclaban alivio y placer.

Agarrada de las piernas, fuertes y velludas, se meció, se revolcó y se agitó hasta que él retomó el control. Le apretó las caderas mientras dirigía el movimiento para saciarse, al tiempo que ella no se decidía entre apretarlo desde adentro para volverlo loco o rozarse el clítoris para entrar en éxtasis junto a él. Ella era él y era ella. Estaba adentro y estaba afuera. Penetraba y era penetrada.

El estallido final, ese que logró explorándose y frotándose con las dos manos del cuerpo físico, reveló lo que sospechaba: el silencio inicial que quiso desafiar era sólo una fase más, otro capítulo de una serie de preámbulos casi interminables y nunca planeados.

lunes, 4 de enero de 2016

Burneshas: Andróginas y vírgenes hasta la muerte

Tendrás todos los derechos y los privilegios que tiene un hombre en esta sociedad a cambio de una sola cosa: tu género.

Así podría resumirse el trato que aceptan las mujeres albanesas que aceptan convertirse en el patriarca de su familia.